Montoya, el hombre que puso a Colombia en el mapa del automovilismo mundial para siempre
Juan Pablo Montoya es sencillamente el deportista colombiano más importante de la historia del automovilismo y uno de los más grandes que ha producido Latinoamérica en cualquier disciplina de motor. Su palmarés habla por sí solo: ganador de las 500 Millas de Indianápolis en dos ocasiones, campeón de la CART en 1999, triunfador en Mónaco y Monza en la Fórmula 1 con Williams, siete victorias en la Fórmula 1, ganador de las 24 Horas de Daytona y las 12 Horas de Sebring, y subcampeón de NASCAR con Chip Ganassi Racing. Una trayectoria que abarca prácticamente todas las categorías importantes del automovilismo mundial y que lo convierte en el piloto más versátil y exitoso que ha dado Colombia en toda su historia.
Lo que hace a Montoya un ídolo que trasciende el deporte es la manera en que siempre llevó el nombre de Colombia con orgullo en los circuitos más prestigiosos del mundo, en una época donde los pilotos latinoamericanos debían trabajar el doble para ganarse el respeto de una industria dominada por europeos. Su estilo agresivo y sin miedo dentro del cockpit, su capacidad para competir de igual a igual con Schumacher, Häkkinen y los más grandes de su generación, y su personalidad directa y carismática lo convirtieron en un fenómeno que va mucho más allá de los resultados. Hoy, con su hijo Sebastián compitiendo en Fórmula 2 y con él mismo como embajador de la F1 e IndyCar en Colombia, el apellido Montoya sigue siendo el motor más poderoso del automovilismo colombiano.
