El próximo 20 de julio, con la instalación de un nuevo período legislativo del Congreso de la República, los nariñenses vuelven a depositar sus esperanzas en quienes tienen la responsabilidad de representar al departamento en el Senado y la Cámara de Representantes. En un momento en que Nariño enfrenta enormes desafíos sociales, económicos, de infraestructura y seguridad, la expectativa ciudadana es que la nueva bancada parlamentaria asuma un papel mucho más activo, unido y comprometido con los intereses de la región.

La representación nariñense estará integrada en el Senado por Liliana Benavides, Alberto Benavides Mora, Jesús Cuasapud y Eduardo Enríquez Caicedo; mientras que en la Cámara de Representantes ejercerán Alejandra Abasolo, Carlos Alberto Pantoja, Erick Velasco, Rosita Guevara y Cristian Palacios. Más allá de las diferencias ideológicas o de los partidos políticos a los que pertenecen, la ciudadanía espera que todos ellos entiendan que el verdadero compromiso es con Nariño y con los miles de habitantes que confiaron en su liderazgo.

El departamento no puede seguir siendo un territorio que solo aparece en la agenda nacional cuando se presentan bloqueos, emergencias, hechos de violencia o crisis humanitarias. Nariño necesita una representación fuerte que haga sentir su voz en los debates nacionales, que gestione recursos, impulse proyectos estratégicos y ejerza un control político efectivo sobre las decisiones del Gobierno Nacional que afectan directamente a esta región fronteriza.

Los problemas son ampliamente conocidos. La crítica situación de las vías, la necesidad de fortalecer la infraestructura hospitalaria, el impulso al sector agropecuario, la generación de empleo, el respaldo a los productores, la atención a las comunidades rurales, la lucha contra la inseguridad, el fortalecimiento de la educación superior y la ejecución de proyectos de desarrollo no pueden seguir esperando. Cada uno de estos temas requiere congresistas que intervengan de manera permanente en el Senado y la Cámara, defendiendo con argumentos y resultados los intereses de los nariñenses.

Precisamente por ello, existe la percepción generalizada de que la bancada que culmina su labor el próximo 20 de julio dejó una deuda importante con el departamento. Aunque hubo esfuerzos individuales, para muchos ciudadanos el balance resulta insuficiente frente a las enormes necesidades de la región. Faltó una mayor articulación entre los congresistas, una agenda común para defender las prioridades de Nariño y una presencia más visible en las grandes discusiones nacionales relacionadas con la inversión pública y el desarrollo regional.

Hoy la historia ofrece una nueva oportunidad. Los congresistas que inician este nuevo período tienen la posibilidad de cambiar esa percepción y demostrar que una bancada unida puede marcar la diferencia. El éxito de su gestión no se medirá por la cantidad de intervenciones en el recinto ni por la presencia en redes sociales, sino por los resultados concretos que logren para el departamento, por las obras gestionadas, los recursos obtenidos y las iniciativas legislativas que beneficien a los nariñenses.

La comunidad estará atenta a cada uno de sus pasos. El mandato ciudadano exige cercanía con la gente, capacidad de diálogo con las autoridades nacionales y regionales, y, sobre todo, voluntad para trabajar de manera conjunta, dejando de lado intereses particulares cuando se trate del bienestar colectivo.

Nariño necesita una bancada que actúe como un verdadero bloque regional, capaz de hacer escuchar su voz con firmeza en el Congreso de la República. Que sea el puente entre las necesidades de las comunidades y las decisiones que se toman en Bogotá. Que no permita que el departamento continúe relegado frente a otras regiones del país.

El 20 de julio no solo comienza un nuevo período legislativo. También inicia una nueva oportunidad para reivindicar el papel de la representación parlamentaria de Nariño. Los ciudadanos esperan hechos y no discursos; resultados y no promesas. El compromiso está planteado. Ahora les corresponde a los nuevos senadores y representantes demostrar que estarán a la altura de la confianza depositada en ellos y que trabajarán para que, al final de su mandato, la historia no vuelva a decir que Nariño quedó, una vez más, esperando las respuestas que nunca llegaron.