El Timão atraviesa una temporada de altibajos que no convence pero que tampoco genera alarmas de crisis profunda
Corinthians llega a la recta final del Brasileirao 2026 en una posición que refleja perfectamente la inconsistencia que ha marcado toda su temporada: séptimo en la tabla con un registro de siete victorias, ocho empates y seis derrotas que lo mantiene lejos de la zona de descenso pero también alejado de los puestos de clasificación a la Libertadores que una institución de su tamaño histórico debería ocupar con regularidad. Fernando Diniz llegó al club con la promesa de un fútbol vistoso y ofensivo que en algunos partidos ha aparecido con la calidad que Memphis Depay, Rodrigo Garro y Yuri Alberto pueden generar juntos, pero la irregularidad defensiva y la incapacidad para mantener el nivel durante 90 minutos completos han impedido que el Timão construya las rachas de victorias consecutivas que necesita para escalar posiciones en la tabla.
Lo que genera más preocupación en la directiva del club es la falta de consistencia en los resultados que impide proyectar con certeza hacia dónde va este Corinthians. La Copa de Brasil es la competencia donde el equipo tiene sus mayores esperanzas de título este año y el partido del domingo ante Internacional en el Beira-Rio será una prueba determinante para saber si el Timão tiene los argumentos para ir lejos en ese torneo. Si Corinthians supera a Internacional y sigue avanzando en la Copa mientras mejora su rendimiento en el Brasileirao en la segunda mitad del torneo, la temporada podría terminar siendo recordada como aceptable. Pero si la irregularidad continúa y el equipo queda eliminado de la Copa también, Fernando Diniz enfrentará cuestionamientos serios sobre su proyecto en uno de los clubes más grandes y más exigentes del fútbol brasileño.
