Boca Juniors de Cali lucha por mantenerse en primera división mientras el descenso acecha desde hace años

Boca Juniors de Cali vive una situación que se ha vuelto crónica en los últimos años dentro del fútbol colombiano: un equipo que terminó en el puesto décimo de la Categoría Primera B en 2025 y que en la tabla de reclasificación acumulada de la Liga BetPlay aparece en una posición comprometida que lo mantiene mirando hacia abajo en cada semestre. El club caleño regresó al fútbol profesional colombiano en 2019 después de décadas de ausencia y desde entonces ha tenido que pelear partido a partido para mantenerse en la categoría con uno de los presupuestos más modestos del torneo y una plantilla que en su mayoría está compuesta por jugadores jóvenes sin experiencia en la élite del fútbol colombiano. La situación financiera del club tampoco es la más cómoda y eso limita las posibilidades de reforzarse con jugadores de mayor jerarquía.

Lo que hace admirable la historia reciente de Boca Juniors de Cali es precisamente su capacidad para sobrevivir en un entorno tan exigente con tan pocos recursos. El estadio Olímpico Pascual Guerrero no es su casa permanente y el club opera con una estructura institucional pequeña comparada con los grandes del fútbol colombiano, pero tiene una identidad histórica que se remonta a 1937 y una afición que sigue al equipo con pasión pese a los resultados irregulares. Esta tarde ante Tigres el partido tiene un peso enorme en ese contexto: cada punto en la Liga BetPlay es un ladrillo más en la muralla que separa a Boca Juniors de Cali del descenso definitivo que podría poner en riesgo un proyecto institucional que costó décadas reconstruir.