El Valle del Cauca atraviesa una emergencia sin precedentes tras el terremoto de magnitud 7,4 que tuvo como epicentro el Chocó. Francisco Javier Tenorio Lara, en calidad de vocero institucional y secretario de prevención de desastres del valle, confirmó que hasta el momento se han registrado 27 personas fallecidas en el departamento, sin contar a Cali, donde también se reportan daños graves. Entre las víctimas se encuentran cuatro niños, tres en Calima El Darién y uno en Yumbo, además de una menor que permanece en estado crítico.
La magnitud del desastre se refleja en la destrucción de viviendas, edificios y hospitales. En El Cairo, el 80 % de las estructuras quedaron destrozadas, mientras que en El Águila se desplomó el hospital. En Zarzal, el centro asistencial colapsó y en Cartago fue necesario evacuar pacientes por daños en la infraestructura. En Cali, el alcalde Alejandro Eder informó que 26 edificaciones se derrumbaron y que en el Hospital Universitario se produjo el colapso de un ala, dejando a cinco pacientes de cuidados intensivos atrapados bajo los escombros. El Ejército y los bomberos trabajan en su rescate.
En Buenaventura, el muelle de Juanchaco y dos puentes se desplomaron, afectando gravemente la movilidad y la economía local. La Alcaldía de Cali solicitó apoyo a cuerpos de socorro de Bogotá y Medellín para reforzar las labores de búsqueda y rescate, que se desarrollan en condiciones de alta complejidad. La coordinación entre organismos de socorro, autoridades locales y nacionales ha sido fundamental para atender la emergencia, aunque la magnitud de los daños exige un esfuerzo sostenido.
Francisco Javier Tenorio Lara subrayó que la prioridad es salvar vidas y atender a los heridos, al tiempo que se avanza en la evaluación de daños para definir medidas de reconstrucción. El panorama es desolador: municipios enteros presentan afectaciones severas y la infraestructura hospitalaria se encuentra en crisis. La tragedia ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la región frente a fenómenos naturales de gran magnitud y la necesidad de fortalecer los sistemas de prevención y respuesta.
El fallecimiento de 27 personas, incluidos cuatro menores, constituye un golpe devastador para las familias y para el departamento. La emergencia deja una huella imborrable y plantea el reto de reconstruir no solo las estructuras físicas, sino también la confianza y la seguridad de las comunidades. La memoria de las víctimas se convierte en símbolo del dolor colectivo y en llamado urgente a la solidaridad y al compromiso institucional para superar esta crisis.
