La posible declaratoria de un área protegida de carácter nacional abre una discusión sobre el futuro de este ecosistema y el uso del territorio en 19 municipios de la región.
El futuro del Bosque Seco está entrando en una etapa de decisiones. En Nariño avanza el proceso para estudiar la posible declaratoria de un Área Protegida del orden nacional, una figura que busca establecer medidas de conservación para uno de los ecosistemas más amenazados y de mayor importancia ecológica de la región.
La discusión no se limita a definir los límites de un área en un mapa. También implica determinar qué actividades podrán desarrollarse en el territorio, cómo se manejará el suelo y cuáles serán los criterios para compatibilizar la conservación de la biodiversidad con las necesidades de las comunidades que habitan estos municipios.
En este proceso, Corponariño viene participando en los espacios de diálogo territorial en los que se revisan diferentes aspectos técnicos y ambientales relacionados con la propuesta.
Uno de los temas centrales es precisamente definir las categorías de manejo que podrían aplicarse, así como revisar el uso actual del suelo y los determinantes ambientales que deberán tenerse en cuenta en la planificación de los territorios.
También hace parte de la discusión la Ley 2.ª de 1959, una norma fundamental en materia de reservas forestales y protección de los recursos naturales en Colombia. Su aplicación y las condiciones particulares de cada territorio deben ser consideradas dentro del proceso de planificación.
Una decisión que no se puede tomar desde un escritorio
De los 19 municipios convocados, representantes de siete participaron en esta etapa de revisión conjunta. El dato muestra uno de los principales desafíos del proceso: lograr que las administraciones municipales y las comunidades conozcan, discutan y participen en las decisiones que pueden modificar la manera en que se gestiona el territorio.
La conservación del Bosque Seco tiene una importancia que va más allá de proteger árboles. Este ecosistema alberga especies de flora y fauna adaptadas a condiciones de alta estacionalidad y cumple funciones ambientales relacionadas con la regulación del agua, la conservación del suelo y el mantenimiento de la biodiversidad.
Pero también es un territorio habitado y utilizado por comunidades. Por eso, cualquier eventual declaratoria deberá considerar las realidades sociales y económicas de quienes viven allí.
El reto consiste precisamente en encontrar un equilibrio: proteger un ecosistema vulnerable sin desconocer las dinámicas de los territorios y de las poblaciones que dependen de ellos.
El proceso continúa con la revisión de los diferentes componentes técnicos y territoriales. La participación de los municipios será determinante para que la discusión sobre el futuro del Bosque Seco no se quede únicamente en documentos y reuniones institucionales, sino que incorpore las voces de quienes conocen y habitan estos ecosistemas.
En medio de una creciente presión sobre los recursos naturales, definir cómo se protegerá el Bosque Seco significa también decidir qué tipo de territorio quiere conservar Nariño para las próximas generaciones.
