El aplazamiento de los partidos organizados por la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, aparece para Deportivo Pasto en un momento que difícilmente podría ser más oportuno. El equipo necesita detenerse, respirar y, sobre todo, analizar con cabeza fría las razones que explican un comienzo de Liga II-2026 que ha generado preocupación entre sus seguidores.
Cuatro derrotas consecutivas dejaron al conjunto nariñense en la parte baja de la tabla y con una evidente falta de respuestas futbolísticas. Más allá de los resultados, el problema está en las sensaciones que ha transmitido el equipo: poca contundencia, dificultades para generar juego y una fragilidad que contrasta con lo mostrado durante buena parte del primer semestre.
La crisis de resultados es tan profunda que el Pasto ya acumula tres meses y 29 días sin ganar en la Liga, registrando su última alegría el lejano 17 de abril de 2026, cuando venció 3-2 a Jaguares en la fecha 17 de la Liga I de 2026.
Desde entonces, perdió con Santa Fe 2-1, perdió con Junior 4-3, perdió con Tolima 1-0 en la ida de los cuartos de final de Liga y volvió a caer ante el cuadro Pijao por 2-0 en la vuelta, cerrando con cuatro derrotas el primer semestre del año 2026. Y la mala racha sigue.
Este bache futbolístico ha condenado al club a firmar el peor arranque de su historia tras enlazar cuatro derrotas en las primeras cuatro fechas del campeonato actual, ubicándose en el puesto 19 de 20 con 0 puntos de 12 posibles, 3 goles a favor y 9 en contra.
Para empeorar el escenario, desde lo institucional el director técnico Jonathan Risueño aún debe cumplir siete fechas de suspensión, lo que priva al equipo de su liderazgo en el banquillo durante este momento de máxima urgencia.
Incluso sobre el mismo Risueño ha trascendido información extraoficial que apunta a que luego de ser apartado del cargo para evaluar su continuidad, se habría dado por sentado que seguirá en el club, debido a que, si Deportivo Pasto decidiera terminar el vínculo contractual con el técnico español, debería pagar una alta cláusula de recisión.
Oscuro panorama
Pero reducir toda la crisis a la figura del entrenador sería desconocer otros factores que también han incidido en el deterioro deportivo. El principal problema aparece en la conformación de la plantilla para el segundo semestre.
Como ha ocurrido en diferentes temporadas, Deportivo Pasto perdió jugadores importantes. Andrey Estupiñán, Johan Caicedo y Edwin Velasco dejaron la institución, mientras las incorporaciones no parecen haber conseguido, hasta ahora, llenar el vacío dejado por futbolistas que tenían peso dentro de la estructura del equipo.
Estupiñán, especialmente, representaba una pieza fundamental en el ataque y su salida obligaba a encontrar una alternativa capaz de asumir responsabilidades ofensivas. Cuando una plantilla pierde referentes y sus reemplazos no responden de inmediato, el funcionamiento colectivo inevitablemente puede verse afectado.
A esta situación se suma otro elemento que merece análisis: la salida de integrantes importantes de la estructura deportiva. El asistente técnico Rafael Sastre Serrano y el director deportivo Marc Reixats Ferré abandonaron el proyecto, generando modificaciones en un cuerpo de trabajo que había conseguido cierta estabilidad durante el primer semestre.
Las directivas decidieron entonces incorporar a Wilson Morelo y René Rosero para acompañar a Risueño en lo que resta de temporada.
Expectativa
Deportivo Pasto tiene ahora varios días para corregir el rumbo. No se trata únicamente de decidir si Jonathan Risueño continúa o no. La discusión debe abarcar la planificación deportiva, las salidas de jugadores, los refuerzos, la estructura técnica y la capacidad institucional para responder ante una crisis.
Cambiar de entrenador puede ser una salida rápida, pero no necesariamente la solución definitiva. Si los problemas estructurales permanecen, cualquier nuevo técnico podría encontrarse con las mismas dificultades.
