En momentos en que el presidente Donald Trump busca una salida al conflicto armado de casi seis meses alternando entre ofertas de negociación y advertencias bélicas, las facciones más duras del régimen iraní han tomado el control de la agenda de seguridad. Ante el vencimiento del Memorando de Entendimiento y la pugna permanente por el estrecho de Ormuz, Teherán rediseña su doctrina militar para pasar de la resistencia defensiva a la ejecución de operaciones ofensivas directas.
Reorganización de la cúpula de seguridad
La reestructuración del mando estratégico, promovida mediante decretos emitidos a nombre del líder supremo Mojtaba Jamenei, consolida el peso de la Guardia Revolucionaria (CGRI) en las decisiones de Estado:
- Ahmad Vahidi (Jefe de la Guardia Revolucionaria): Asume el encargo directo de ejecutar una revisión agresiva de las capacidades militares y preparar el terreno para «operaciones ofensivas contundentes».
- Mohsen Rezaie (Consejo Supremo de Seguridad Nacional): Defiende la tesis de que la única vía para forzar concesiones de Washington es mantener una presión militar ininterrumpida.
- Mohammad Mokhber (Asesor del liderazgo supremo): Señaló que este cambio doctrinal busca alterar de forma radical el equilibrio de poder global si Washington no cede a sus exigencias.
Nuevas tácticas y guerra asimétrica
Los mandos militares iraníes señalan que el objetivo actual es trasladar las acciones bélicas al territorio adversario y a las bases estadounidenses en Medio Oriente, apoyados en innovaciones tecnológicas y presión económica:
- Evolución armamentística: Despliegue de una nueva generación de misiles balísticos maniobrables con ojivas de racimo y un uso intensivo de drones de ataque.
- Presión en el Golfo: Ataques dirigidos a buques petroleros internacionales para desestabilizar los precios del crudo y advertencias abiertas sobre eventuales sabotajes a cables de comunicación submarinos.
- Activación de aliados regionales: Escalada de incursiones de los milicianos hutíes en Yemen y grupos aliados en Irak contra la infraestructura energética de Arabia Saudita, en paralelo a gestiones diplomáticas discreetas del comandante de la Fuerza Quds, Esmail Qaani, en Bagdad.
Evaluación de los analistas
Especialistas de centros de estudio internacionales coinciden en que el régimen de Teherán busca transformar su capacidad de supervivencia ante los bombardeos en un dividendo político permanente:
«Teherán cree que tiene ventaja militar y está discutiendo abiertamente la posibilidad de pasar a la ofensiva (…). De este modo, Irán no solo habrá arrebatado a Estados Unidos el control del alcance y la geografía de la guerra, sino también su cronología», señala Trita Parsi, del Instituto Quincy.
Analistas del Instituto Clingendael y del Royal United Services Institute (RUSI) concluyen que la dirigencia iraní evalúa que los costos de escalar las acciones militares resultan menores que el desgaste paulatino derivado del bloqueo naval y las sanciones económicas impulsadas por la administración estadounidense.
