Jordania y Arabia Saudita dieron un paso relevante en la cooperación internacional sobre recursos hídricos al establecer un acuerdo para la gestión y utilización de las aguas subterráneas del sistema compartido de Al-Sag/Al-Disi, conocido en Jordania como acuífero de Disi y en Arabia Saudita como Saq. El pacto, firmado el 30 de abril de 2015, busca evitar que la extracción descontrolada de agua termine acelerando el agotamiento de una de las reservas subterráneas más importantes de la región.

Aunque el acuerdo no corresponde a una firma reciente, su importancia ha vuelto a cobrar fuerza ante las crecientes presiones sobre los recursos hídricos de Oriente Medio. Investigaciones publicadas en 2026 advierten que el sistema Saq-Disi continúa enfrentando importantes desafíos de sostenibilidad debido a décadas de extracción intensiva, especialmente para actividades agrícolas.

El entendimiento entre ambos países es considerado uno de los ejemplos más relevantes de cooperación internacional para la gestión de un acuífero transfronterizo no renovable. Su objetivo central es reducir los riesgos de una competencia sin límites por un recurso que, una vez agotado, necesitaría miles de años para recuperarse.

Un gigantesco reservorio de agua bajo el desierto

El acuífero de Disi forma parte del sistema Saq-Ram, una extensa formación subterránea que se encuentra bajo territorios de Jordania y Arabia Saudita. En el lado jordano recibe principalmente el nombre de Disi, mientras que en territorio saudí es conocido como Al-Sag o Saq.

Se trata de un acuífero fósil, es decir, una reserva de agua acumulada durante miles de años bajo condiciones climáticas muy diferentes a las actuales. A diferencia de otros sistemas subterráneos que reciben una recarga constante mediante lluvias o filtraciones superficiales, el volumen de agua extraído de este sistema se recupera de manera extremadamente lenta.

Esta característica convierte al acuífero en un recurso estratégico, pero también vulnerable. Cada extracción reduce una reserva limitada cuya disponibilidad es fundamental para zonas que se encuentran entre las regiones con mayor estrés hídrico del planeta.

Durante décadas, tanto Jordania como Arabia Saudita han aprovechado estas aguas para distintos fines. En Arabia Saudita, una parte considerable de las extracciones estuvo relacionada históricamente con el desarrollo de grandes proyectos agrícolas. Jordania, por su parte, utilizó inicialmente el agua de Disi para actividades locales y agrícolas antes de impulsar un proyecto de gran escala para transportar agua hacia las zonas más pobladas del país.

El agua de Disi y su importancia para Jordania

La creciente escasez de agua llevó a Jordania a convertir el acuífero de Disi en una de las piezas centrales de su estrategia de abastecimiento.

El Proyecto de Transporte de Agua de Disi permitió llevar agua desde el sur del país hacia Amán y otras zonas urbanas mediante una extensa infraestructura de pozos, estaciones de bombeo y tuberías. El sistema comenzó a suministrar agua a la capital jordana en 2013 y se convirtió en una fuente relevante para reforzar el abastecimiento de una población que enfrenta una disponibilidad de agua extremadamente limitada.

La importancia de Disi para Jordania no puede entenderse únicamente desde el punto de vista técnico. El país comparte una parte importante de sus recursos hídricos con Estados vecinos y debe gestionar el aumento de la demanda provocado por el crecimiento demográfico, el desarrollo económico y las condiciones climáticas de una de las zonas más áridas del mundo.

Por esta razón, la explotación del acuífero planteó desde el principio una cuestión que iba más allá de las fronteras nacionales: ¿cómo utilizar una reserva subterránea compartida sin que la extracción de un país afecte de manera irreversible al otro?

El acuerdo de 2015: una zona de protección bajo tierra

La respuesta llegó con el acuerdo firmado entre Jordania y Arabia Saudita el 30 de abril de 2015.

Uno de los elementos más importantes del pacto fue la creación de una zona de amortiguamiento de 10 kilómetros a cada lado de la frontera entre ambos países. Dentro de esta área se restringe la perforación de nuevos pozos destinados a la producción de agua.

La lógica detrás de esta medida es relativamente sencilla: si los centros de bombeo de ambos países se encuentran demasiado cerca, la extracción realizada en un lado de la frontera puede aumentar el impacto sobre los niveles de agua y los costos de bombeo del otro.

Al establecer una distancia mínima entre las zonas de extracción, los dos países buscan reducir esa interferencia y evitar una competencia directa por el mismo recurso subterráneo.

El acuerdo también contempla estándares técnicos para determinadas actividades de extracción fuera de la zona protegida, así como medidas orientadas a prevenir la contaminación del acuífero.

Una comisión técnica para vigilar el cumplimiento

El pacto no se limita a establecer restricciones geográficas. También contempla la creación de una Comisión Técnica Conjunta entre Jordania y Arabia Saudita.

Este organismo tiene un papel fundamental en el seguimiento del acuerdo, la coordinación técnica y la gestión de los asuntos relacionados con el acuífero compartido.

La cooperación entre ambos países resulta especialmente importante porque el comportamiento de un acuífero no se detiene en una frontera política. Una reducción significativa del nivel del agua, la concentración de las extracciones en determinadas áreas o una posible contaminación pueden tener efectos que atraviesen el territorio de ambos Estados.

Por ello, la recopilación de información, el intercambio de datos y el monitoreo conjunto son elementos esenciales para conocer el estado real de la reserva y tomar decisiones antes de que los daños sean irreversibles.

El riesgo de una “tragedia de los comunes”

El problema que enfrenta el sistema Saq-Disi puede explicarse mediante un concepto conocido como la “tragedia de los comunes”.

Cuando varios actores comparten un recurso limitado, cada uno puede tener incentivos para extraer la mayor cantidad posible antes de que otro lo haga. Sin coordinación, el resultado puede ser perjudicial para todos: el recurso termina deteriorándose o agotándose a una velocidad mayor.

En el caso de un acuífero transfronterizo, este riesgo es especialmente complejo porque las decisiones de extracción se toman desde distintos países, bajo necesidades económicas y sociales diferentes.

Una investigación académica sobre el acuerdo de Disi concluyó que la estrategia basada en mantener distancia entre los centros de bombeo podría reducir significativamente el riesgo de una explotación competitiva y ayudar a evitar una dinámica de agotamiento acelerado durante varias décadas.

Sin embargo, esto no significa que el problema esté completamente resuelto. La sostenibilidad de un acuífero fósil depende, en última instancia, de cuánto se extrae y durante cuánto tiempo.

La agricultura, uno de los principales desafíos

El uso agrícola ha sido históricamente uno de los factores más importantes de presión sobre el sistema Saq-Disi.

Investigaciones recientes señalan que la mayor parte del agua utilizada en el sistema compartido ha estado relacionada con actividades agrícolas. Esto representa un desafío considerable en una región caracterizada por altas temperaturas, baja disponibilidad de agua superficial y una elevada demanda para la producción de alimentos.

El problema no es únicamente la cantidad de agua extraída. También influye la eficiencia con la que se utiliza y el tipo de cultivos desarrollados en zonas áridas.

La extracción intensiva para agricultura puede provocar descensos progresivos en los niveles del acuífero, lo que obliga a perforar más profundamente o a utilizar más energía para bombear el agua.

Con el paso del tiempo, esta situación puede aumentar los costos económicos y reducir la viabilidad de determinadas actividades, además de poner en riesgo el suministro destinado al consumo humano.

Un acuerdo importante, pero no una solución definitiva

El Tratado de Aguas Subterráneas entre Jordania y Arabia Saudita representa un avance significativo en la cooperación sobre recursos hídricos compartidos, especialmente porque los acuerdos específicos sobre acuíferos transfronterizos siguen siendo menos frecuentes que los tratados relacionados con ríos y otras aguas superficiales.

Sin embargo, el acuerdo por sí solo no garantiza que el agua permanezca disponible indefinidamente.

El sistema Saq-Disi es una reserva limitada y la extracción acumulada durante décadas continúa siendo uno de sus principales desafíos. Estudios publicados en 2026 han vuelto a poner el foco sobre la presión que enfrenta el acuífero y la necesidad de fortalecer las políticas de sostenibilidad.

La protección de las zonas de exclusión, el funcionamiento efectivo de la comisión técnica, el intercambio de información y la reducción de extracciones no sostenibles son elementos que determinarán la eficacia real de la cooperación.

La seguridad hídrica, un desafío cada vez más urgente

La importancia del acuerdo también debe analizarse dentro del contexto más amplio de la crisis hídrica que enfrenta Oriente Medio.

El crecimiento de la población, la expansión urbana, el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales están aumentando la competencia por el agua en numerosos países de la región.

Para Jordania, uno de los países con mayor escasez de agua del mundo, la gestión de sus fuentes disponibles se ha convertido en una cuestión estratégica de seguridad nacional. Arabia Saudita también ha tenido que revisar durante las últimas décadas el uso de sus reservas subterráneas y el elevado consumo de agua asociado a determinadas actividades agrícolas.

En este escenario, el acuífero de Disi representa tanto una oportunidad como una advertencia.

Por un lado, ha permitido reforzar el abastecimiento de millones de personas y sostener actividades económicas en una región árida. Por otro, demuestra los límites de depender de reservas fósiles cuya reposición no puede seguir el ritmo de la extracción moderna.

Un modelo de cooperación para otros acuíferos compartidos

El caso de Jordania y Arabia Saudita ha despertado interés internacional porque demuestra que dos países pueden establecer reglas específicas para reducir los riesgos asociados a la explotación de un acuífero compartido.

La creación de zonas de exclusión y una comisión técnica conjunta ofrece un modelo basado en la prevención de conflictos y en la cooperación antes de que la competencia por el agua alcance un punto crítico.

Este enfoque podría resultar útil para otros países que comparten reservas subterráneas, especialmente en regiones donde el agua superficial es escasa o se encuentra sometida a tensiones políticas.

No obstante, la experiencia de Disi también deja una lección clara: gestionar un recurso de forma sostenible no consiste únicamente en repartirlo, sino en reconocer que existen límites físicos que ningún acuerdo puede eliminar.

El futuro del acuífero dependerá de las decisiones actuales

Más de una década después de la firma del acuerdo, la cooperación entre Jordania y Arabia Saudita continúa siendo relevante para el futuro de una de las reservas subterráneas más estratégicas de la región.

El desafío consiste ahora en mantener y reforzar los mecanismos de monitoreo, controlar la expansión de actividades que demanden grandes volúmenes de agua y priorizar el uso eficiente de un recurso que no puede considerarse inagotable.

El acuerdo sobre el acuífero de Disi muestra que la cooperación internacional puede reducir los riesgos de conflicto y ayudar a gestionar recursos compartidos de manera más racional. Sin embargo, también confirma que la verdadera sostenibilidad dependerá de la capacidad de ambos países para limitar la sobreexplotación.

Bajo el desierto que comparten Jordania y Arabia Saudita existe una reserva formada durante miles de años. Su futuro, sin embargo, dependerá de decisiones tomadas en el presente: cuánto extraer, para qué utilizar el agua y hasta qué punto ambos países están dispuestos a proteger un recurso que, una vez agotado, no podrá recuperarse en una escala de tiempo humana.