Rusia ha reforzado durante las últimas semanas su actividad militar en el Pacífico Norte mediante ejercicios navales, operaciones antisubmarinas y demostraciones de capacidad con misiles en zonas consideradas estratégicas para la seguridad del país. El incremento de estas actividades ocurre en un contexto de deterioro de las relaciones con Japón, una mayor cooperación militar con China y una creciente competencia por el control y la presencia en las rutas marítimas del Asia-Pacífico y el Ártico.

Las operaciones más recientes de la Flota del Pacífico rusa se han concentrado en el mar de Japón y en las proximidades del archipiélago de las Kuriles, una región cuya soberanía continúa siendo objeto de disputa entre Moscú y Tokio. La actividad naval también se conecta con una estrategia más amplia de Rusia para mantener presencia en áreas que considera fundamentales para su seguridad marítima y para la protección de sus rutas hacia el Pacífico Norte.

Maniobras antisubmarinas en el mar de Japón

Uno de los episodios más recientes se produjo el 21 de agosto, cuando la Flota del Pacífico rusa inició ejercicios de guerra antisubmarina en el mar de Japón. En las maniobras participaron, entre otros buques, la fragata Marshal Shaposhnikov y el destructor Admiral Tributs.

Según la información difundida sobre los ejercicios, las tripulaciones realizaron operaciones de búsqueda, detección y destrucción simulada de un submarino enemigo. Para ello se emplearon procedimientos de maniobra, entrenamiento con torpedos y sistemas antisubmarinos, incluido el sistema RBU-6000.

El supuesto adversario fue representado por un submarino perteneciente a la propia Flota del Pacífico, una práctica habitual en este tipo de ejercicios militares. Sin embargo, el momento político en el que se desarrollaron las maniobras les otorga una relevancia mayor: ocurrieron poco después de un nuevo aumento de la tensión entre Rusia y Japón por la situación de las islas Kuriles.

Las Kuriles, un punto permanente de fricción con Japón

El archipiélago de las Kuriles constituye uno de los principales focos de tensión entre Moscú y Tokio desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Japón reclama la soberanía de cuatro islas del extremo sur del archipiélago, mientras que Rusia mantiene el control efectivo sobre ellas.

La disputa territorial ha tenido consecuencias diplomáticas de largo alcance. De hecho, ambos países nunca han logrado cerrar formalmente un tratado de paz definitivo relacionado con el conflicto de la Segunda Guerra Mundial debido, entre otros factores, a esta controversia territorial.

En agosto, la tensión volvió a aumentar después de que Rusia realizara pruebas con misiles en la zona. De acuerdo con la información publicada, los ejercicios incluyeron lanzamientos desde el crucero de misiles Varyag, el submarino nuclear Omsk y sistemas costeros Bastión. Japón protestó por estas actividades y calificó las acciones rusas como inaceptables.

El despliegue militar en torno a las Kuriles no solo tiene una dimensión territorial. Desde el punto de vista estratégico, el archipiélago se encuentra entre el mar de Ojotsk y el Pacífico Norte, una ubicación que resulta importante para el movimiento de la Flota del Pacífico rusa y para la protección de sus accesos marítimos.

Una estrategia que va más allá de las Kuriles

La reciente actividad rusa no debe entenderse únicamente como una respuesta a la disputa con Japón. Moscú lleva años reforzando la importancia de su presencia militar en el Asia-Pacífico y en las rutas que conectan el Pacífico Norte con el Ártico.

La Flota del Pacífico es una de las principales estructuras navales de Rusia y tiene su base central en Vladivostok. Su zona de responsabilidad incluye espacios marítimos de enorme importancia geopolítica, como el mar de Japón, el mar de Ojotsk, el estrecho de Bering y las rutas que se extienden hacia el Pacífico Norte.

La importancia de esta región ha aumentado por varios factores. Uno de ellos es la creciente competencia entre Estados Unidos, China y Rusia en el Indo-Pacífico. Otro es el progresivo desarrollo de las rutas marítimas del Ártico, especialmente la Ruta Marítima del Norte, cuya infraestructura y control representan una prioridad estratégica para Moscú.

Analistas militares también han señalado que la guerra en Ucrania y las restricciones a la movilidad naval rusa en otros teatros han aumentado el valor estratégico de las diferentes flotas regionales, incluida la del Pacífico. La capacidad de mantener fuerzas operativas en esta zona permite a Moscú conservar presencia militar en una región alejada del frente europeo y conectada directamente con los intereses de Estados Unidos, Japón y China.

La cooperación naval con China amplía el escenario

La expansión de la actividad naval rusa también coincide con un fortalecimiento de la cooperación militar entre Moscú y Pekín.

En julio de 2026, Rusia y China realizaron ejercicios navales conjuntos denominados Interacción Marítima 2026 o Joint Sea-2026, desarrollados inicialmente en el mar Amarillo y posteriormente vinculados a operaciones de patrullaje conjunto en áreas del Pacífico.

Las maniobras incluyeron una estructura de mando conjunta y varias fases de trabajo, desde la concentración de las fuerzas y la planificación de las operaciones hasta ejercicios en alta mar. Las dos armadas realizaron prácticas de coordinación táctica y actividades orientadas a mejorar su capacidad de operar conjuntamente.

La cooperación entre ambas potencias ha despertado especial atención debido a que los patrullajes conjuntos de años anteriores han alcanzado zonas cada vez más amplias. En ejercicios previos, las operaciones ruso-chinas llegaron a extenderse hacia áreas cercanas a Guam, el estrecho de Bering y aguas próximas a Hawái, lo que evidenció la capacidad de ambos países para operar lejos de sus puertos principales.

Aunque cada ejercicio tiene objetivos específicos, la continuidad de estas operaciones refleja una tendencia más amplia: Rusia y China han incrementado la frecuencia y el alcance de sus actividades militares conjuntas en el ámbito marítimo y aéreo.

Un informe presentado en junio de 2026 ante el Congreso de Estados Unidos destacó precisamente la preocupación estadounidense por el aumento de las maniobras y patrullas combinadas entre Rusia y China en Asia. El documento recoge que la cooperación militar entre ambos países se ha expandido tanto en el ámbito naval como en los patrullajes de bombarderos de largo alcance.

El Pacífico Norte, una región cada vez más estratégica

La actividad militar rusa en el Pacífico Norte se desarrolla en un espacio donde confluyen varias de las principales potencias militares del mundo.

Estados Unidos mantiene una importante presencia en el Pacífico a través de sus fuerzas navales y de sus alianzas con países como Japón y Corea del Sur. Japón, por su parte, ha incrementado en los últimos años su cooperación militar con Washington y ha reforzado su atención sobre las zonas marítimas cercanas a Rusia y China.

Para Moscú, mantener una capacidad naval activa en esta región tiene múltiples objetivos. Por un lado, permite proteger sus bases y sus rutas marítimas. Por otro, facilita el entrenamiento de sus fuerzas en operaciones de superficie, defensa aérea y guerra antisubmarina.

La guerra antisubmarina es especialmente importante en esta zona debido a que el Pacífico Norte y el mar de Ojotsk forman parte de un entorno marítimo clave para las fuerzas submarinas rusas. La detección y seguimiento de submarinos rivales, así como la protección de las propias unidades, constituyen una de las funciones centrales de cualquier flota que opere en esta región.

El vínculo con el Ártico y la Ruta Marítima del Norte

La proyección naval hacia el norte también tiene una relación directa con el creciente valor estratégico del Ártico.

La Ruta Marítima del Norte, que recorre la costa ártica rusa y conecta Europa con Asia, ha ganado importancia económica y geopolítica. El control ruso sobre esta vía convierte a la seguridad marítima de las regiones septentrionales en una prioridad para Moscú.

En agosto de 2026 comenzó a operar un servicio regular de contenedores entre China y Europa utilizando la ruta ártica controlada por Rusia, un hecho que ha incrementado el interés internacional por este corredor marítimo. Aunque el volumen comercial continúa siendo reducido en comparación con rutas como el canal de Suez, el desarrollo de conexiones regulares demuestra la creciente importancia económica y estratégica del Ártico.

Para Rusia, la protección de estas rutas y de sus comunicaciones marítimas implica mantener capacidades militares en los accesos que conectan el Pacífico con el Ártico. El estrecho de Bering, situado entre Rusia y Alaska, representa uno de esos puntos de especial interés.

Un mensaje político y militar

La intensificación de las operaciones navales rusas también posee una dimensión política. Los ejercicios militares permiten demostrar capacidad de despliegue, entrenar a las tripulaciones y enviar señales a otros actores regionales.

A mediados de agosto, el presidente ruso, Vladímir Putin, afirmó durante una visita a un crucero de la Flota del Pacífico que Rusia respondería a determinadas acciones occidentales no únicamente en los mares donde se produjeran, sino también en otras zonas que Moscú considerara necesarias, incluida el área de responsabilidad de la Flota del Pacífico.

Estas declaraciones se produjeron en medio de las tensiones entre Rusia y países occidentales por la guerra en Ucrania y por las medidas adoptadas contra embarcaciones vinculadas a intereses rusos.

En este contexto, la actividad naval en el Pacífico adquiere una dimensión que trasciende las maniobras concretas. La capacidad de Rusia para operar en regiones alejadas de Europa le permite mostrar que, pese a la concentración de recursos y atención en el conflicto ucraniano, continúa manteniendo intereses y capacidades militares en otros escenarios estratégicos.

¿Qué puede ocurrir ahora?

Por el momento, las maniobras conocidas forman parte de ejercicios y operaciones militares anunciadas por las autoridades rusas. No existe información que indique el inicio de un conflicto naval inminente en el Pacífico Norte.

Sin embargo, la combinación de varios factores mantiene elevada la atención sobre la región: la disputa territorial entre Rusia y Japón, la creciente cooperación militar ruso-china, la presencia estadounidense en el Pacífico y el creciente valor estratégico de las rutas del Ártico.

Las operaciones recientes muestran, además, que el Pacífico Norte está adquiriendo una importancia cada vez mayor dentro de la estrategia global de Moscú. Las maniobras antisubmarinas, las pruebas con misiles, los ejercicios conjuntos con China y el interés por las rutas marítimas septentrionales forman parte de un escenario más amplio de competencia entre las principales potencias.

La extensión de las operaciones navales rusas hacia áreas estratégicas no significa por sí sola una escalada militar inmediata, pero sí confirma una tendencia: el Pacífico Norte y sus conexiones con el Ártico se han convertido en espacios centrales para la seguridad, el comercio y la proyección de poder de Rusia.

En los próximos meses, la evolución de las relaciones entre Moscú y Tokio, el desarrollo de nuevos ejercicios con China y la competencia con Estados Unidos y sus aliados determinarán si esta mayor presencia naval se mantiene como una sucesión de maniobras periódicas o si se transforma en una presencia militar todavía más permanente y amplia en una de las regiones marítimas más sensibles del planeta.