Las inundaciones en campos de refugiados y asentamientos de personas desplazadas vuelven a poner en riesgo a algunas de las poblaciones más vulnerables de Sudán del Sur. La llegada de la temporada de lluvias amenaza refugios temporales, caminos, servicios de agua y saneamiento, en un país que ya enfrenta una profunda crisis provocada por años de conflicto, desplazamiento, pobreza y fenómenos climáticos extremos.
Aunque las inundaciones no son un fenómeno nuevo en Sudán del Sur, la situación actual resulta especialmente preocupante debido al enorme número de personas que viven en condiciones precarias. Miles de familias desplazadas internamente y refugiados que huyeron de conflictos, tanto dentro del país como en el vecino Sudán, dependen de estructuras temporales construidas con lonas, madera, barro y otros materiales vulnerables a las lluvias intensas.
Una crisis que se repite cada temporada de lluvias
La temporada lluviosa representa cada año un desafío para las comunidades de Sudán del Sur. En varias regiones del país, las precipitaciones intensas provocan el desbordamiento de ríos, la acumulación de agua en zonas bajas y la inundación de viviendas, carreteras y asentamientos.
El problema es especialmente grave para las personas que ya han sido obligadas a abandonar sus hogares. Muchos desplazados viven en terrenos con sistemas de drenaje insuficientes o en zonas particularmente expuestas al agua. Cuando llegan las lluvias más fuertes, los refugios pueden deteriorarse o quedar inhabitables, mientras que los caminos utilizados para transportar alimentos, medicamentos y otros suministros humanitarios se vuelven difíciles o incluso imposibles de transitar.
La Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, ha advertido que las lluvias y las inundaciones han destruido refugios y complicado el acceso a servicios básicos durante años en Sudán del Sur. En mayo de 2025, la organización informó que las familias desplazadas se preparaban para una nueva temporada de lluvias, precisamente porque las inundaciones anteriores habían afectado viviendas temporales, interrumpido servicios y agravado las condiciones de supervivencia de quienes ya habían tenido que huir de sus hogares.
Refugios temporales frente a una amenaza permanente
En numerosos asentamientos, las familias viven en construcciones diseñadas inicialmente como soluciones de emergencia. Estas estructuras pueden ofrecer protección inmediata, pero no siempre resisten las consecuencias de una temporada prolongada de lluvias.
El agua puede filtrarse por techos y paredes, destruir pertenencias y convertir el suelo en barro. En los lugares más afectados, las inundaciones también pueden rodear o cubrir parcialmente los refugios, obligando a las familias a trasladarse nuevamente o a levantar barreras improvisadas para impedir la entrada del agua.
ACNUR ha señalado que un refugio adecuado es mucho más que un techo para las personas desplazadas. En un contexto como el de Sudán del Sur, contar con una estructura resistente puede ser fundamental para proteger a las familias de las inundaciones, las enfermedades y otras amenazas derivadas de las condiciones climáticas extremas. Por esta razón, las organizaciones humanitarias han trabajado en la construcción y mejora de refugios, incluyendo estructuras con pisos elevados y materiales más resistentes a la lluvia.
Millones de personas viven en medio de una emergencia humanitaria
El impacto de las lluvias ocurre en un momento en el que Sudán del Sur continúa enfrentando una de las crisis humanitarias más complejas del continente africano.
Según el plan de respuesta de la Organización Internacional para las Migraciones, IOM, para 2026, alrededor de 10 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en Sudán del Sur. El organismo identifica las inundaciones, los conflictos, el desplazamiento y las enfermedades como algunas de las principales amenazas que requieren una respuesta de emergencia.
A esta situación se suma la llegada masiva de personas que huyen de la guerra en el vecino Sudán. Desde el inicio del conflicto sudanés en abril de 2023, más de 1,3 millones de personas habían cruzado hacia Sudán del Sur, entre ellas ciudadanos sudaneses, refugiados y sursudaneses que regresaban a su país.
Esta llegada ha incrementado la presión sobre comunidades y centros de tránsito que ya contaban con recursos limitados. Los servicios de alojamiento, salud, alimentación, agua y saneamiento se encuentran sobrecargados, mientras que las organizaciones humanitarias enfrentan importantes limitaciones de financiación.
El agua también aumenta el riesgo de enfermedades
Las inundaciones no solo representan la pérdida o destrucción de viviendas. También pueden convertirse en un grave problema de salud pública.
Cuando el agua se acumula alrededor de los asentamientos, aumenta el riesgo de contaminación de fuentes de agua y de deterioro de las condiciones de saneamiento. Los sistemas de letrinas pueden resultar afectados y el acceso a agua segura puede volverse más difícil.
Además, las zonas inundadas pueden favorecer la propagación de enfermedades y dificultar el trabajo de los equipos médicos. Las familias desplazadas, especialmente los niños, las personas mayores y quienes ya se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, enfrentan mayores riesgos cuando pierden el acceso a refugio, alimentos y servicios sanitarios.
Las consecuencias también se extienden a la ayuda humanitaria. Una carretera inundada puede retrasar durante días o semanas la llegada de suministros esenciales. En regiones rurales y de difícil acceso, el aislamiento provocado por las lluvias puede convertir una emergencia local en una crisis aún más grave.
Jonglei y Unity, entre las regiones más vulnerables
Estados como Unity y Jonglei se encuentran entre las zonas donde las inundaciones y el desplazamiento han tenido un impacto especialmente fuerte.
En el caso de Jonglei, la situación humanitaria se ha visto agravada recientemente por la inseguridad y el desplazamiento provocado por la violencia. En junio de 2026, ACNUR advirtió que cientos de miles de personas habían tenido que abandonar sus hogares en la región y alertó sobre el riesgo de que miles de familias enfrentaran la temporada de lluvias sin refugio seguro ni acceso suficiente a servicios básicos.
Mientras tanto, la IOM ha documentado que las inundaciones han afectado también a Unity y otros estados vecinos, obligando a responder con refugios de emergencia, servicios sanitarios y apoyo a las familias afectadas. La organización considera las inundaciones recurrentes como uno de los principales factores que deben ser atendidos dentro de su estrategia humanitaria para 2026.
La combinación de conflicto, desplazamiento y cambio climático
El caso de Sudán del Sur muestra cómo una crisis climática puede multiplicar los efectos de otros problemas existentes.
Muchas de las personas afectadas por las inundaciones ya habían perdido sus hogares anteriormente debido a enfrentamientos armados, violencia comunitaria o crisis económicas. Al llegar a asentamientos temporales, dependen de ayuda humanitaria para acceder a alimentos, refugio y servicios básicos.
Cuando una inundación destruye nuevamente esos refugios, las familias pueden verse obligadas a desplazarse por segunda o tercera vez.
La recurrencia de las inundaciones también ha llevado a las organizaciones humanitarias a buscar soluciones que vayan más allá de la simple entrega de lonas y tiendas de campaña. Entre las estrategias previstas se encuentran refugios de emergencia mejorados, apoyo económico para la construcción de viviendas temporales y soluciones más duraderas para las comunidades desplazadas.
La falta de financiación complica la respuesta
Uno de los principales obstáculos para atender a las familias afectadas es la insuficiencia de recursos.
ACNUR informó en junio de 2026 que su respuesta para las personas desplazadas y las comunidades de acogida en Sudán del Sur enfrentaba una importante brecha de financiación. Para mayo de ese año, la organización solo había recibido alrededor del 25 % de los 286 millones de dólares que requería para su respuesta humanitaria en el país.
Esta falta de recursos afecta la capacidad para reforzar refugios, distribuir materiales antes de la llegada de las lluvias, reparar infraestructuras y mantener servicios básicos en zonas aisladas.
La preparación previa es especialmente importante en Sudán del Sur, donde las carreteras pueden quedar bloqueadas durante la temporada de lluvias. Por esta razón, los organismos humanitarios intentan trasladar y almacenar suministros antes de que las inundaciones dificulten el acceso a las comunidades más vulnerables.
Sin embargo, los recortes y retrasos en la financiación han complicado esta planificación y podrían dejar a miles de personas con menos protección frente a los efectos de las lluvias.
Una emergencia que va más allá de los refugios destruidos
Las inundaciones en campos de refugiados y asentamientos de desplazados en Sudán del Sur representan mucho más que la pérdida de una vivienda temporal. Cada refugio afectado puede significar la pérdida de alimentos, documentos, ropa, herramientas y otros bienes fundamentales para la supervivencia de una familia.
También puede significar una nueva interrupción en la educación de los niños, mayores dificultades para acceder a atención médica y un aumento de la dependencia de la ayuda humanitaria.
Para muchas familias, el principal problema es que no tienen otro lugar al cual trasladarse. Han abandonado sus comunidades de origen debido al conflicto o la inseguridad y ahora viven en zonas donde las condiciones climáticas representan una nueva amenaza.
El desafío de construir soluciones más resistentes
La respuesta de emergencia sigue siendo fundamental, pero las organizaciones internacionales coinciden en la necesidad de desarrollar soluciones que permitan a las comunidades resistir mejor las inundaciones recurrentes.
Esto incluye mejorar los sistemas de drenaje, construir refugios más resistentes, elevar viviendas en las zonas con mayor riesgo y reforzar carreteras e infraestructuras que permitan mantener el acceso a la ayuda humanitaria durante la temporada de lluvias.
La situación de Sudán del Sur demuestra que el desplazamiento forzado y los fenómenos climáticos extremos no pueden tratarse como problemas separados. Una familia que huye de la violencia puede terminar enfrentando, poco tiempo después, una inundación que vuelve a destruir lo poco que logró reconstruir.
Mientras la temporada de lluvias continúa representando una amenaza para miles de personas, la prioridad de las organizaciones humanitarias es evitar que una crisis climática profundice aún más una emergencia que ya mantiene a millones de sursudaneses y personas desplazadas en una situación de extrema vulnerabilidad.
La necesidad inmediata es proteger vidas y garantizar refugio, agua, alimentos y atención sanitaria. Pero el desafío a largo plazo será construir comunidades y sistemas de respuesta capaces de resistir un fenómeno que, año tras año, sigue poniendo bajo el agua los hogares temporales de quienes ya lo han perdido casi todo.
