Una nueva generación de sistemas de observación satelital está cambiando la forma en que se descubren las emisiones de metano procedentes de la industria de los hidrocarburos. Lo que durante años podía pasar inadvertido en campos petroleros, estaciones de compresión o extensas redes de gasoductos ahora puede ser localizado desde el espacio y convertido en una alerta para gobiernos y compañías.

Uno de los ejemplos más relevantes se ha registrado en la región del mar Caspio, donde un sistema internacional de vigilancia detectó una importante emisión de metano asociada a infraestructura petrolera y posteriormente permitió comprobar que una sección deteriorada de una tubería había sido reemplazada.

El caso muestra cómo la detección de fugas de metano está pasando de ser una tarea basada exclusivamente en inspecciones terrestres a convertirse también en un proceso apoyado por satélites, análisis científico e inteligencia artificial.

El sistema detrás de este mecanismo es el Methane Alert and Response System (MARS), desarrollado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) a través de su Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO). MARS fue presentado en la COP27 de 2022 y comenzó su fase piloto en enero de 2023. Posteriormente pasó a una operación completa.

Una fuga invisible que pudo ser localizada desde el espacio

El metano presenta una dificultad particular: es un gas incoloro e inodoro, por lo que una fuga importante no necesariamente resulta evidente para las personas que se encuentran cerca de una instalación.

En las actividades de producción, procesamiento y transporte de petróleo y gas, las emisiones pueden producirse por diferentes motivos: deterioro de tuberías, válvulas defectuosas, equipos de procesamiento, instalaciones de almacenamiento, pozos o sistemas de venteo y combustión.

La tecnología satelital permite abordar el problema desde otra perspectiva.

Los instrumentos especializados pueden analizar determinadas bandas de la radiación que atraviesa la atmósfera y detectar alteraciones asociadas con la presencia de metano. Cuando las condiciones son adecuadas, los científicos pueden observar una especie de columna o pluma de metano que se extiende desde el punto donde se está produciendo la emisión.

No todos los satélites tienen la misma capacidad. Algunos permiten realizar una vigilancia amplia y detectar grandes concentraciones en extensas áreas, mientras que otros poseen mayor resolución y ayudan a acercarse a la fuente concreta de la emisión.

El caso de Kazajistán en la región del Caspio

Uno de los casos documentados por el PNUMA ocurrió en Kazajistán, en un campo petrolero cercano al mar Caspio.

MARS detectó una gran columna de metano cuya emisión fue estimada en aproximadamente 6,9 toneladas de metano por hora. Debido a que la instalación estaba vinculada a una empresa participante en la iniciativa Oil and Gas Methane Partnership 2.0 (OGMP 2.0), el sistema pudo enviar la información directamente a la compañía, además de comunicarla al punto de contacto gubernamental correspondiente.

La alerta no se quedó únicamente en una imagen satelital.

Tras recibir la información, se realizó una investigación en el terreno para determinar cuál era el origen de la emisión. Los responsables localizaron el problema en una sección desgastada de una tubería, que posteriormente fue reemplazada.

La comprobación definitiva llegó desde el espacio: el 7 de abril de 2025, nuevas imágenes satelitales mostraron que la columna de metano había desaparecido, lo que permitió confirmar que la reparación había funcionado.

Este episodio es especialmente importante porque demuestra todo el recorrido que puede seguir una alerta satelital: detección, análisis, localización, intervención en tierra y verificación posterior.

¿Cómo funciona el sistema que detecta las fugas?

MARS no consiste simplemente en apuntar una cámara desde el espacio hacia una instalación petrolera.

El sistema integra información procedente de numerosos instrumentos satelitales, análisis científicos y herramientas de inteligencia artificial. Según el PNUMA, actualmente utiliza datos de más de 30 instrumentos satelitales, además de modelos avanzados para analizar grandes cantidades de imágenes y detectar posibles columnas de metano.

El proceso puede resumirse en varias etapas.

1. Los satélites buscan emisiones

Los instrumentos especializados observan la superficie terrestre y buscan señales compatibles con concentraciones elevadas de metano.

Los satélites de cobertura global pueden detectar grandes eventos, aunque con menor resolución espacial. Posteriormente pueden utilizarse instrumentos de mayor resolución para investigar con más detalle la zona.

2. Los científicos analizan la columna

Una detección inicial no significa automáticamente que se haya identificado una fuga en una tubería determinada.

Los expertos deben analizar la información, las condiciones atmosféricas y la dirección del viento para determinar dónde podría encontrarse la fuente.

El sistema también puede combinar información procedente de diferentes satélites para aumentar la precisión de la identificación.

3. Se intenta atribuir la emisión a una instalación

Una vez localizada la zona, los especialistas utilizan información de mayor resolución para intentar determinar cuál es la instalación responsable.

El objetivo es pasar de una observación general —por ejemplo, una concentración elevada de metano en determinada región— a una ubicación concreta donde los operadores puedan investigar qué está sucediendo.

4. Se envía una alerta

Cuando se cumplen los criterios correspondientes, MARS comunica la información a los gobiernos y, cuando corresponde, directamente a las compañías involucradas.

Esto resulta fundamental porque convierte una medición científica en una herramienta para tomar decisiones.

5. Se verifica la respuesta

La última etapa consiste en comprobar qué ocurrió después de la alerta.

En el caso de Kazajistán, precisamente esta fase permitió determinar que la sustitución de la sección deteriorada de la tubería había conseguido detener la emisión.

¿Por qué es tan importante detectar el metano?

El metano es uno de los principales gases de efecto invernadero relacionados con las actividades humanas.

Aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, tiene un efecto de calentamiento considerablemente mayor durante los primeros años después de su emisión. Por eso, reducir rápidamente las grandes emisiones de metano puede tener un impacto climático importante a corto plazo.

El sector de los combustibles fósiles es especialmente relevante. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), las emisiones de metano procedentes de las operaciones de petróleo, gas y carbón alcanzaron aproximadamente 124 millones de toneladas en 2025, de las cuales unos 45 millones correspondieron al petróleo, 43 millones al carbón y 36 millones al gas natural.

Esto explica por qué localizar una fuga individual puede ser mucho más importante de lo que parece.

Una tubería deteriorada que libera metano continuamente puede generar una cantidad considerable de emisiones si el problema no se detecta durante días, semanas o incluso meses.

El mar Caspio, una región estratégica para los hidrocarburos

El caso de Kazajistán no es aislado. La región del mar Caspio concentra una importante actividad relacionada con el petróleo y el gas y reúne algunos de los principales productores de hidrocarburos de Asia Central y el Cáucaso.

Kazajistán, Azerbaiyán y Turkmenistán cuentan con importantes actividades de extracción y transporte de hidrocarburos en torno a la región.

Precisamente por la extensión de estas operaciones, la vigilancia desde tierra puede resultar complicada. Hay instalaciones ubicadas en zonas remotas, campos petroleros de gran extensión y redes de transporte que recorren cientos o miles de kilómetros.

Por eso, la capacidad de observar grandes superficies desde el espacio ofrece una ventaja importante.

La ESA ya había mostrado anteriormente el potencial de esta tecnología en la región. En 2020 publicó una imagen obtenida por la misión GHGSat Claire en la que se observaba una emisión de metano procedente de infraestructura de petróleo y gas en la región del mar Caspio.

No se trata solamente de gasoductos

Aunque las tuberías son una de las fuentes que pueden ser identificadas, las emisiones de metano pueden proceder de muchos otros componentes de la industria energética.

Entre ellos están:

  • Pozos de petróleo y gas.
  • Estaciones de compresión.
  • Válvulas.
  • Tanques de almacenamiento.
  • Instalaciones de procesamiento.
  • Sistemas de venteo.
  • Equipos defectuosos.
  • Infraestructura de transporte.
  • Fugas asociadas a instalaciones de producción.

Un estudio publicado en Remote Sensing of Environment demostró, por ejemplo, que la combinación de Sentinel-5P, Sentinel-3 y Sentinel-2 puede utilizarse para detectar y localizar emisiones importantes. En uno de los casos estudiados, los satélites permitieron identificar dos fugas relacionadas con un gasoducto en Rusia y distinguirlas como fuentes separadas.

Los satélites no pueden detectarlo absolutamente todo

La tecnología representa un avance importante, pero no significa que cualquier fuga de metano pueda ser vista desde el espacio.

Existen limitaciones técnicas.

Los satélites tienen diferentes límites mínimos de detección y necesitan condiciones adecuadas para observar las emisiones. Las nubes pueden impedir o dificultar las mediciones, mientras que la disponibilidad de luz solar también condiciona la capacidad de determinados instrumentos para realizar sus observaciones.

Además, una emisión pequeña puede estar por debajo de la capacidad de detección de un determinado instrumento.

Por esa razón, la vigilancia satelital no sustituye completamente a las inspecciones terrestres. Más bien, funciona como una herramienta adicional capaz de localizar grandes eventos y señalar lugares donde se necesita una investigación más detallada.

Una nueva forma de vigilar las emisiones

La principal novedad de MARS no está únicamente en detectar una fuga.

Lo realmente relevante es que busca conectar la observación científica con una respuesta concreta.

El sistema fue diseñado para identificar grandes emisiones, notificar a las partes responsables y hacer seguimiento de las medidas adoptadas. El PNUMA describe precisamente estos cuatro componentes como detección, notificación, respuesta y seguimiento.

Ese modelo modifica la forma tradicional de abordar el problema.

Antes, una fuga podía depender de que un trabajador la encontrara durante una inspección, de que una empresa detectara una anomalía en sus propios sistemas o de que una autoridad recibiera una denuncia.

Ahora, una emisión suficientemente grande puede ser detectada desde cientos de kilómetros de altura y convertirse en una alerta dirigida a quienes pueden intervenir.

La tecnología ya está produciendo resultados

El caso de Kazajistán es un ejemplo de que las alertas satelitales pueden producir resultados concretos.

En 2025, el PNUMA explicó que MARS había comenzado a generar respuestas de mitigación en diferentes países, aunque también señaló que la respuesta de gobiernos y empresas seguía siendo insuficiente frente al número de alertas emitidas.

Para abril de 2026, el PNUMA informó que IMEO había documentado más de 40 casos de mitigación relacionados con MARS en cuatro continentes. Entre ellos figuran varios casos en Asia Central, incluyendo diferentes instalaciones de Kazajistán y Turkmenistán.

El sistema también ha ampliado progresivamente su alcance. Originalmente se concentró principalmente en el sector del petróleo y el gas, pero durante 2026 incorporó capacidades para detectar emisiones relacionadas con los sectores del carbón y los residuos.

El desafío ahora es actuar más rápido

Detectar una fuga es solamente el primer paso.

El verdadero impacto climático depende de cuánto tiempo permanezca activa la emisión y de la rapidez con la que pueda ser controlada.

La IEA estima que, si los países hubieran seguido en 2025 los plazos recomendados para responder a los eventos detectados por MARS, las emisiones mundiales asociadas al petróleo y al gas podrían haberse reducido en alrededor de 6 millones de toneladas de metano. La agencia señala que esa cantidad sería aproximadamente equivalente a todas las emisiones de metano provenientes de las operaciones de petróleo y gas de la región del Caspio.

El dato ilustra la magnitud del problema: la tecnología para encontrar muchas de estas emisiones ya existe, pero su eficacia depende de que la información llegue rápidamente a quienes tienen capacidad para solucionar la causa.

El futuro de la vigilancia del metano está en el espacio

La detección de fugas de metano mediante satélites representa una transformación importante en la vigilancia ambiental.

La combinación de satélites de diferentes resoluciones, inteligencia artificial, modelos atmosféricos y equipos especializados permite pasar de una imagen global a una posible fuente concreta de emisiones.

En el caso de la cuenca del mar Caspio, esta tecnología adquiere una importancia especial debido a la magnitud de la actividad petrolera y gasística de la región.

El ejemplo de Kazajistán demuestra el potencial de este modelo: una emisión que era invisible para el ojo humano fue identificada desde el espacio, analizada por especialistas, relacionada con una sección deteriorada de una tubería y posteriormente eliminada mediante una reparación que también pudo ser verificada con imágenes satelitales.

La detección de fugas de metano ya no depende exclusivamente de encontrar el problema en tierra. Los satélites están convirtiendo la atmósfera en una fuente de información que permite identificar emisiones, señalar posibles responsables y comprobar si las soluciones realmente funcionan.

Y en una región energética estratégica como la del mar Caspio, esa capacidad puede convertirse en una herramienta cada vez más importante para reducir emisiones y acelerar las acciones contra el cambio climático.