El Metro de Londres, conocido mundialmente como London Underground o Tube, enfrenta un problema ambiental que durante años permaneció prácticamente invisible para millones de pasajeros: la acumulación de partículas en suspensión dentro de túneles, estaciones y trenes.
La preocupación no procede únicamente de la contaminación exterior que entra al sistema. En el interior del metro existe una fuente particular de material particulado relacionada con el funcionamiento de los propios trenes. El desgaste de las ruedas, los rieles y los sistemas de frenado genera partículas, muchas de ellas ricas en hierro, que pueden permanecer suspendidas en el aire y volver a levantarse por el movimiento de los trenes y de los pasajeros.
Ante esta situación, Transport for London ha desarrollado durante años programas de monitoreo y limpieza y, más recientemente, ha señalado que estudia nuevos sistemas de filtración de aire para reducir la exposición al polvo dentro de la red.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre las tecnologías que se han estudiado en el ámbito de la purificación del aire y las medidas que efectivamente están implementadas en el Metro de Londres. No hay evidencia suficiente para afirmar que TfL haya instalado torres de ionización en estaciones subterráneas como parte de un proyecto actualmente operativo.
¿Por qué hay partículas contaminantes dentro del Metro de Londres?
La contaminación del Underground tiene características diferentes a las de la contaminación atmosférica que normalmente se encuentra en las calles.
En las vías subterráneas, una parte importante del polvo procede del propio sistema ferroviario. El contacto constante entre ruedas y rieles, además de los procesos de frenado, produce partículas metálicas y minerales. TfL explica que el polvo encontrado en el Tube está compuesto por una combinación de partículas metálicas —principalmente óxidos de hierro—, materia orgánica y polvo mineral.
La circulación de los trenes también desempeña un papel importante. Cuando un convoy se desplaza por un túnel, mueve grandes cantidades de aire. Ese efecto puede contribuir a poner nuevamente en suspensión partículas que se habían depositado previamente en las superficies.
Por esta razón, limpiar una estación no significa simplemente retirar polvo visible. Una parte fundamental del problema está formada por partículas microscópicas que pueden permanecer suspendidas en el aire.
Investigaciones han encontrado partículas extremadamente pequeñas
La preocupación científica aumentó a medida que las investigaciones comenzaron a estudiar no solamente las partículas PM10 y PM2.5, sino también partículas ultrafinas.
Un estudio dirigido por investigadores de la University of Surrey, en colaboración con científicos de Imperial College London, analizó el aire de un andén profundo de la estación South Kensington durante 2020.
Los investigadores encontraron partículas que incluían hierro, manganeso y trazas de cromo, además de materia orgánica. El análisis también detectó partículas ultrafinas de hasta aproximadamente 100 nanómetros.
El estudio encontró además diferencias entre los periodos de funcionamiento y las horas en las que el metro estaba cerrado. Durante las horas de operación se registró aproximadamente el doble de partículas gruesas que durante los periodos sin servicio.
Estos resultados no significan que viajar en el metro produzca necesariamente una enfermedad. De hecho, los investigadores han señalado que todavía hace falta estudiar con mayor profundidad los efectos sanitarios de la exposición a las partículas específicas del Underground.
Lo que sí demuestra la investigación es que la composición y el comportamiento del material particulado subterráneo merecen atención científica y medidas de control.
El problema de la ventilación
Una de las principales soluciones estudiadas para mejorar el aire del metro no es precisamente una torre de ionización, sino algo mucho más fundamental: mejorar la ventilación.
La investigación realizada en South Kensington encontró que la disponibilidad de aire fresco era limitada en el entorno estudiado y que la calidad del aire empeoraba especialmente durante determinadas horas de funcionamiento.
Los investigadores plantearon que mejorar la ventilación puede ser una herramienta importante para disminuir la concentración de contaminantes en determinadas estaciones.
Esto tiene especial importancia en las estaciones profundas y antiguas, donde el intercambio de aire con el exterior puede ser más complejo.
La ventilación permite renovar el aire y controlar las concentraciones de partículas, aunque no elimina por sí misma la fuente del problema. Por eso, las estrategias más completas combinan ventilación, limpieza, reducción de emisiones y, potencialmente, sistemas de filtración.
¿Qué está haciendo realmente Transport for London?
TfL mantiene un programa específico para controlar el polvo dentro del Underground.
Según la propia organización, realiza monitoreos periódicos de la calidad del aire y utiliza los resultados para identificar las zonas donde los niveles de polvo son más elevados. En esos lugares se aplican labores de limpieza específicas.
El organismo también señala que los niveles de polvo registrados en el Tube permanecen por debajo de los límites ocupacionales establecidos por el Health and Safety Executive (HSE). Al mismo tiempo, TfL reconoce que no está satisfecha con la situación y continúa buscando maneras de reducir todavía más la exposición.
La estrategia no consiste únicamente en limpiar las estaciones. También se estudian soluciones destinadas a reducir la cantidad de polvo que se produce desde el principio.
La importancia de los nuevos trenes
Una de las estrategias de largo plazo consiste en reducir la generación de partículas provocadas por el funcionamiento ferroviario.
TfL ha señalado que los nuevos trenes y determinadas mejoras de infraestructura pueden contribuir a reducir la producción de polvo. Entre los ejemplos mencionados se encuentran los sistemas de frenado de los nuevos trenes de la Piccadilly line, diseñados para generar menos polvo.
Esto es importante porque eliminar partículas una vez que están suspendidas en el aire puede ser más complicado que disminuir su generación en el origen.
La lógica es similar a la utilizada en muchos otros problemas ambientales: actuar sobre la fuente puede ser más efectivo que intentar limpiar continuamente el contaminante una vez que ya se ha dispersado.
¿Y qué ocurre con los sistemas de filtración?
Aquí es donde aparece una de las tecnologías que más interés despierta de cara al futuro.
TfL reconoce que está explorando nuevos sistemas de filtración de aire destinados a capturar polvo suspendido. La organización los presenta como parte de las posibles soluciones para reducir la exposición al material particulado dentro de la red.
La filtración funciona haciendo pasar el aire a través de materiales capaces de retener partículas. Dependiendo de la tecnología empleada, los sistemas pueden estar diseñados para capturar partículas de diferentes tamaños.
Pero instalar sistemas de filtración en un metro histórico no es tan sencillo como colocar un purificador doméstico.
El Underground es una infraestructura gigantesca, con túneles, estaciones profundas, trenes y sistemas de ventilación diferentes. Además, los equipos tendrían que funcionar de manera continua y manejar grandes volúmenes de aire.
Por eso, cualquier solución debe considerar consumo energético, mantenimiento, espacio disponible, circulación de pasajeros, seguridad y capacidad real para reducir la concentración de partículas.
¿Dónde entra la ionización?
La ionización es una tecnología real utilizada en determinados sistemas de purificación de aire.
Su funcionamiento básico consiste en generar iones que interactúan con partículas suspendidas. Dependiendo del diseño del sistema, estas partículas pueden adquirir carga eléctrica y posteriormente ser capturadas o depositadas sobre superficies colectoras.
Las denominadas «torres anticontaminación» han utilizado este principio en diferentes proyectos alrededor del mundo. Un ejemplo conocido es la Smog Free Tower, desarrollada por el diseñador e investigador neerlandés Daan Roosegaarde, que utiliza ionización positiva para capturar partículas contaminantes.
Pero que una tecnología exista y se haya utilizado en otros lugares no significa que haya sido instalada en el Metro de Londres.
Ese es precisamente el punto que debe aclararse respecto a la afirmación sobre las supuestas torres de ionización.
No hay evidencia de una instalación masiva de torres de ionización en el Tube
La información pública disponible de TfL describe actualmente una estrategia basada en monitoreo, limpieza, ventilación, mejoras de infraestructura, nuevos trenes y exploración de sistemas de filtración.
Además, TfL mantiene registros de sus estudios de calidad del aire y ha respondido a solicitudes de información relacionadas con la contaminación en el Underground. En una respuesta publicada en 2025, la organización confirmó que realiza monitoreos anuales de calidad del aire tanto en estaciones como en cabinas de conducción.
Por ello, presentar como un hecho que se están instalando «torres de ionización» en las estaciones subterráneas de Londres sería ir más allá de la evidencia disponible.
Lo correcto es hablar de una búsqueda y evaluación de nuevas tecnologías para controlar el material particulado, entre ellas sistemas de filtración, mientras que la ionización pertenece al conjunto más amplio de tecnologías de purificación que existen en el sector.
El monitoreo es una pieza fundamental
Antes de decidir dónde instalar un sistema de purificación, es necesario conocer dónde se concentran las partículas y cuáles son sus características.
TfL realiza mediciones periódicas en diferentes puntos de la red. Sus informes incluyen mediciones de distintos tipos de polvo y partículas, como PM2.5 y PM10.
Esto permite identificar estaciones y zonas que requieren una atención específica.
El monitoreo también sirve para evaluar si una determinada intervención funciona. Si después de instalar un sistema de filtración los niveles de partículas no disminuyen de manera significativa, sería necesario modificar la estrategia.
En ese sentido, sensores más pequeños y económicos también pueden tener un papel importante.
TfL y EIT Urban Mobility han trabajado en un proyecto para desarrollar sensores de calidad del aire adaptados específicamente a entornos subterráneos, tanto para Londres como para el Metro de París. La iniciativa busca mejorar la capacidad de conocer qué ocurre con las partículas dentro de estos sistemas de transporte.
El desafío no consiste únicamente en limpiar el aire
Uno de los mayores retos del Underground es que las partículas continúan generándose.
Un filtro puede capturar una cantidad determinada de polvo, pero si los trenes siguen produciendo partículas por fricción entre ruedas, rieles y sistemas de frenado, el proceso debe mantenerse de manera constante.
Por eso, la estrategia de TfL combina diferentes medidas.
Primero, se intenta reducir la generación de polvo.
Segundo, se realizan labores de limpieza para retirar el material que se acumula en túneles y estaciones.
Tercero, se controla la calidad del aire mediante mediciones periódicas.
Cuarto, se estudian mecanismos de ventilación y filtración que puedan reducir la cantidad de partículas que permanece suspendida.
Esta combinación es especialmente importante en una infraestructura que cuenta con sectores construidos hace más de un siglo. TfL señala que partes de la red tienen alrededor de 160 años.
El contraste entre el aire de la superficie y el del metro
Otro aspecto importante es que no toda la contaminación del Underground es igual a la contaminación que existe en las calles de Londres.
TfL explica que algunos contaminantes característicos de la contaminación vial, como determinados gases asociados con los motores de combustión, no están presentes dentro del Tube de la misma manera que en el exterior. Al utilizar el metro, una persona también puede reducir su exposición a determinados contaminantes producidos por el tráfico de carretera.
Sin embargo, el entorno subterráneo tiene su propio problema: la concentración de polvo y partículas generadas por el funcionamiento del sistema ferroviario.
Por eso, comparar directamente «la contaminación del metro» con «la contaminación de la calle» puede resultar engañoso. Son ambientes diferentes y contienen mezclas de partículas diferentes.
Un problema que continúa bajo investigación
Los investigadores todavía intentan determinar qué consecuencias concretas puede tener la exposición prolongada a las partículas características del Underground.
El estudio de Surrey e Imperial College identificó partículas ultrafinas y determinados elementos metálicos, pero los propios investigadores señalaron que todavía se necesitan más estudios para establecer con mayor precisión sus posibles efectos sobre la salud.
Esto es particularmente importante porque la presencia de una sustancia contaminante no significa automáticamente que la exposición cotidiana produzca una enfermedad. Para determinar un riesgo sanitario se necesitan datos sobre concentración, tamaño de las partículas, composición química, duración de la exposición y respuesta del organismo, entre otros factores.
La investigación, por tanto, continúa siendo una parte esencial del proceso.
Londres apuesta por una estrategia tecnológica, pero no por una única solución
El futuro de la calidad del aire del Metro de Londres probablemente dependerá de la combinación de varias tecnologías y medidas.
Los nuevos trenes pueden ayudar a reducir la generación de polvo. La limpieza puede retirar partículas acumuladas. La ventilación puede favorecer la renovación del aire. Los sensores pueden proporcionar información más precisa y los sistemas de filtración podrían capturar parte del material particulado que permanece suspendido.
La ionización, por su parte, representa una tecnología que puede utilizarse en determinados sistemas de purificación, pero no debe confundirse con una infraestructura actualmente documentada como instalada de manera generalizada en las estaciones del London Underground.
Por ahora, la información oficial apunta a una estrategia progresiva en la que TfL busca conocer mejor el problema y aplicar diferentes soluciones para reducir el polvo.
El verdadero objetivo: reducir la exposición de millones de pasajeros
El Metro de Londres transporta diariamente a una enorme cantidad de personas y constituye una de las infraestructuras de transporte más importantes del Reino Unido.
La cuestión de la calidad del aire no se limita, por tanto, a una discusión tecnológica. Se trata de determinar cómo una infraestructura construida durante distintas épocas puede adaptarse a estándares modernos de calidad ambiental.
Las investigaciones realizadas durante los últimos años han demostrado que el material particulado subterráneo merece atención y que factores como la ventilación y el funcionamiento de los trenes influyen en las concentraciones observadas.
La respuesta de Londres está avanzando hacia una combinación de medición, limpieza, ventilación, modernización de trenes y nuevas tecnologías de filtración.
Y aunque las llamadas torres de ionización pueden parecer una solución llamativa, la evidencia disponible no permite afirmar que actualmente estén siendo instaladas en las estaciones del Metro de Londres. El verdadero proyecto documentado es más amplio: hacer que el histórico Underground genere menos polvo, controle mejor las partículas existentes y encuentre nuevas formas de mantener el aire subterráneo lo más limpio posible.
