Los incendios forestales han dejado durante años una profunda huella sobre distintos paisajes de Grecia. En regiones mediterráneas donde las altas temperaturas, las sequías prolongadas y los fuertes vientos pueden favorecer la propagación de las llamas, la recuperación de los ecosistemas no termina cuando el fuego es controlado.

La etapa posterior al incendio puede durar décadas y plantea una pregunta fundamental: ¿cómo recuperar un bosque sin limitarse simplemente a volver a plantar árboles?

En Grecia, distintos programas públicos y proyectos de restauración ecológica están apostando por una respuesta que pone en el centro a las especies autóctonas, entre ellas diferentes tipos de encinos —conocidos también como robles o Quercus— y otras especies mediterráneas adaptadas a las condiciones locales.

La estrategia forma parte de un esfuerzo más amplio para restaurar ecosistemas degradados, reducir la erosión, proteger la biodiversidad y aumentar la capacidad de los bosques para resistir futuros incendios. El propio Gobierno griego contempla dentro de su Plan Nacional de Reforestación la restauración de ecosistemas forestales degradados utilizando principalmente especies nativas.

El fuego no termina cuando se apagan las llamas

Un incendio forestal puede transformar rápidamente un ecosistema que tardó décadas o incluso siglos en desarrollarse.

La desaparición de la cubierta vegetal deja el suelo expuesto a la lluvia y al viento. En las laderas, esta situación puede incrementar la erosión y facilitar que grandes cantidades de sedimentos terminen en los cauces de los ríos durante episodios de precipitaciones intensas.

Por eso, la recuperación de una zona quemada no consiste únicamente en colocar miles de plántulas en el terreno.

Antes de decidir qué plantar, los especialistas deben evaluar factores como la intensidad del incendio, el estado del suelo, la pendiente, la vegetación que existía antes del fuego, la capacidad de regeneración natural y las condiciones climáticas de la zona.

Esta consideración es especialmente importante en Grecia, donde muchos ecosistemas mediterráneos han evolucionado bajo la influencia de veranos secos y periodos de altas temperaturas.

El Ministerio de Medio Ambiente y Energía griego señala precisamente que las actuaciones de restauración deben contribuir a recuperar ecosistemas degradados, mejorar su estructura y resiliencia frente al cambio climático, proteger la regeneración natural y conservar servicios ecosistémicos como la biodiversidad y la calidad del agua.

¿Por qué apostar por los encinos?

Los encinos forman parte de numerosos ecosistemas mediterráneos y pueden desempeñar un papel importante en la recuperación de paisajes degradados.

Dentro del género Quercus existen especies con características distintas. En Grecia pueden encontrarse, entre otras, especies como el encino carrasco o coscoja (Quercus coccifera), la encina (Quercus ilex) y diferentes robles caducifolios.

La elección de especies locales no responde únicamente a una cuestión paisajística.

Una especie autóctona se encuentra, en principio, dentro de las condiciones ecológicas en las que ha evolucionado. Esto puede ofrecer ventajas relacionadas con su adaptación al clima, el suelo, las comunidades de animales y plantas de la región y los ciclos naturales de regeneración.

El proyecto Greek Oak Restoration, impulsado por SUGi, plantea precisamente la recuperación de bosques de encino mediante una combinación de especies autóctonas, desde los propios árboles hasta arbustos y plantas aromáticas y medicinales. El objetivo declarado es reconstruir un ecosistema diverso en lugar de crear una plantación uniforme.

Esta diferencia resulta fundamental.

Restaurar un bosque no significa simplemente plantar árboles. Significa recuperar las relaciones ecológicas que hacen funcionar al bosque.

Un modelo que busca recuperar diversidad, no monocultivos

Uno de los problemas que los proyectos de restauración intentan evitar es sustituir un ecosistema diverso por una superficie dominada por una sola especie.

La Comisión Europea ha destacado que la restauración forestal puede contribuir simultáneamente a la conservación de la biodiversidad y a la reducción del riesgo de incendios cuando se promueve una estructura más diversa y se incorporan especies autóctonas de hoja ancha que presenten mayor resistencia frente al fuego.

La idea es crear paisajes menos uniformes y, cuando las condiciones lo permiten, reducir la continuidad de la vegetación que puede favorecer la propagación de las llamas.

Esto no significa que un bosque de encinos sea inmune al fuego. Ningún ecosistema mediterráneo puede considerarse completamente a salvo de los incendios.

Lo que se busca es aumentar su resiliencia y evitar que la restauración reproduzca las mismas condiciones que hicieron vulnerable al paisaje anterior.

El caso de Atenas: recuperar antiguos bosques de encino

Uno de los ejemplos más concretos se encuentra en el área de Atenas.

El proyecto Athenian Oak Revival, también desarrollado por SUGi, comenzó en marzo de 2022 y plantea restaurar un bosque autóctono de encinos mediante la introducción de 12 especies indígenas en una superficie de aproximadamente 10.000 metros cuadrados.

El proyecto surgió como respuesta a la pérdida de bosques provocada por años de incendios intermitentes en la región.

Una de sus particularidades es que no se aplicó estrictamente el método Miyawaki, sino prácticas tradicionales de plantación con un fuerte énfasis en especies nativas. El objetivo es reconstruir una comunidad vegetal que se asemeje más a las condiciones naturales del territorio.

Entre las especies mencionadas en el proyecto se encuentran la encina (Quercus ilex), la coscoja (Quercus coccifera), el acebuche (Olea oleaster), el algarrobo (Ceratonia siliqua) y el enebro (Juniperus communis).

Además, el proyecto ofrece un dato importante sobre las dificultades que enfrenta este tipo de restauración.

En su informe de 2024, SUGi señala una supervivencia aproximada del 85 % de los árboles plantados. También explica que el crecimiento varía dependiendo de las condiciones del suelo: en zonas rocosas las raíces encuentran mayores dificultades, mientras que donde el suelo permite una expansión más rápida del sistema radicular el crecimiento es mayor.

Esto demuestra que la reforestación mediterránea no es un proceso automático.

Grecia también cuenta con un plan nacional de reforestación

Los proyectos locales forman parte de una política de restauración mucho más amplia.

Grecia cuenta con un Plan Nacional de Reforestación integrado en sus políticas de recuperación y protección forestal. De acuerdo con la información presentada por el Gobierno griego, este plan busca restaurar ecosistemas forestales degradados utilizando principalmente especies autóctonas.

A ello se suman programas como AntiNERO, destinados a mejorar la prevención y gestión del riesgo de incendios mediante trabajos de limpieza de vegetación, mantenimiento de caminos forestales, creación de zonas de protección y otras actuaciones.

La Comisión Europea señala que el programa nacional contempla, entre otros objetivos, la reforestación de aproximadamente 5.700 hectáreas, la mejora de 105.500 hectáreas de ecosistemas degradados, 5.000 hectáreas de actuaciones contra la erosión y 175.000 metros cuadrados de obras de protección frente a inundaciones.

Estos trabajos muestran que la política forestal griega no se limita a plantar árboles después de un incendio. También intenta actuar antes y durante el proceso de recuperación para reducir los riesgos posteriores.

La regeneración natural también tiene un papel fundamental

Aunque la palabra «reforestación» suele asociarse con la plantación de árboles, los especialistas no necesariamente consideran que plantar sea siempre la primera opción.

Después de un incendio, algunas especies pueden regenerarse naturalmente a partir de semillas, raíces o brotes que permanecen en el terreno.

Por esa razón, una restauración bien planificada puede combinar regeneración natural y plantación artificial.

Las políticas griegas contemplan precisamente la protección y promoción de la regeneración natural de la vegetación forestal como parte de sus medidas de gestión.

La decisión depende de las características de cada área.

Si existen suficientes árboles jóvenes capaces de regenerar el bosque, intervenir demasiado puede resultar innecesario. Si, por el contrario, el incendio ha eliminado las fuentes de regeneración o existen problemas severos de erosión, sequía o degradación del suelo, la intervención humana puede ser necesaria.

Evitar que el suelo sea la próxima víctima

Uno de los desafíos más importantes después de un gran incendio es proteger el suelo.

Cuando desaparece la vegetación que mantenía unida la tierra, las lluvias intensas pueden arrastrar sedimentos hacia las partes bajas de las laderas.

Por esta razón, Grecia ha desarrollado también actuaciones de control de la erosión y protección frente a inundaciones en algunas de las áreas más afectadas por grandes incendios.

El caso de Evia es especialmente relevante.

En agosto de 2021, la isla sufrió uno de los mayores incendios de su historia reciente. La Comisión Europea señala que aproximadamente el 33 % de la superficie forestal de la isla y unas 10.000 hectáreas de matorral resultaron gravemente afectadas.

Después de aquella emergencia se impulsaron proyectos para estudiar la recuperación de la biodiversidad y desarrollar sistemas de seguimiento de los ecosistemas afectados.

El objetivo es que las decisiones de restauración no se basen únicamente en estimaciones visuales, sino también en información científica sobre la evolución de las especies, el suelo y los servicios ecosistémicos.

Evia y Dadia: dos territorios que muestran la dimensión del desafío

La experiencia de Evia ha adquirido especial importancia en la política ambiental griega.

La isla no solo perdió grandes superficies forestales; también quedó expuesta a procesos de degradación posteriores al fuego.

Por ello, el Gobierno griego ha contemplado obras de protección contra la erosión y las inundaciones en zonas afectadas por los incendios de Evia y Dadia.

Dadia, en la región de Evros, sufrió grandes incendios en 2022 y 2023, afectando uno de los paisajes forestales más importantes del noreste de Grecia.

En estos casos, la restauración requiere una planificación que tenga en cuenta tanto la recuperación de la vegetación como la protección de los suelos y la conservación de la biodiversidad.

La ciencia detrás de la recuperación después del fuego

La investigación también está ayudando a determinar qué ocurre en los terrenos quemados durante los años posteriores al incendio.

Un estudio publicado en 2026 analizó durante dos años la recuperación de la biodiversidad vegetal en estructuras de rehabilitación posteriores a incendios en Grecia, específicamente en áreas afectadas durante la temporada de incendios de 2021 en Parnitha, en Ática, y Mavrolimni, en Corintia y el Peloponeso.

El trabajo estudió la recuperación de plantas vasculares y la relación entre las actuaciones realizadas después del incendio y la evolución de la vegetación.

Este tipo de investigaciones es importante porque permite comprobar si una intervención realmente está ayudando al ecosistema o si, por el contrario, produce efectos inesperados.

Un desafío que se vuelve más urgente con el cambio climático

La restauración de los bosques griegos se desarrolla en un contexto cada vez más complicado.

Los incendios mediterráneos están relacionados con una combinación de factores: temperaturas elevadas, sequedad de la vegetación, disponibilidad de combustible, condiciones del terreno y viento, entre otros.

Durante el verano de 2026, Grecia volvió a experimentar episodios graves de incendios forestales. A comienzos de agosto, por ejemplo, fuertes vientos complicaron las labores de extinción en zonas próximas a Porto Germeno y otras partes del país. Reuters informó entonces que las condiciones de calor extremo y viento estaban agravando el riesgo de incendios en el sur de Europa.

Estos acontecimientos evidencian una paradoja.

Mientras Grecia intenta recuperar los bosques destruidos por incendios anteriores, las condiciones que favorecen nuevos incendios continúan representando una amenaza.

Por eso, la restauración forestal debe ir acompañada de prevención, planificación territorial, manejo de la vegetación y sistemas de respuesta rápida.

No se trata de volver exactamente al pasado

Otro aspecto fundamental es comprender que restaurar un bosque no necesariamente significa reconstruir exactamente el paisaje que existía antes del incendio.

Las condiciones climáticas pueden haber cambiado. El suelo puede haber perdido parte de sus propiedades. Algunas especies pueden haber disminuido. Otras pueden haber aumentado su presencia.

Por ello, la restauración ecológica moderna busca recuperar funciones y resiliencia, además de cobertura vegetal.

Un bosque restaurado debe ser capaz de ofrecer refugio y alimento para la fauna, proteger el suelo, favorecer la infiltración del agua, almacenar carbono y mantener una comunidad vegetal suficientemente diversa.

En este sentido, los encinos pueden convertirse en una pieza importante dentro de un sistema más amplio, pero no necesariamente en la única especie que debe plantarse.

De una plantación a un ecosistema

El ejemplo griego permite entender una diferencia que cada vez cobra más importancia en la conservación ambiental.

Reforestar significa volver a poner árboles. Restaurar significa intentar reconstruir un ecosistema.

La segunda tarea es mucho más compleja.

Implica conocer qué especies pertenecían originalmente al territorio, estudiar cómo funciona el suelo, identificar la vegetación que puede regenerarse por sí misma, proteger las áreas vulnerables a la erosión y seleccionar cuidadosamente las especies que deben introducirse.

En el caso de los proyectos de restauración de encinos en Grecia, la intención es recuperar comunidades vegetales diversas y adaptadas a las condiciones mediterráneas, en lugar de establecer plantaciones uniformes.

El reto será mantener vivos los árboles plantados

Plantar un árbol representa apenas el comienzo.

Los primeros años son especialmente importantes debido al estrés provocado por la sequía, las altas temperaturas, la competencia con otras plantas y las características del suelo.

El propio proyecto Athenian Oak Revival muestra esta dificultad: sus informes señalan que las condiciones extremadamente cálidas y secas ralentizaron el crecimiento de los árboles, aunque algunas especies adaptadas al calor presentaron un desempeño favorable.

Por eso, los programas de restauración necesitan seguimiento durante años.

La supervivencia de las plántulas, su crecimiento, la aparición de regeneración natural y el desarrollo de otras especies son indicadores mucho más importantes que el número de árboles plantados inicialmente.

Grecia busca que sus bosques sean más resistentes al próximo incendio

La restauración de bosques de encino representa, en última instancia, una apuesta por aumentar la capacidad de recuperación de los ecosistemas griegos.

El país no puede eliminar por completo el riesgo de incendios, especialmente en un escenario marcado por sequías, calor extremo y condiciones meteorológicas cada vez más favorables para la propagación del fuego.

Pero sí puede modificar la manera en que gestiona los territorios afectados.

El enfoque que combina especies autóctonas, diversidad vegetal, regeneración natural, protección del suelo, prevención de incendios y seguimiento científico busca que los bosques recuperados no sean simplemente una réplica vulnerable de lo que existía antes.

La experiencia de proyectos como Greek Oak Restoration y Athenian Oak Revival, junto con el Plan Nacional de Reforestación y las actuaciones públicas de restauración, muestran que Grecia está intentando convertir las zonas quemadas en oportunidades para reconstruir ecosistemas más diversos y resistentes.

El proceso, sin embargo, será necesariamente lento. Un árbol puede plantarse en cuestión de minutos, pero un bosque necesita años para desarrollar raíces profundas, estructura, biodiversidad y capacidad de sostenerse por sí mismo.

En las laderas que alguna vez quedaron negras después de las llamas, cada nuevo encino representa mucho más que un árbol: es una pieza de un ecosistema que intenta volver a funcionar.

Contexto clave

La política forestal griega también distingue entre las zonas donde la naturaleza puede regenerarse por sí misma y aquellas donde es necesaria una intervención humana. El Ministerio de Medio Ambiente y Energía contempla tanto la promoción de la regeneración natural como la reforestación y las actuaciones contra la erosión y las inundaciones.

Además, la experiencia de Evia llevó a desarrollar mecanismos específicos para monitorizar la recuperación de la biodiversidad después de los grandes incendios y mejorar la coordinación entre científicos, autoridades y gestores del territorio.

De esta manera, la restauración de bosques de encino en Grecia no debe entenderse como una única campaña de plantación, sino como parte de una estrategia mucho más amplia: recuperar ecosistemas dañados, proteger los suelos, conservar especies autóctonas y preparar los paisajes mediterráneos para un futuro en el que los incendios y el calor extremo seguirán siendo una amenaza importante.