Tokio lleva años buscando nuevas formas de hacer frente a uno de los problemas que se intensifica durante sus veranos: el efecto de isla de calor urbana. Entre las estrategias que impulsa la capital japonesa se encuentra el uso de pavimentos fríos, una tecnología que modifica las propiedades de las superficies de las calles para reducir el aumento de su temperatura.

Aunque en ocasiones se presenta esta iniciativa como una nueva prueba de una mezcla de asfalto reflectante específicamente instalada en aceras, la información oficial disponible muestra un panorama algo más amplio: Tokio ya utiliza desde hace años pavimentos capaces de reflejar parte de la radiación solar y otros que retienen agua para disminuir la temperatura de las superficies. En 2026, la ciudad continúa ampliando estas medidas como parte de su estrategia contra las altas temperaturas.

La apuesta resulta especialmente relevante en una ciudad densamente urbanizada, donde grandes extensiones de edificios, carreteras y superficies pavimentadas absorben radiación solar durante el día y pueden liberar ese calor posteriormente.

¿Qué son los pavimentos fríos?

El concepto de pavimento frío engloba diferentes tecnologías diseñadas para evitar que las superficies urbanas alcancen temperaturas tan elevadas como las del asfalto convencional.

En el caso de Tokio, una de las soluciones utilizadas es el denominado pavimento con protección o bloqueo térmico. Su funcionamiento se basa en aplicar sobre la superficie un material con pigmentos especiales capaces de reflejar parte de la radiación solar, especialmente la radiación infrarroja cercana.

De esta manera, una menor cantidad de energía solar queda almacenada en el pavimento y se limita el incremento de la temperatura de la superficie. La propia documentación del Gobierno Metropolitano de Tokio señala que esta tecnología puede reducir el aumento de la temperatura superficial en alrededor de 8 °C en determinadas condiciones.

La tecnología no significa simplemente pintar las calles de blanco. De hecho, Tokio utiliza superficies de tonalidades oscuras o grisáceas que incorporan pigmentos especiales reflectantes, permitiendo conservar una apariencia relativamente convencional mientras se modifica la manera en que el pavimento interactúa con la radiación solar.

El problema detrás de la innovación: la isla de calor urbana

Para entender por qué Tokio está invirtiendo en este tipo de infraestructura es necesario observar el fenómeno conocido como isla de calor urbana.

Las ciudades concentran grandes cantidades de hormigón, asfalto, edificios, vehículos y otras estructuras que sustituyen superficies naturales como vegetación, tierra y cuerpos de agua.

Durante el día, estos materiales absorben energía procedente del Sol. Posteriormente, liberan parte de ese calor hacia el entorno. Al mismo tiempo, las ciudades generan calor adicional a través de vehículos, sistemas de climatización, industrias y otras actividades.

El resultado puede ser un entorno urbano considerablemente más cálido que las zonas menos urbanizadas que lo rodean.

El Gobierno Metropolitano de Tokio reconoce precisamente la combinación de la urbanización, la reducción de espacios verdes y superficies de agua, el aumento de superficies artificiales y las emisiones de calor de edificios y vehículos como factores relacionados con la intensificación del efecto de isla de calor en la capital japonesa.

¿Cómo funciona el asfalto reflectante?

El principio es relativamente sencillo.

En un pavimento convencional, una parte importante de la radiación solar es absorbida por la superficie. Esa energía contribuye a elevar la temperatura del asfalto.

Los pavimentos reflectantes incorporan materiales capaces de devolver una mayor proporción de la radiación solar, particularmente en determinadas longitudes de onda del espectro infrarrojo.

El Gobierno Metropolitano de Tokio explica que el material de protección térmica contiene pigmentos especiales que reflejan los rayos infrarrojos cercanos. Al reducir la energía que queda acumulada en la superficie, disminuye el calentamiento del pavimento.

La diferencia puede observarse mediante cámaras térmicas. En comparaciones realizadas en Japón, las superficies tratadas muestran temperaturas inferiores a las del pavimento convencional bajo condiciones similares.

Esto tiene una consecuencia importante: el beneficio no consiste únicamente en que el pavimento esté más frío al tacto, sino en que puede reducir la cantidad de calor que una superficie urbana intercambia con su entorno.

Tokio ya ha instalado cientos de kilómetros de estos pavimentos

La iniciativa tampoco parte de cero.

Según datos publicados por el Gobierno Metropolitano de Tokio, al finalizar el ejercicio fiscal 2024 la longitud acumulada de pavimentos de tipo aislante térmico y de pavimentos capaces de retener agua alcanzaba aproximadamente 200 kilómetros.

Además, durante ese mismo ejercicio se completaron 10 kilómetros adicionales dentro de los proyectos considerados en el informe de sostenibilidad de Tokio. La ciudad tiene como objetivo alcanzar aproximadamente 245 kilómetros para el ejercicio fiscal 2030.

Las intervenciones se concentran especialmente en áreas urbanas de alta densidad y zonas centrales, donde las superficies pavimentadas tienen una importante influencia sobre el ambiente térmico.

Esto demuestra que la estrategia de Tokio no se limita a un pequeño experimento aislado, sino que forma parte de una política de infraestructura urbana que se ha desarrollado durante varios años.

No existe una única solución: Tokio también utiliza pavimento que retiene agua

Una de las características más interesantes de la estrategia japonesa es que no todos los pavimentos fríos funcionan de la misma manera.

Además de las superficies reflectantes, Tokio utiliza pavimentos denominados permeables o retenedores de agua.

Estos materiales poseen una estructura capaz de almacenar agua. Cuando el agua se evapora, utiliza energía térmica del entorno durante el proceso de evaporación, ayudando a disminuir el calentamiento de la superficie.

Según el Gobierno Metropolitano de Tokio, este sistema puede reducir el aumento de la temperatura de la superficie hasta en aproximadamente 10 °C bajo determinadas condiciones.

Por tanto, Tokio está combinando dos principios diferentes: reflejar parte de la radiación solar y aprovechar el enfriamiento producido por la evaporación del agua.

¿Por qué es importante para los peatones?

La temperatura del pavimento no es un detalle menor cuando se habla de calor extremo.

Una persona que camina por una calle rodeada de superficies muy calientes recibe calor no solamente del aire, sino también mediante la radiación procedente del entorno.

El propio Gobierno Metropolitano incluye la temperatura y la radiación térmica de superficies como las carreteras entre los elementos que influyen en el WBGT, un indicador utilizado para evaluar el estrés térmico sobre el cuerpo humano.

Por ello, disminuir la temperatura de las superficies urbanas puede formar parte de una estrategia más amplia para mejorar las condiciones de movilidad peatonal durante los meses más calurosos.

Sin embargo, es importante hacer una precisión: un pavimento reflectante no elimina por sí solo el riesgo de golpe de calor. Su función es reducir uno de los componentes del ambiente térmico urbano y debe combinarse con sombra, vegetación, hidratación, espacios de descanso y otras medidas.

Una estrategia que va más allá del pavimento

La política de Tokio frente al calor no se limita a modificar las calles.

La ciudad también está implementando medidas como espacios verdes, mejoras urbanas, áreas de sombra, sistemas de información sobre riesgo térmico y puntos donde las personas pueden refugiarse de las altas temperaturas.

En 2026, el Gobierno Metropolitano ha continuado ampliando su sistema de información Tokyo WBGT Map, que permite consultar el nivel de estrés térmico y localizar determinados espacios de alivio frente al calor.

La lógica es que ninguna tecnología individual puede solucionar un problema tan complejo como el calentamiento urbano.

Los pavimentos reflectantes pueden contribuir a disminuir el calentamiento de las superficies, mientras que los árboles y zonas verdes proporcionan sombra y evapotranspiración, y los espacios climatizados ofrecen protección directa a las personas.

Una tecnología prometedora, pero no exenta de desafíos

Aunque los pavimentos fríos ofrecen ventajas, su utilización también plantea interrogantes.

Una superficie que refleja más radiación puede modificar el ambiente térmico de los peatones de maneras que deben estudiarse cuidadosamente. La radiación reflejada, por ejemplo, puede incrementar la exposición de las personas dependiendo de la geometría de las calles y de la posición del Sol.

Investigaciones sobre pavimentos fríos han señalado precisamente que una mayor reflectividad puede tener efectos diferentes sobre la temperatura de la superficie y sobre la exposición térmica de los peatones.

Por eso, el objetivo no debería ser simplemente conseguir una superficie con la menor temperatura posible, sino diseñar espacios urbanos térmicamente más confortables en su conjunto.

También existen cuestiones relacionadas con los costes, el mantenimiento, la durabilidad de los materiales y su comportamiento después de años de exposición a la lluvia, el tráfico y otros factores ambientales.

Tokio convierte la infraestructura en una herramienta contra el cambio climático

La experiencia de Tokio muestra cómo una infraestructura aparentemente cotidiana puede convertirse en parte de una estrategia de adaptación climática.

Una carretera normalmente se considera simplemente una superficie destinada al transporte. Sin embargo, su material, color, capacidad de reflejar radiación y capacidad para almacenar agua pueden modificar las condiciones térmicas de una zona urbana.

En este sentido, los pavimentos fríos representan una tendencia dentro de un movimiento más amplio hacia ciudades capaces de adaptarse a temperaturas cada vez más elevadas.

El Gobierno Metropolitano mantiene actualmente estas tecnologías dentro de sus medidas contra el efecto de isla de calor y continúa contemplando su expansión. En sus planes, los pavimentos aislantes térmicos y los pavimentos retenedores de agua forman parte de las actuaciones de mantenimiento y mejora de las vías urbanas.

Una apuesta que podría inspirar a otras ciudades

El caso de Tokio resulta especialmente interesante para otras grandes ciudades que enfrentan temperaturas elevadas y una creciente cantidad de superficies pavimentadas.

El principio puede adaptarse a diferentes contextos: carreteras, espacios peatonales, plazas, estacionamientos y otras superficies urbanas pueden incorporar soluciones destinadas a disminuir su calentamiento.

Pero la experiencia japonesa también deja una lección importante: combatir la isla de calor requiere combinar tecnologías.

Modificar el pavimento puede ayudar, pero sus efectos serán mayores cuando se integre con árboles, corredores verdes, sombra, espacios de agua, materiales adecuados y una planificación urbana que reduzca la exposición de las personas al calor.

Más que un asfalto diferente

La apuesta de Tokio no consiste únicamente en fabricar un asfalto que se caliente menos. Representa un cambio de perspectiva sobre cómo las ciudades pueden utilizar su propia infraestructura para responder al cambio climático.

Con alrededor de 200 kilómetros de pavimentos aislantes térmicos y retenedores de agua acumulados hasta el final del ejercicio fiscal 2024 y un objetivo de aproximadamente 245 kilómetros para 2030, Tokio está convirtiendo sus calles en una pieza más de su estrategia de adaptación frente al calor.

La innovación demuestra que las soluciones frente al calentamiento urbano no siempre requieren grandes estructuras futuristas. En ocasiones, pueden comenzar desde el lugar que millones de personas pisan todos los días: el pavimento de la ciudad.