NORTE DE ÁFRICA. La salinización se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la agricultura en las regiones áridas y semiáridas del norte de África. En países como Egipto, Argelia, Marruecos y Túnez, la combinación de altas temperaturas, escasez de precipitaciones, presión sobre los acuíferos y prácticas de riego inadecuadas puede favorecer la acumulación de sales en los suelos y reducir progresivamente su capacidad productiva.

Frente a este escenario, diferentes instituciones de investigación, organismos internacionales y autoridades agrícolas han desarrollado proyectos destinados a prevenir, manejar y recuperar suelos afectados por la salinidad. Entre las estrategias utilizadas se encuentran la mejora del drenaje, el manejo eficiente del riego, el lavado controlado de las sales, el uso de materia orgánica, la selección de cultivos tolerantes y, en determinados lugares, el denominado drenaje biológico o biodrenaje.

Aunque estas iniciativas han permitido recuperar determinadas superficies y mejorar las condiciones de producción, los especialistas advierten que no existe una solución única para todos los terrenos. La recuperación depende de las características del suelo, la calidad del agua, la profundidad del nivel freático, el clima y las condiciones económicas de cada región.

La salinización, un problema que empieza bajo la superficie

La salinización ocurre cuando las sales solubles se acumulan en el suelo, especialmente en la zona donde se desarrollan las raíces. En ambientes áridos, la elevada evaporación puede llevar agua hacia la superficie mientras las sales quedan concentradas en el terreno.

El problema puede agravarse cuando se utiliza agua de riego con una concentración considerable de sales y el sistema de drenaje no permite evacuar adecuadamente el exceso de agua. Con el tiempo, las sales pueden alcanzar niveles que dificultan que las plantas absorban agua y nutrientes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que los suelos afectados por sales pueden presentar disminuciones en la productividad, menores rendimientos agrícolas, mayor necesidad de insumos e incluso pérdida total de la capacidad productiva cuando la degradación alcanza niveles severos.

El problema no es exclusivo del norte de África, pero las condiciones climáticas de la región lo hacen especialmente relevante. La oficina regional de la FAO para el Cercano Oriente y Norte de África señala que la región presenta importantes limitaciones de suelo relacionadas con la aridez, la baja materia orgánica y la salinidad. Además, la agricultura irrigada representa una parte fundamental de la producción en numerosos territorios.

Egipto: una experiencia de recuperación en tierras afectadas por la sal

Uno de los casos documentados se encuentra en Egipto, particularmente en la zona de Suez. Allí, el International Center for Biosaline Agriculture (ICBA) comenzó en 2010 una colaboración con autoridades agrícolas y organismos locales para ayudar a los agricultores a manejar terrenos afectados por salinidad.

Los trabajos combinaron distintas estrategias de agricultura adaptada a ambientes salinos, entre ellas el uso de cultivos tolerantes a la sal, capacitación de agricultores, manejo mejorado del agua y modificaciones de los sistemas de drenaje.

Según el propio ICBA, dos proyectos desarrollados en la zona permitieron recuperar aproximadamente 63 hectáreas de tierras que anteriormente no eran cultivables. La iniciativa no se limitó a intervenir directamente sobre el suelo: también buscó que los agricultores adquirieran conocimientos para mantener la productividad de las parcelas en condiciones de escasez de agua y salinidad.

Una de las herramientas utilizadas fue la introducción de cultivos capaces de soportar condiciones de salinidad. Entre ellos estuvieron la quinoa, cebada, trigo, sorgo, mijo y triticale. La lógica es relativamente sencilla: si la eliminación completa de las sales resulta costosa o técnicamente difícil, determinadas especies pueden permitir aprovechar terrenos que no serían adecuados para cultivos convencionales.

Miles de hectáreas fueron incluidas en programas de investigación y demostración

La experiencia egipcia tuvo una dimensión superior a las 63 hectáreas específicamente señaladas como recuperadas.

El ICBA informa que los proyectos desarrollados en Egipto llegaron a cubrir algo más de 3.780 hectáreas, aunque esta cifra corresponde al área cubierta por los proyectos y no significa que todas esas hectáreas hayan sido completamente restauradas. Esta distinción es importante para evitar confundir superficies de investigación, demostración o intervención con terrenos totalmente recuperados.

Además, el segundo proyecto desarrollado específicamente en Egipto alcanzó alrededor de 1.400 agricultores y unas 2.000 parcelas experimentales. El objetivo era evaluar y ampliar el uso de especies agrícolas resistentes a condiciones adversas, además de mejorar las capacidades técnicas de agricultores e ingenieros agrícolas.

El trabajo también tuvo una dimensión de cooperación internacional. El ICBA desarrolló estos programas junto con instituciones egipcias como el Desert Research Center y el Ministerio de Agricultura y Recuperación de Tierras. En otros programas relacionados con agricultura resiliente en Egipto participaron además organismos internacionales y agencias de cooperación.

¿Qué es el drenaje biológico?

Una de las técnicas que ha despertado interés en regiones con problemas de exceso de agua y salinidad es el drenaje biológico o biodrenaje.

A diferencia de un drenaje convencional, basado principalmente en canales, tuberías, bombas u otras infraestructuras, el biodrenaje utiliza plantas de raíces profundas y elevada capacidad de transpiración para extraer agua del suelo.

El principio consiste en que determinadas especies vegetales absorban parte del agua existente cerca de la superficie o en la zona capilar y la liberen posteriormente a la atmósfera mediante evapotranspiración. Al disminuir el nivel de agua subterránea, se puede reducir la posibilidad de que las sales asciendan hacia la zona de las raíces.

Entre las especies estudiadas para estos sistemas aparecen árboles como eucalipto, álamo, tamarisco, acacia y otras especies de elevada demanda hídrica. Sin embargo, su utilización debe estudiarse cuidadosamente porque el consumo de agua por parte de los árboles, la competencia con los cultivos y las condiciones ecológicas pueden determinar si la estrategia resulta apropiada.

La evidencia científica también indica que el biodrenaje no debe presentarse como una solución universal. Una revisión publicada en 2026 señala que su efectividad depende del tipo de suelo, la calidad del agua subterránea, las especies utilizadas, la disponibilidad de terreno y otros factores, y que en determinados lugares puede ser necesario combinarlo con drenajes convencionales.

Argelia: los árboles como parte de una estrategia de drenaje

Un caso particularmente interesante se encuentra en el oasis de Souf, en el sur de Argelia.

La zona sufrió problemas relacionados con el aumento del nivel de las aguas subterráneas, derivados de la gestión del agua en un ambiente extremadamente árido. Esta situación generó condiciones de anegamiento que afectaron tanto a zonas agrícolas como a áreas urbanas.

Un estudio publicado en 2022 analizó el uso de Eucalyptus camaldulensis como sistema de biodrenaje. Los investigadores encontraron que la utilización de estos árboles contribuyó a disminuir los niveles de agua subterránea poco profunda y produjo beneficios asociados a la protección del suelo frente a la salinización.

El caso de Souf resulta especialmente relevante porque demuestra que el problema en las regiones áridas no siempre es simplemente la falta de agua. En determinadas zonas agrícolas irrigadas puede producirse el fenómeno contrario: acumulación de agua cerca de la superficie, aumento de la salinidad y deterioro progresivo de los terrenos.

Por eso, la gestión agrícola necesita considerar simultáneamente cuánta agua entra al sistema, cuánta utilizan los cultivos, cuánta se evapora y cuánta debe salir mediante drenaje.

El caso de Suez muestra también los límites del biodrenaje

Egipto cuenta además con un antecedente específico relacionado directamente con el drenaje biológico.

En un estudio sobre el proyecto de recuperación de tierras del este de Suez, investigadores analizaron la posibilidad de utilizar especies como Populus, Tamarix y Acacia para absorber agua procedente del subsuelo y contribuir al control del nivel freático y la salinidad.

El proyecto general contemplaba unas 40.000 feddanes, equivalentes aproximadamente a 16.800 hectáreas. Sin embargo, el análisis concluyó que únicamente unas 472 feddanes —alrededor de 198 hectáreas— presentaban condiciones adecuadas para aplicar la solución de biodrenaje estudiada. Los propios investigadores concluyeron que esta alternativa podía ser útil, pero no era suficiente por sí sola para solucionar las necesidades de drenaje de todo el proyecto.

Este ejemplo es importante porque muestra una de las principales características de la restauración de suelos: una tecnología puede funcionar correctamente en determinadas condiciones sin convertirse automáticamente en una solución aplicable a toda una región.

Recuperar el suelo no significa solamente retirar la sal

La restauración de suelos agrícolas requiere una combinación de medidas.

La FAO establece que el manejo de suelos afectados por sales puede incluir prácticas hidráulicas, mecánicas, químicas y biológicas. Entre las primeras se encuentran el drenaje superficial y subsuperficial y el lavado controlado de las sales. Entre las prácticas físicas aparecen la nivelación del terreno y el laboreo profundo, mientras que las estrategias biológicas pueden incluir materia orgánica, cultivos de cobertura, residuos vegetales y especies tolerantes a la salinidad.

Esto significa que recuperar una parcela no consiste simplemente en «sacar la sal». Primero es necesario conocer qué tipo de suelo existe, qué sales están presentes, cuál es la calidad del agua de riego y qué tan cerca se encuentra el agua subterránea de la superficie.

Posteriormente, puede ser necesario mejorar el drenaje y aplicar suficiente agua para movilizar las sales fuera de la zona radicular. Pero esa agua debe poder evacuarse de manera segura; de lo contrario, el proceso puede trasladar el problema hacia otras áreas o aumentar la salinidad de aguas superficiales y subterráneas.

Marruecos y Túnez también enfrentan una presión creciente

La situación no se limita a Egipto y Argelia.

Una revisión científica publicada en 2025 sobre el manejo agroecológico de suelos en el norte de África señala que la salinización constituye un problema relevante en diferentes países de la región. En Marruecos, por ejemplo, se han documentado importantes superficies irrigadas afectadas por salinidad, asociadas entre otros factores al drenaje insuficiente, el ascenso de aguas subterráneas salinas y el uso de agua de riego con riesgo de salinización.

En Túnez, diferentes estudios han identificado problemas de salinidad tanto en el norte como en el sur del país. La combinación de agua de riego salina, condiciones climáticas áridas y presión sobre los recursos hídricos puede acelerar la degradación de los suelos agrícolas.

La situación ha llevado a estudiar diferentes mecanismos de adaptación. Un análisis de 2025 realizado con 294 hogares agrícolas de Egipto, Marruecos y Túnez encontró que cerca del 54 % de los hogares encuestados reportó pérdidas de rendimiento relacionadas con la salinidad. Entre las respuestas utilizadas por los agricultores estuvieron la rotación de cultivos, variedades tolerantes al estrés salino, manejo del drenaje, enmiendas del suelo y mejoras en las prácticas de riego.

La cooperación internacional busca convertir experiencias locales en soluciones regionales

La restauración de suelos salinos requiere conocimientos que normalmente no pueden desarrollarse únicamente desde una explotación agrícola individual. Por eso han adquirido importancia los programas que conectan gobiernos, universidades, centros de investigación, agricultores y organizaciones internacionales.

Un ejemplo es la International Network of Salt-Affected Soils (INSAS), establecida en 2019 como una red técnica de la Global Soil Partnership de la FAO. Su objetivo es facilitar la colaboración entre países, investigadores, agricultores y responsables de políticas públicas para mejorar la gestión sostenible de los suelos afectados por salinidad.

En el ámbito del Cercano Oriente y Norte de África, la FAO también desarrolló un proyecto de cooperación técnica iniciado en 2020 para fortalecer las capacidades relacionadas con el manejo sostenible de los recursos del suelo. El programa involucró a 11 países y buscó mejorar el conocimiento de los problemas de los suelos, fortalecer las capacidades nacionales y aumentar la cooperación regional.

Este tipo de cooperación resulta especialmente relevante porque las causas de la salinización pueden variar considerablemente entre territorios. Una estrategia útil para un oasis del Sahara no necesariamente será adecuada para una zona costera o para un valle irrigado.

Cambio climático: un problema que puede aumentar la presión sobre los suelos

El cambio climático añade otra dificultad.

El aumento de las temperaturas puede incrementar la evaporación y favorecer la concentración de sales en regiones donde las precipitaciones son escasas. Al mismo tiempo, la disminución de la disponibilidad de agua puede llevar a una mayor dependencia del riego y de fuentes de agua de menor calidad.

En las zonas costeras existe además otro riesgo: la sobreexplotación de los acuíferos puede facilitar la entrada de agua marina y aumentar la salinidad de las fuentes utilizadas posteriormente para la agricultura. Investigaciones sobre el norte de África han señalado precisamente la relación entre sobreexplotación de acuíferos costeros, intrusión marina y deterioro de la calidad del agua.

Por esta razón, la restauración de suelos no puede separarse de la gestión del agua. Recuperar una parcela sin modificar las prácticas que provocaron la acumulación de sales podría hacer que el problema vuelva a aparecer.

Una recuperación que necesita tiempo y seguimiento

Los casos estudiados en el norte de África muestran que la restauración puede producir resultados concretos, pero también que no se trata de un proceso inmediato.

El drenaje biológico necesita tiempo para que los árboles o plantas alcancen una capacidad suficiente de extracción de agua. Una revisión científica sobre biodrenaje señala que determinadas plantaciones pueden reducir los niveles de agua subterránea de forma significativa durante varios años, aunque los resultados dependen de las condiciones locales.

Además, la recuperación del suelo debe acompañarse de mediciones periódicas de salinidad, nivel freático, calidad del agua y productividad de los cultivos.

Esto es especialmente importante porque una reducción temporal de la salinidad no garantiza que el suelo permanezca recuperado. Si vuelve a existir un exceso de riego, un drenaje deficiente o una fuente de agua con elevada concentración de sales, el proceso de degradación puede reiniciarse.

De tierras degradadas a sistemas agrícolas más resistentes

Los proyectos desarrollados en Egipto y las investigaciones realizadas en Argelia muestran que existen diferentes caminos para enfrentar la salinización. En algunos lugares puede ser necesario construir o rehabilitar infraestructura de drenaje; en otros, puede ser útil incorporar especies vegetales capaces de extraer agua del subsuelo. En determinadas parcelas, la estrategia puede centrarse en cultivos tolerantes a la sal, mientras que en otras será indispensable mejorar primero la calidad del agua y las condiciones hidráulicas.

El caso egipcio demuestra que la combinación de investigación, capacitación y agricultura tolerante a la sal puede contribuir a recuperar terrenos que anteriormente no eran productivos. El caso del oasis de Souf, por su parte, evidencia el potencial del biodrenaje como herramienta complementaria para controlar niveles elevados de agua subterránea.

Pero también existen límites. La propia FAO advierte que no existe una única técnica capaz de solucionar todos los casos de salinización y que las estrategias deben adaptarse a las condiciones físicas, ambientales y económicas de cada territorio.

Un desafío que va más allá de la agricultura

La restauración de suelos agrícolas en el norte de África representa, en última instancia, un problema de seguridad alimentaria, gestión del agua y adaptación climática.

Recuperar una hectárea que dejó de ser productiva significa conservar una superficie que puede volver a generar alimentos e ingresos para una comunidad rural. Sin embargo, mantenerla productiva exige algo más que una intervención puntual: requiere controlar el agua, vigilar la salinidad, seleccionar cultivos adecuados y mantener sistemas de drenaje funcionales.

Los proyectos de cooperación internacional y las investigaciones sobre biodrenaje muestran que existen herramientas para enfrentar el problema. La experiencia acumulada en Egipto, Argelia, Marruecos y Túnez también deja una conclusión clara: la recuperación de los suelos salinizados es posible en determinadas condiciones, pero depende de soluciones integradas y de largo plazo, no de una única tecnología aplicada de manera aislada.