Dormir con una pequeña fuente de luz encendida podría estar relacionado con cambios que afectan la estructura y el funcionamiento del corazón. Esa es una de las principales conclusiones de una investigación realizada por científicos de la Universidad de Tulane y publicada el 9 de septiembre de 2026 en el European Heart Journal.
El trabajo analizó la exposición a la luz durante la noche y posteriormente examinó mediante resonancia magnética cardiovascular diferentes características del corazón. Los investigadores encontraron que las personas expuestas a niveles más altos de luz nocturna presentaban modificaciones en la estructura del ventrículo izquierdo, además de señales de un funcionamiento cardíaco ligeramente menor.
El hallazgo resulta relevante porque investigaciones anteriores ya habían relacionado la exposición a luz durante la noche con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, pero existía menos información sobre qué cambios concretos podían producirse en la estructura del corazón.
Sin embargo, hay una precisión importante: el estudio no demuestra que la luz artificial cause directamente daño cardíaco, ni estudió exclusivamente las horas de «sueño profundo». Se trata de un estudio observacional que encontró asociaciones entre la exposición a luz nocturna y determinados cambios cardíacos.
¿Qué encontró exactamente la investigación?
El estudio, titulado Nighttime light exposure and cardiac structure and function, fue realizado por investigadores vinculados a la Universidad de Tulane y otras instituciones académicas. Fue publicado en el European Heart Journal el 9 de septiembre de 2026.
Para analizar la exposición individual a la luz, los investigadores utilizaron información del UK Biobank. Un grupo de 11.071 participantes llevó durante siete días un dispositivo en la muñeca que registraba, entre otros parámetros, la cantidad de luz a la que estaban expuestos.
Posteriormente, aproximadamente tres años después de esa medición inicial, los participantes fueron sometidos a una resonancia magnética cardiovascular, una técnica que permite observar con gran precisión la estructura y el funcionamiento del corazón.
Los investigadores compararon a las personas prácticamente no expuestas a luz nocturna con aquellas que presentaban niveles superiores a 3 lux durante la noche.
El lux es una unidad utilizada para medir la cantidad de iluminación que llega a una superficie. Los niveles estudiados eran relativamente bajos: la Universidad de Tulane explicó que más de 3 lux puede ser comparable, aproximadamente, con la luz de una pantalla de teléfono con brillo bajo colocada sobre una mesa de noche o con la iluminación de un pasillo que entra por una puerta ligeramente abierta.
Cambios observados en el ventrículo izquierdo
Uno de los principales hallazgos estuvo relacionado con el ventrículo izquierdo, la cámara del corazón encargada de impulsar la sangre hacia la circulación sistémica.
Las personas que estuvieron expuestas a niveles elevados de luz nocturna presentaron una mayor masa del ventrículo izquierdo y un mayor grosor de sus paredes en comparación con quienes no tuvieron exposición nocturna por encima de los niveles establecidos por el estudio.
De acuerdo con los resultados publicados, la exposición nocturna superior a 3 lux se asoció con:
- 2,4 % más de masa ventricular izquierda, ajustada según la estatura.
- 1,5 % más de grosor medio de la pared ventricular izquierda.
- 1,9 % menos de fracción de contracción miocárdica.
También se observaron alteraciones en diferentes indicadores utilizados para medir la deformación y el movimiento del músculo cardíaco.
En términos sencillos, el corazón de las personas con mayor exposición a luz nocturna mostraba características compatibles con un proceso de remodelación cardíaca.
¿Qué significa que el corazón se «remodele»?
El corazón no es una estructura completamente estática. Su músculo puede cambiar de tamaño, grosor y comportamiento como respuesta a diferentes condiciones.
Por ejemplo, determinadas enfermedades cardiovasculares y situaciones de estrés prolongado pueden hacer que el músculo cardíaco se vuelva más grueso. En el caso del ventrículo izquierdo, este fenómeno puede conocerse como hipertrofia ventricular izquierda.
El estudio de Tulane encontró una asociación entre una mayor exposición a luz nocturna y características compatibles con una hipertrofia concéntrica del ventrículo izquierdo.
Esto no significa que las personas que duermen con una lámpara encendida necesariamente desarrollen una enfermedad cardíaca. Los cambios encontrados fueron, en buena medida, subclínicos, es decir, modificaciones detectables mediante técnicas de investigación que no necesariamente significan que la persona tenga síntomas o una enfermedad diagnosticada.
La importancia del hallazgo está en que proporciona una posible conexión entre la exposición ambiental durante la noche y cambios físicos en el corazón.
La investigación no se limitó al ventrículo izquierdo
Aunque el ventrículo izquierdo recibió especial atención, los investigadores también encontraron asociaciones en otras partes del corazón.
En el ventrículo derecho, por ejemplo, se observaron aumentos en determinados volúmenes cardíacos. También se encontraron cambios en la aurícula izquierda, incluida una mayor dimensión máxima y una menor fracción de eyección.
En conjunto, los resultados apuntan a que la relación entre la exposición nocturna a luz y el corazón podría involucrar más de una cámara cardíaca, en lugar de limitarse exclusivamente al ventrículo izquierdo.
¿La luz artificial provoca estos cambios directamente?
Aquí se encuentra una de las principales limitaciones que deben tenerse en cuenta al interpretar la noticia.
El trabajo es un estudio observacional. Los investigadores encontraron que las personas con mayor exposición a luz nocturna presentaban determinadas características cardíacas, pero esto no permite demostrar por sí solo que la luz haya sido la causa directa de esas modificaciones.
En otras palabras, no se puede interpretar el resultado como:
«Dormir con una luz encendida provoca hipertrofia del corazón».
La conclusión científica es más específica: una mayor exposición a luz durante la noche estuvo asociada con cambios adversos en la estructura y función cardíacas después de considerar diferentes factores.
Puede existir además una combinación de mecanismos y factores asociados. El sueño, los ritmos circadianos, los hábitos nocturnos, la actividad física, las condiciones ambientales y otros elementos relacionados con el estilo de vida pueden intervenir en esta relación.
El sueño podría explicar parte de la asociación
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que los investigadores analizaron el papel de la duración del sueño.
Los resultados indicaron que parte de las asociaciones entre la luz nocturna y los cambios cardiovasculares estaba estadísticamente mediada por una menor duración del sueño. Dependiendo de la característica cardíaca analizada, la proporción mediada estuvo aproximadamente entre 24 % y 49 %.
Esto es importante porque significa que la exposición a luz durante la noche podría estar relacionada con alteraciones del sueño y, a través de ese mecanismo, con algunos de los cambios observados en el corazón.
Pero tampoco permite afirmar que la reducción del sueño sea el único mecanismo responsable.
¿Qué ocurre con la melatonina y el reloj biológico?
La exposición a luz durante la noche también es relevante desde el punto de vista de los ritmos circadianos.
El organismo utiliza señales ambientales, especialmente el ciclo natural de luz y oscuridad, para regular procesos relacionados con el sueño y la vigilia. La exposición a luz en momentos en los que el organismo debería encontrarse en oscuridad puede interferir con estas señales.
La investigación de Tulane señala que la luz nocturna puede afectar procesos relacionados con la regulación circadiana y la secreción de melatonina, una hormona vinculada con el ciclo sueño-vigilia.
Esto proporciona una posible explicación biológica para la relación entre la exposición nocturna, la calidad o duración del sueño y determinados resultados cardiovasculares.
No obstante, el estudio presentado no fue diseñado para demostrar experimentalmente una cadena causal completa desde la luz hasta el daño cardíaco.
También se analizaron enfermedades cardiovasculares
Además del análisis mediante resonancia magnética, los investigadores utilizaron una población mucho mayor para estudiar la relación entre exposición a luz nocturna y determinados acontecimientos cardiovasculares.
En un análisis de seguimiento que incluyó 73.286 participantes, quienes presentaban niveles elevados de exposición nocturna a luz tuvieron, durante un período de seguimiento de entre ocho y diez años, mayores riesgos estadísticos de varios eventos cardiovasculares en comparación con quienes no presentaban esa exposición.
El estudio reportó asociaciones con:
- 29 % más de riesgo de insuficiencia cardíaca.
- 15 % más de riesgo de fibrilación auricular.
- 24 % más de riesgo de infarto de miocardio.
- 33 % más de riesgo de accidente cerebrovascular.
- 26 % más de riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular.
Estas cifras deben interpretarse nuevamente como asociaciones estadísticas, no como una demostración de que la luz nocturna sea responsable por sí sola de esos acontecimientos.
Los participantes pueden diferir en numerosos aspectos que afectan al riesgo cardiovascular, y aunque los investigadores realizaron ajustes estadísticos por distintos factores, un estudio observacional no puede eliminar completamente la posibilidad de factores de confusión.
¿Qué tan preocupante es dormir con una luz encendida?
El estudio no establece que cualquier cantidad de luz durante la noche vaya a producir una enfermedad cardíaca.
De hecho, los investigadores trabajaron con diferentes niveles de exposición y encontraron relaciones que seguían un patrón de dosis-respuesta: a mayores niveles de luz nocturna, mayores fueron algunas de las alteraciones observadas.
Esto significa que no existe una base científica en este estudio para afirmar que una persona que ocasionalmente duerma con una pequeña luz de noche vaya a desarrollar problemas cardíacos.
El interés de los resultados está principalmente en la exposición habitual y prolongada a luz durante la noche, especialmente cuando la habitación podría mantenerse considerablemente más oscura.
El teléfono celular también entra en la discusión
La luz nocturna no procede exclusivamente de lámparas.
Televisores, teléfonos celulares, computadores, relojes digitales, luces de dispositivos electrónicos, lámparas y fuentes de iluminación que ingresan desde el exterior pueden contribuir a la exposición durante la noche.
La Universidad de Tulane señala que incluso fuentes relativamente pequeñas de luz pueden contribuir a la exposición nocturna medida en el estudio.
Esto no significa que utilizar un celular unos minutos antes de dormir sea equivalente a exponerse durante toda la noche. Son situaciones diferentes y no deben confundirse.
La cuestión investigada fue principalmente la exposición a luz durante el período nocturno, medida objetivamente mediante un sensor.
¿Qué recomendaron los investigadores?
A partir de sus resultados, los investigadores señalaron que reducir la exposición a luz durante la noche podría considerarse una estrategia potencial para favorecer la salud cardiovascular.
Entre las medidas sencillas mencionadas por Tulane se encuentran apagar las pantallas y las fuentes de iluminación innecesarias, cerrar las cortinas para impedir la entrada de luz exterior y utilizar un antifaz cuando resulte necesario.
Estas recomendaciones no sustituyen el tratamiento ni la valoración médica de una persona con síntomas o una enfermedad cardiovascular. Se plantean como medidas generales de higiene del sueño y reducción de exposición ambiental.
Un hallazgo que abre nuevas preguntas
La investigación de Tulane es especialmente interesante porque conecta dos áreas que tradicionalmente se han estudiado por separado: la exposición ambiental a la luz y la estructura física del corazón.
Hasta ahora, buena parte de la evidencia sobre la luz nocturna y la salud cardiovascular había observado principalmente asociaciones con enfermedades o eventos cardiovasculares. El nuevo trabajo buscó acercarse un paso más al posible mecanismo mediante el análisis directo de la anatomía y el funcionamiento cardíacos utilizando resonancia magnética.
Los resultados sugieren que la exposición nocturna podría estar relacionada con cambios cardíacos que aparecen antes de que necesariamente exista una enfermedad cardiovascular clínicamente evidente.
Sin embargo, serán necesarias nuevas investigaciones, especialmente estudios que permitan determinar con mayor precisión qué mecanismos intervienen, cuánto tiempo de exposición es necesario para producir cambios y si reducir la luz nocturna puede revertir o prevenir esas modificaciones.
¿Qué debería sacar en claro la población?
La principal conclusión no es que dormir con cualquier luz sea peligroso, sino que existe una asociación científica entre mayores niveles de luz durante la noche y determinadas modificaciones cardiovasculares.
El estudio encontró que las personas con mayor exposición nocturna presentaban mayor masa y grosor del ventrículo izquierdo, además de cambios en diferentes indicadores de la función cardíaca. También encontró asociaciones con resultados cardiovasculares durante el seguimiento.
Al mismo tiempo, la investigación tiene una limitación fundamental: no puede establecer por sí sola una relación de causa y efecto.
Por ello, los resultados no deben interpretarse como una razón para alarmarse por una pequeña luz ocasional durante el sueño. Sí aportan, en cambio, nueva evidencia para seguir investigando cómo las condiciones ambientales durante la noche pueden interactuar con el sueño, los ritmos circadianos y la salud cardiovascular.
La recomendación práctica que se desprende del trabajo es sencilla: cuando sea posible, mantener el dormitorio oscuro durante la noche puede contribuir a una mejor higiene del sueño y, potencialmente, reducir un factor ambiental que la investigación científica está comenzando a relacionar con la salud del corazón.
La precisión detrás del titular
Finalmente, aunque la afirmación original habla de que la luz artificial durante las horas de sueño profundo «genera» alteraciones en el ventrículo izquierdo, los datos publicados son un poco más específicos.
El estudio midió exposición a luz nocturna durante el sueño, pero no fue un experimento centrado específicamente en las fases de sueño profundo. Además, sus resultados muestran asociaciones, no una prueba definitiva de causalidad. Lo que sí encontró fue una relación estadísticamente significativa entre niveles elevados de luz nocturna y cambios estructurales y funcionales del corazón, particularmente en el ventrículo izquierdo.
Ese matiz es importante para informar correctamente sobre un estudio que, por tratarse de una investigación reciente y publicada en una revista científica especializada, puede generar titulares más contundentes de lo que realmente permiten concluir sus resultados.
