En Nariño comienza a crecer una sensación de inconformidad con la actuación de su bancada en el Congreso de la República. A dos meses del comienzo del nuevo periodo legislativo, sectores de la ciudadanía consideran que los congresistas elegidos por el departamento deberían tener una presencia mucho más visible y protagónica  en los grandes debates nacionales y, especialmente, en aquellos asuntos que afectan directamente a los nariñenses, en temas de tanta transcendencia como la inseguridad en la vía Panamericana y la crisis económica en la región.

La bancada  

La Cámara de Representantes de Nariño, está conformada por Erick Adrián Velasco Burbano, Rosita Guevara Rosero y Christian Palacios Ledezma, por el Pacto Histórico, Alejandra Gabriela Abásolo Gómez por una coalición y Carlos Alberto Pantoja Cortés, del Partido Conservador Colombiano.

Mientras tanto, en el Senado de la República, aparecen Liliana Benavides Solarte del Partido Conservador Colombiano, Carlos Eduardo Enríquez Caicedo de Alianza por Colombia, Carlos Alberto Benavides Mora en representación del Pacto Histórico y Jesús Homero Cuasapud de Autoridades Indígenas de Colombia, Aico.

Problemáticas en la región

Desde la posesión del Congreso de la República, el pasado 20 de julio, muchas situaciones se han presentado en el departamento de Nariño y en Colombia, que demandarían la atención y los pronunciamientos de los congresistas nariñenses.

Entre ellos podríamos mencionar,       la grave situación de inseguridad que afronta la vía Panamericana que une a los departamentos de Nariño, Cauca y el Valle del Cauca.

Igualmente, el departamento de Nariño, afronta en estos instantes los devastadores efectos del fenómeno de El Niño, con la ocurrencia de incendios forestales, además de sequias que han arruinado los cultivos, en detrimento de miles de campesinos y el   racionamiento de agua en por lo menos 12 municipios.

Aparte de esto habría que añadir, la falta de oportunidades laborales, las necesidades de las comunidades indígenas y las enormes brechas de infraestructura que todavía separan a Nariño de otras regiones del país. 

¿Quién se ocupa de esto?

Por esa razón, la pregunta que se escucha en las calles es ¿quién está defendiendo todo esto en el Congreso?

 Lo cierto es que mientras el departamento enfrenta enormes dificultades, existe la percepción entre distintos sectores de que la bancada nariñense no está ocupando el espacio que debería en el debate nacional.

Ni siquiera el terremoto

Si bien es cierto el terremoto que el pasado 10 de agosto azotó de manera grave a Colombia, no afectó al departamento de Nariño, ni siquiera los congresistas dl departamento se han referido a esta situación, a pesar que el Gobierno Nacional declaró la emergencia económica, social y ecológica después del sismo, que afectó a numerosos departamentos.

El balance oficial de los primeros días reportó centenares de fallecidos, miles de heridos, decenas de miles de viviendas afectadas y graves daños en infraestructura.

No se trata de exigir que todos los congresistas piensen igual ni que pertenezcan al mismo partido. Precisamente porque la bancada tiene diferentes procedencias políticas, la expectativa ciudadana es que exista una defensa común de los intereses regionales.

Una bancada puede tener diferencias ideológicas, pero hay asuntos que deberían unirla: la defensa del presupuesto para Nariño, las inversiones en infraestructura, la seguridad de los habitantes, la protección del campo, la generación de empleo y la atención de las emergencias como las que se viven en estos momentos en gran parte del paìs. 

Como una sola voz

Los nariñenses no eligieron congresistas para que simplemente ocupen una curul, asistan a sesiones o aparezcan ocasionalmente en las redes sociales. Los eligieron para que sean gestores, voceros, defensores y protagonistas en las decisiones que determinan el futuro del departamento.

La bancada debería hablar con una sola voz cuando estén en juego los intereses fundamentales de Nariño. Debería reclamar recursos, promover debates, citar funcionarios, presentar proyectos, hacer control político y explicar permanentemente a los ciudadanos qué está haciendo por el departamento.

Porque Nariño tiene demasiadas necesidades como para darse el lujo de tener una representación silenciosa.

¡Qué se hagan sentir!

En este orden de ideas, lo que pide el departamento de Nariño es congresistas que hagan sentir su presencia en Bogotá y que, desde las diferentes orillas políticas, conviertan las necesidades de sus comunidades en iniciativas, debates y resultados.

La tarea apenas comienza. El periodo legislativo es largo y todavía existe tiempo para demostrar que la representación de Nariño puede convertirse en una verdadera fuerza regional.

Al final, más que discursos y fotografías, serán las gestiones, los debates, los recursos conseguidos y las soluciones alcanzadas los que permitirán a los ciudadanos evaluar a sus congresistas.

La pregunta queda planteada: ¿será capaz la bancada nariñense de ponerse a la altura de las necesidades de un departamento que reclama, con urgencia, que sus voces sean escuchadas en el Congreso de la República? El departamento enteró queda a la espera de que, por fin, sus senadores y representantes a la Cámara, se hagan sentir, como los voceros de Nariño, en los que los convirtió la gente con sus votos.