Al cumplirse este mes, diez años de la firma del histórico Acuerdo de Paz entre el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc- se puede decir que Colombia vive una paz agridulce, puesto que apenas se ha cumplido con el 57% de los objetivos buscados.
Es el caso, por ejemplo, del departamento de Nariño, que luego de una década presenta un marcado déficit de paz, siendo una de las regiones del país más afectada por la violencia provocada por las disidencias de las Farc, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional Eln, y nuevos grupos armados que han surgido en estos años.
En ese sentido, se recuerda que, en Nariño, se acaba de vivir un proceso territorial de paz con el grupo Comuneros del Sur, una disidencia del Ejército de Liberación Nacional Eln, el cual comenzó con los mejores augurios, puesto que inclusive hubo entrega de armas, pero luego fracasó de manera total.
Antecedentes del proceso
Se recuerda que la firma inicial del acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional y las Farc, se realizó en Cartagena el 26 de septiembre de 2016, pero luego de ganar el “NO” en el plebiscito de octubre, el texto fue renegociado y la versión definitiva, se firmó el 24 de noviembre en Bogotá y luego fue aprobada por el Congreso de la República, con lo que se busco terminar de manera oficial, con más de medio siglo de conflicto armado entre el Estado y la guerrilla de las Farc, comandadas por Rodrigo Londoño, conocido como «Timochenko».
No alcanzó objetivos
Sin embargo, el acuerdo a pesar de haber sido reconocido por el Instituto Kroc adscrito a la Universidad de Notre Dame, como el más ambicioso y completo de cuantos se han firmado en la última década, no ha alcanzado los objetivos ni ha respondido a la esperanza que tenían en el, millones de colombianos.
Esto se debe, según los analistas de paz, a la concurrencia de otras estructuras armadas, sumado a lo irresoluto de las economías ilícitas que soportan el conflicto armado o las debilidades estructurales e institucionales del Estado colombiano han incidido en que, transcurrido este tiempo, la transformación de la violencia y la construcción de paz en el país, sea un trabajo que se ha quedado en el camino.
Por lo tanto, una década después, este proceso de paz con las Farc, en efecto merece el adjetivo de “agridulce”, puesto que, si bien fue marcado por logros históricos en lo referente a la desmovilización de miles de hombres y el desarme, también dejó enormes deudas en materia rural y de seguridad territorial.

