Falta poco más de un mes para que los estudiantes colombianos que quieran continuar sus estudios universitarios se presenten a la prueba Saber 11 del calendario A, que se aplicará el domingo 26 de julio de 2026. En este examen, el inglés es una de las cinco áreas evaluadas y una de las que más pesa en el acceso a la universidad, ya que muchas carreras exigen un nivel mínimo del idioma como requisito para poder graduarse. 

Los datos indican que este apartado sigue siendo uno de los grandes retos para los jóvenes colombianos. Según el informe «Aprender inglés en Colombia. Una promesa con resultados desiguales» del Observatorio de Realidades Educativas (ORE) de la Universidad Icesi, publicado en mayo de 2026 y analizado por Preply, plataforma de clases particulares online para el aprendizaje de idiomas, solo el 15% de los estudiantes que terminan la educación media logra los niveles esperados de inglés, correspondientes a las categorías B1 o B+ del Marco Común Europeo de Referencia. Al mismo tiempo, el 39% se ubica en el nivel Pre-A1, el escalón más bajo de la escala del ICFES: apenas reconocen palabras y expresiones básicas. 

Las diferencias entre sectores son especialmente marcadas. En los colegios privados, el 33% de los alumnos alcanza los niveles B1 o B+, mientras que en los colegios oficiales el porcentaje baja al 8%. Una brecha de 25 puntos porcentuales que, según el informe del ORE, se ha ampliado desde 2019 (cuando era de 19 puntos), en parte por el impacto de la pandemia sobre el sistema educativo. El desnivel también es territorial: mientras departamentos como Quindío llegan al 20% de estudiantes con nivel esperado, en zonas como Vaupés la cifra baja al 2%. 

Un dato importante que el propio informe del ORE señala: los resultados de la prueba de inglés de Saber 11 evalúan comprensión lectora, vocabulario y gramática, pero no miden habilidades como la expresión oral, la escritura o la comprensión auditiva. Los propios investigadores advierten que los resultados son «una aproximación limitada al nivel de dominio del inglés en su conjunto». 

«Lo que muestran los datos colombianos es un desafío importante, pero conviene leerlos con matiz. El propio informe del ORE reconoce que la Saber 11 mide comprensión lectora y gramática, no oralidad. Y esa parte que no se mide es justamente la que más se necesita para usar el idioma con confianza en la universidad o en el trabajo», explica Sofia Tavares, directora de Marca de Preply. 

Este contexto se enmarca en un fenómeno más amplio: el aprendizaje del idioma inglés en Colombia enfrenta tanto una brecha estructural (acceso desigual a formación) como una brecha metodológica (lo que se enseña no siempre coincide con lo que se necesita usar). En un país donde el inglés se ha convertido en un recurso fundamental para el acceso a becas, empleos mejor remunerados y contextos internacionales, cerrar esa distancia entre lo que se estudia y lo que se domina es una prioridad. 

Además de la formación en el aula, existen múltiples vías para reforzar el idioma: desde aplicaciones de autoaprendizaje hasta plataformas de clases particulares online. La evidencia disponible sugiere que la práctica conversacional constante marca una diferencia significativa. Un estudio de Preply junto a Leanlab Education (Proven Progress Platform) mostró que el 97% de los estudiantes que completaron al menos 24 clases con profesores en la plataforma afirmaron sentirse seguros hablando inglés. Y una segunda investigación con la misma institución concluyó que los estudiantes que reciben acompañamiento personalizado de un profesor duplican sus probabilidades de alcanzar sus objetivos con el idioma frente a quienes solo utilizan aplicaciones de autoaprendizaje. 

«Los datos que vemos en nuestros propios estudiantes apuntan en una dirección clara: cuando la práctica se centra en conversaciones reales y regulares con un profesor, la confianza al hablar se transforma. No sustituye a la formación en el aula, la complementa. Y precisamente para los jóvenes colombianos que se están preparando para la universidad, esa confianza puede marcar la diferencia entre aprobar un examen y poder usar el idioma en su vida académica y profesional», añade Tavares. 

Con la Saber 11 a la vuelta de la esquina, el desafío para los estudiantes no es solo prepararse para el examen, sino construir una base real que les permita usar el idioma más allá de la prueba: en la universidad, en el mercado laboral, y en un mundo cada vez más globalizado.