Nueva Zelanda ha convertido la protección de sus aves marinas en una prioridad de conservación debido al impacto que las actividades pesqueras pueden tener sobre especies como los albatros y los petreles. El país, considerado uno de los principales territorios de reproducción de aves marinas del planeta, mantiene un conjunto de regulaciones, programas científicos y medidas de mitigación destinados a disminuir las capturas accidentales en sus aguas.

Sin embargo, es importante precisar un aspecto de la información que circula sobre este tema: no existe evidencia oficial reciente de que la Guardia Costera de Nueva Zelanda haya anunciado la creación de nuevas «zonas de exclusión pesquera alrededor de colonias de albatros» como una medida general. La protección actual se basa principalmente en regulaciones pesqueras, zonas cerradas ya establecidas, medidas obligatorias para determinados métodos de pesca y programas de seguimiento científico.

El objetivo es abordar uno de los mayores problemas que enfrentan estas aves: el bycatch, o captura incidental, que ocurre cuando un animal que no es la especie objetivo de una actividad pesquera queda atrapado accidentalmente en anzuelos, redes u otros aparejos.

Nueva Zelanda, un territorio clave para los albatros

La importancia de Nueva Zelanda para la conservación de estas aves es excepcional. Sus aguas y territorios albergan 17 especies de albatros, mientras que 11 especies se reproducen en el país, según el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda (DOC).

Los albatros son aves adaptadas a recorrer enormes distancias sobre el océano. Algunas especies pueden pasar largos periodos desplazándose por aguas internacionales y regresar posteriormente a las islas donde se reproducen.

Esta característica, que les permite aprovechar grandes extensiones marinas para encontrar alimento, también aumenta su exposición a las actividades humanas.

Durante la temporada reproductiva, por ejemplo, los adultos deben realizar viajes para conseguir alimento y regresar posteriormente a sus colonias para alimentar a sus crías. Por eso, cualquier incremento del riesgo en las zonas donde buscan alimento puede tener consecuencias importantes para la reproducción y supervivencia de las poblaciones.

El problema de la captura accidental

Uno de los principales peligros aparece cuando las aves se acercan a barcos pesqueros.

Los albatros se alimentan de peces, calamares y otros organismos marinos, pero también pueden aprovechar restos y descartes procedentes de las embarcaciones. Los anzuelos utilizados en determinados tipos de pesca pueden atraer a las aves.

Cuando un albatros intenta tomar un cebo, puede quedar enganchado y ser arrastrado bajo el agua, provocando lesiones o ahogamiento. El DOC explica que, aunque muchos barcos capturan cantidades muy pequeñas de aves, el problema adquiere una dimensión mayor cuando se considera el efecto acumulado de numerosas embarcaciones.

La situación es especialmente preocupante porque los albatros son aves longevas y, en muchas especies, las poblaciones no pueden recuperarse rápidamente de aumentos importantes de mortalidad adulta.

Nuevas exigencias para la pesca con palangre

Nueva Zelanda ya ha reforzado sus reglas para reducir este riesgo.

En junio de 2024, Fisheries New Zealand anunció cambios destinados a disminuir la probabilidad de que aves marinas, incluidos albatros en situación crítica, fueran capturadas accidentalmente por embarcaciones comerciales que utilizan palangres de superficie.

Desde el 1 de octubre de ese año, los operadores comerciales que utilizan este método deben emplear dispositivos especiales de protección de anzuelos o aplicar simultáneamente tres medidas de mitigación.

Estas medidas incluyen:

  • Líneas espantapájaros o tori lines, que mantienen a las aves alejadas de la zona donde se colocan los anzuelos.
  • Pesos en las líneas, que permiten que los anzuelos se hundan con mayor rapidez.
  • Pesca nocturna, aprovechando que muchas aves marinas tienen menor actividad durante la noche.

La alternativa consiste en utilizar dispositivos de protección de anzuelos diseñados para evitar que las aves puedan acceder fácilmente al cebo.

Estas medidas representan un cambio importante porque no dependen exclusivamente de cerrar determinadas zonas del océano, sino de modificar la manera en que se desarrolla la actividad pesquera.

¿Por qué no basta con proteger las colonias?

Proteger una colonia de reproducción es fundamental, pero no necesariamente suficiente.

Los albatros pueden recorrer cientos o miles de kilómetros durante sus desplazamientos en busca de alimento. Un ave puede nacer y reproducirse en una isla protegida y, aun así, encontrarse con amenazas a cientos de kilómetros de distancia.

Los estudios realizados por el DOC mediante dispositivos satelitales han permitido conocer mejor estos movimientos.

En el caso del albatros antipodeano, por ejemplo, investigaciones que combinaron datos de seguimiento con información sobre la actividad pesquera encontraron una importante coincidencia entre las zonas frecuentadas por estas aves y áreas donde opera la pesca con palangre. El mayor solapamiento identificado se produjo con la pesca pelágica con palangre, especialmente en sectores del Pacífico occidental y el mar de Tasmania.

Esto explica por qué la conservación requiere una estrategia que vaya más allá de las propias colonias.

El seguimiento satelital se convierte en una herramienta clave

La tecnología también está desempeñando un papel importante.

Los investigadores pueden colocar pequeños transmisores en determinados ejemplares para conocer sus rutas y determinar dónde pasan más tiempo.

La información permite construir mapas de distribución y compararlos con los lugares donde existe actividad pesquera. De esta forma, los científicos pueden identificar zonas y periodos en los que aumenta el riesgo de captura incidental.

Este tipo de información resulta especialmente valiosa para especies que pasan gran parte de su vida lejos de tierra firme.

El objetivo no es únicamente saber dónde están las aves, sino entender dónde coinciden con las actividades humanas.

Un problema que continúa siendo actual

Los datos más recientes muestran que el desafío no está resuelto.

Entre el 1 de julio de 2023 y el 30 de junio de 2024, observadores del Gobierno de Nueva Zelanda registraron 407 interacciones incidentales con aves marinas durante 104 viajes observados realizados en 30 embarcaciones comerciales.

La cifra debe interpretarse con cuidado: corresponde a viajes y embarcaciones que fueron objeto de observación y no representa necesariamente el total de aves afectadas por toda la actividad pesquera del país.

Precisamente por eso, el seguimiento y la recopilación de información son componentes esenciales de la política de conservación.

Fisheries New Zealand mantiene además un plan nacional de acción para las aves marinas, conocido como National Plan of Action for Seabirds, cuyo propósito es establecer objetivos y mecanismos para reducir las muertes accidentales y evaluar los avances.

El caso del albatros de Salvin

Una de las especies que permite comprender la gravedad del problema es el albatros de Salvin (Thalassarche salvini).

El DOC lo clasifica como «Nationally Critical», una de las categorías de mayor preocupación dentro del sistema de conservación de Nueva Zelanda. La captura incidental en actividades pesqueras figura entre sus principales amenazas.

Un estudio publicado por el DOC en julio de 2026 analizó la población reproductora de esta especie en la cadena occidental de las islas Snares.

En la temporada 2025-2026 se encontraron 420 nidos activos en Toru Islet y, después de realizar las correcciones correspondientes por fracasos reproductivos previos al estudio, se estimó que alrededor de 710 parejas se reproducían allí. Para toda la cadena occidental, la estimación fue de aproximadamente 1.060 parejas reproductoras.

El estudio también señala una tendencia preocupante: la población reproductora estimada en esta zona ha disminuido progresivamente desde mediados de la década de 1990 y actualmente se encuentra en niveles bajos.

La pesca no es la única amenaza

Aunque la captura accidental ocupa un lugar central en las estrategias de conservación, no es el único problema.

Los albatros también enfrentan amenazas relacionadas con la contaminación marina, los residuos, la disponibilidad de alimento y los cambios en las condiciones del océano.

El propio DOC señala que el plástico y otros residuos marinos pueden representar un peligro para las aves, mientras que la interacción con embarcaciones puede incrementar su exposición a aparejos pesqueros.

Además, investigaciones sobre la alimentación de los albatros han estudiado hasta qué punto estas aves utilizan como alimento los recursos naturales frente a cebos y residuos procedentes de las actividades pesqueras. La presencia de embarcaciones puede modificar su comportamiento y aumentar la posibilidad de interacción con artes de pesca.

Las colonias siguen siendo fundamentales

Aunque las aves pasan buena parte de su vida en el mar, las colonias de reproducción continúan siendo lugares críticos para su supervivencia.

Nueva Zelanda protege diversos lugares de reproducción mediante medidas de conservación y control del acceso. En el caso de las colonias de albatros, el DOC participa directamente en la gestión de los sitios reproductivos y en programas científicos destinados a conocer la evolución de las poblaciones.

Un ejemplo emblemático se encuentra en Taiaroa Head, en la isla Sur, donde existe una población de albatros reales que es objeto de seguimiento y protección.

La conservación de estas colonias permite que las aves puedan reproducirse con una menor presión humana en tierra. Sin embargo, una vez que abandonan las islas, vuelven a enfrentarse a las amenazas existentes en el océano.

Una estrategia que combina regulación y tecnología

La respuesta de Nueva Zelanda combina diferentes herramientas.

Por un lado, existen regulaciones obligatorias para determinadas actividades pesqueras. Por otro, se promueven tecnologías y procedimientos destinados a mantener a las aves alejadas de los aparejos.

Entre las medidas utilizadas se encuentran las líneas espantapájaros, el lastrado de las líneas, el establecimiento de horarios nocturnos de pesca, los dispositivos de protección de anzuelos y una gestión más cuidadosa de los residuos y descartes de los barcos.

La ventaja de esta estrategia es que no depende exclusivamente de prohibir la pesca. Busca hacer compatible la actividad económica con la reducción del impacto sobre especies que no son objetivo de la industria.

El desafío de proteger aves que no conocen fronteras

Uno de los mayores desafíos es que los albatros no respetan las fronteras administrativas.

Una misma ave puede reproducirse en Nueva Zelanda, desplazarse por aguas internacionales y posteriormente alcanzar zonas próximas a otros países.

Esto obliga a que la conservación tenga también una dimensión internacional. El DOC participa en iniciativas internacionales destinadas a reducir la captura incidental de albatros y petreles y trabaja con otros países y flotas pesqueras en las zonas donde estas aves se desplazan.

La protección de estas especies, por tanto, no depende únicamente de lo que suceda alrededor de una colonia.

Un esfuerzo que todavía tiene camino por recorrer

La situación de los albatros demuestra que conservar una especie marina requiere mucho más que proteger el lugar donde nace.

Nueva Zelanda ha desarrollado regulaciones específicas, sistemas de seguimiento, investigación científica y técnicas para reducir las capturas accidentales. Las nuevas exigencias para la pesca con palangre representan un paso adicional para disminuir el riesgo al que se enfrentan estas aves.

Pero los datos disponibles también muestran que la captura incidental continúa siendo un problema de conservación, mientras algunas poblaciones mantienen tendencias preocupantes.

Por ello, el futuro de los albatros dependerá de mantener una combinación de vigilancia, investigación, cumplimiento de las normas y cooperación entre científicos, autoridades y pescadores.

Más que una simple disputa entre conservación y pesca, el desafío consiste en encontrar formas de desarrollar la actividad pesquera sin comprometer la supervivencia de unas aves que pasan gran parte de su vida recorriendo los océanos.

La protección de las colonias es apenas el comienzo: para salvar realmente a los albatros, también hay que proteger las rutas marítimas que utilizan para sobrevivir.