De la Espriella llega a la presidencia con el plan de seguridad más ambicioso y polémico en décadas
El nuevo presidente electo de Colombia construyó toda su campaña sobre un eje central: recuperar el orden público con mano dura en un país que según él vive una pandemia de inseguridad. Sus propuestas más llamativas incluyen la construcción de diez megacárceles de alta seguridad inspiradas en el modelo del presidente salvadoreño Nayib Bukele, donde los cabecillas de organizaciones criminales cumplirían condenas en condiciones de máximo aislamiento y sin privilegios. También prometió fortalecer masivamente las fuerzas militares y de policía, prohibir la combinación de todas las formas de lucha como estrategia política, y retomar la fumigación aérea con glifosato para erradicar cultivos de coca, política que el gobierno de Petro había suspendido por razones de salud pública y que De la Espriella califica de fracaso total.
Sus propuestas más controvertidas van incluso más allá: prometió derribar cualquier avión que salga de Colombia con posibles cargamentos de droga y hundir las embarcaciones que naveguen por el Caribe o el Pacífico si se sospecha que transportan narcóticos, siguiendo el modelo que ya aplica el gobierno de Donald Trump en aguas internacionales. Medidas que generaron aplausos en Washington y alarma en organismos de derechos humanos que advierten sobre los riesgos de una política tan agresiva sin garantías judiciales previas. Con José Manuel Restrepo como vicepresidente, el general retirado Jorge Eduardo Mora como ministro de Defensa e Iván Cancino como ministro de Justicia, De la Espriella construye un gabinete que refleja exactamente la visión de autoridad y orden que prometió durante toda su campaña.
