La Albiceleste escapó de la muerte y su remontada ante Egipto ya es una de las más épicas de la historia mundialista

Hubo un momento en el minuto 41, cuando Marmoush marcó el 2-0 para Egipto, en que el mundo entero pensó que Argentina quedaba eliminada. Los campeones del mundo, con Messi apagado y una defensa que no reconocía a sus propios jugadores, estaban siendo superados en todos los sectores del campo por una Egipto que jugaba el mejor partido de su historia. En las tribunas del Hard Rock Stadium de Miami los hinchas argentinos lloraban sin disimulo, en Buenos Aires la gente apagaba los televisores y en las redes sociales el hashtag “Argentina eliminada” se viralizaba antes incluso del pitido del descanso. Nadie, absolutamente nadie, veía la remontada posible.

Lo que ocurrió en el segundo tiempo pertenece al terreno de lo inexplicable racional y lo completamente argentino. En 22 minutos, entre el 67 y el 89, la Albiceleste convirtió tres goles que dieron la vuelta al mundo con una velocidad que dejó a Egipto sin tiempo para reaccionar. Fue Messi quien encendió el alma del equipo con una gambeta que recordó a sus mejores años antes de marcar el 2-2, fue Scaloni quien tomó los cambios exactos en el momento exacto, y fue Enzo Fernández quien tuvo la frialdad de definir el 3-2 en el minuto 89 con la presión de la eliminación encima. Argentina no ganó ese partido con fútbol sino con algo que no se puede entrenar ni comprar: el instinto de supervivencia de un equipo que sabe que está destinado a ganar aunque todo diga lo contrario.