Ancelotti persigue su único trofeo pendiente y Brasil lo sigue con fe y paciencia

Carlo Ancelotti es el hombre que lo ha ganado todo en el fútbol de clubes: campeón en las cinco grandes ligas europeas y cinco veces ganador de la Champions League, el técnico italiano que se convirtió en el primer extranjero en dirigir a Brasil en una Copa del Mundo llegó con una misión clara: darle la sexta estrella a una nación que no levanta el trofeo desde 2002. Su campaña ha sido de menos a más, con un debut con muchas dudas ante Marruecos que obligó a correcciones tácticas importantes, pero fue adaptando el equipo con inteligencia, rotando el centro delante e imponiendo una calma que se vio reflejada en el vestuario ante la remontada frente a Japón. “El equipo no perdió la paciencia”, dijo tras el 2-1, y en esa frase se resume todo su estilo de liderazgo.

Lo que más sorprende de Ancelotti en este Mundial es la serenidad con la que maneja la presión de dirigir a la selección más exigida del mundo. Ante los micrófonos bromea, descoloca a los periodistas con respuestas inesperadas y nunca pierde la calma, transmitiendo al grupo una estabilidad que otros técnicos brasileños no habían logrado. El propio Dunga, campeón del mundo en 1994, respaldó públicamente su trabajo y pidió a la afición que confíe en el proceso. Con Matheus Cunha en racha con tres goles, Vinicius como referente y Neymar esperando su momento desde el banco, Ancelotti tiene los ingredientes para construir algo especial en esta Copa del Mundo que sería la joya que le falta a una vitrina ya de por sí histórica.