Rumania enfrenta una de las situaciones más delicadas de su sistema energético en medio de una sequía extrema que ha llevado al Danubio a niveles excepcionalmente bajos. La crisis amenaza directamente la operación de la central nuclear de Cernavodă, una instalación que depende del agua del río para sus sistemas de refrigeración. Ante la caída del caudal, las autoridades han recurrido a una serie de intervenciones de emergencia sobre el cauce, entre ellas voladuras controladas de obstáculos rocosos, dragado y el uso de barcazas cargadas con roca para redirigir el agua hacia la zona de captación de la central.
La situación ha adquirido una dimensión nacional porque Cernavodă representa aproximadamente una quinta parte de la generación eléctrica de Rumania cuando sus dos unidades están operativas. Una de ellas ya fue desconectada debido a las condiciones hidrológicas y, al 12 de agosto de 2026, la continuidad de la segunda también se encuentra amenazada. Reuters informó que el caudal del Danubio había descendido hasta unos 1.370 metros cúbicos por segundo, un nivel extremadamente bajo, mientras las previsiones apuntaban a que la situación podía seguir deteriorándose.
Una sequía que terminó convirtiéndose en un problema energético
El origen inmediato de la crisis está en una combinación de temperaturas extremadamente altas, escasas precipitaciones y un descenso prolongado del caudal del Danubio. El problema no se limita a Rumania: diferentes zonas de la cuenca del Danubio están experimentando una reducción importante de los niveles de agua, afectando también a la navegación, la generación hidroeléctrica y otras actividades que dependen del río.
Para Rumania, sin embargo, existe una consecuencia especialmente sensible: la central nuclear de Cernavodă necesita grandes cantidades de agua para extraer el calor producido durante la generación de electricidad.
La central utiliza tecnología CANDU y cuenta actualmente con dos unidades operativas. Su localización está estrechamente vinculada al sistema hidrográfico formado por el Danubio y el Canal Danubio-Mar Negro. De acuerdo con documentación de la empresa estatal Nuclearelectrica y de la autoridad nuclear rumana, el agua de refrigeración se obtiene del Danubio a través del Canal Danubio-Mar Negro y posteriormente es devuelta al sistema fluvial.
Por ello, la disminución del nivel del río no significa que el reactor esté “quedándose sin agua” de manera inmediata. El verdadero problema es que llega un momento en que el caudal disponible deja de ser suficiente para garantizar las condiciones necesarias de funcionamiento de los sistemas de refrigeración.
¿Qué tiene que ver el agua con un reactor nuclear?
Una central nuclear no necesita agua del río para alimentar directamente el proceso nuclear. Esta distinción es fundamental para entender la situación.
En Cernavodă, el agua captada del sistema del Danubio se utiliza principalmente para enfriar equipos relacionados con la generación eléctrica, entre ellos los condensadores de las turbinas y determinados intercambiadores de calor.
Nuclearelectrica explica que el agua tomada del Danubio no entra en contacto con el circuito primario del reactor, es decir, con la parte en la que se desarrolla el proceso nuclear. Después de cumplir su función en el sistema de refrigeración, el agua es devuelta al sistema fluvial.
Por esta razón, un eventual cierre de una unidad debido a un caudal insuficiente no significa que el reactor esté fuera de control ni que exista automáticamente una emergencia nuclear. Se trata, en primer lugar, de una medida de protección operacional: si no existe suficiente capacidad de refrigeración, la instalación debe reducir o detener la generación para preservar las condiciones de seguridad.
Nuclearelectrica ya había explicado en situaciones anteriores de bajos niveles del Danubio que, si el caudal alcanza determinados límites operativos, las unidades pueden apagarse de manera controlada y existen sistemas adicionales destinados a mantener la refrigeración en una situación de parada.
La intervención sobre el Danubio
La gravedad de la situación llevó a las autoridades rumanas a intentar modificar temporalmente la distribución del agua en el río.
Una de las primeras actuaciones consistió en realizar voladuras controladas de formaciones rocosas en el área del canal de Bala, en el bajo Danubio. Según Associated Press, las fuerzas militares rumanas utilizaron alrededor de 180 kilogramos de explosivos para fragmentar roca y facilitar la redistribución del flujo hacia el cauce principal. Reuters también documentó las operaciones de explosivos realizadas por las fuerzas navales rumanas.
El objetivo no era construir un nuevo canal para llevar agua directamente a los reactores, sino modificar las condiciones hidráulicas de una zona del Danubio en la que parte del caudal se estaba desviando y no contribuía de manera suficiente al flujo que necesitaba la zona situada aguas abajo.
A esta actuación se sumaron trabajos de dragado y otras intervenciones destinadas a mejorar las condiciones de circulación del agua.
Las cuatro barcazas cargadas de roca
La medida más llamativa fue la preparación de cuatro barcazas cargadas con roca.
Las embarcaciones fueron utilizadas como una especie de estructura temporal dentro del río. La idea era hundirlas en una zona estratégica para formar una barrera que modificara la distribución del flujo y favoreciera el paso de agua hacia el canal principal y, posteriormente, hacia el sistema que abastece a Cernavodă.
La operación tuvo que realizarse con precaución debido a las condiciones del río. Reuters informó que el plan de hundimiento de las barcazas llegó a retrasarse por cuestiones de seguridad y que las autoridades esperaban que la intervención permitiera prolongar durante varios días la capacidad de funcionamiento del reactor que permanecía activo.
Medios rumanos informaron además de que las intervenciones habían producido incrementos temporales del nivel de agua en el entorno relevante para la central. Sin embargo, estas medidas no solucionan la sequía: simplemente proporcionan un margen de tiempo mientras las condiciones hidrológicas continúan siendo desfavorables.
Una carrera contra el reloj
La urgencia se explica por la velocidad con la que está disminuyendo el caudal.
El 11 de agosto, Reuters informó que Rumania podía verse obligada a detener la última unidad nuclear que continuaba funcionando en Cernavodă tan pronto como el 13 de agosto, si las condiciones del Danubio seguían deteriorándose. La misma información señaló que una de las dos unidades ya había sido apagada a finales de julio.
La situación es especialmente delicada porque las dos unidades de Cernavodă, cuando están funcionando normalmente, representan alrededor del 20 % de la electricidad producida por Rumania.
Una parada completa obligaría al país a compensar una parte importante de esa generación mediante otras fuentes. El problema es que la sequía tampoco afecta únicamente a la energía nuclear: la producción hidroeléctrica también se ha visto perjudicada por la falta de agua.
Esto reduce simultáneamente dos fuentes importantes de electricidad y puede aumentar la dependencia de las importaciones en un momento en que otros países de la región también enfrentan problemas relacionados con el calor y la disponibilidad de agua.
¿Existe riesgo de una emergencia nuclear?
La situación debe diferenciarse de un accidente nuclear.
Hasta ahora, la información disponible describe una crisis de disponibilidad de agua para refrigeración y generación eléctrica, no una pérdida de control del reactor ni una liberación de material radiactivo.
El diseño y los procedimientos operativos de Cernavodă contemplan escenarios de disminución extrema de la disponibilidad de agua. La documentación de seguridad rumana señala que, ante niveles suficientemente bajos, las unidades pueden ser llevadas a una parada controlada y existen medidas adicionales para garantizar la refrigeración.
Además, la propia Nuclearelectrica ha señalado históricamente que el agua utilizada para refrigerar los sistemas convencionales no entra en contacto con el circuito nuclear primario.
Por eso, el principal riesgo inmediato de la crisis es energético y operativo, aunque la disponibilidad de refrigeración continúa siendo una cuestión esencial de seguridad nuclear.
El verdadero desafío: mantener una central nuclear en un río cada vez más variable
El episodio de Cernavodă revela un problema que va más allá de una semana de sequía.
Las centrales nucleares necesitan sistemas de refrigeración capaces de funcionar incluso cuando las condiciones ambientales cambian. Una instalación situada junto a un gran río puede disponer de una enorme fuente de agua en condiciones normales, pero esa ventaja depende de que el río mantenga suficiente caudal y de que la temperatura y calidad del agua permanezcan dentro de los parámetros establecidos.
El caso rumano muestra qué sucede cuando varias presiones aparecen al mismo tiempo: temperaturas extremas, falta de precipitaciones, descenso del caudal y una demanda eléctrica elevada por las propias condiciones meteorológicas.
La respuesta de emergencia mediante dragado, voladuras y barcazas demuestra que la ingeniería hidráulica puede proporcionar soluciones temporales. Sin embargo, también deja claro que estas actuaciones tienen un límite. Si el volumen total de agua que circula por el sistema continúa disminuyendo, modificar el cauce únicamente puede redistribuir una cantidad de agua que ya es insuficiente.
Una crisis que trasciende las fronteras de Rumania
El problema tampoco termina en Cernavodă.
El Danubio atraviesa o conecta numerosos países europeos antes de llegar a Rumania y desembocar en el mar Negro. La reducción de sus niveles afecta a distintos sectores a lo largo de la cuenca.
En Hungría, por ejemplo, la central nuclear de Paks también depende del Danubio para su refrigeración y se ha visto afectada por las condiciones excepcionales de este verano. Associated Press informó que las autoridades húngaras estaban preparando intervenciones de ingeniería en el río para elevar el nivel de agua cerca de la central.
La coincidencia de problemas en diferentes instalaciones energéticas demuestra que la disponibilidad de agua puede convertirse en un factor crítico para la infraestructura eléctrica europea.
Una advertencia para la planificación energética
La situación de Cernavodă también plantea una cuestión de planificación a largo plazo: la seguridad energética no depende únicamente de construir más centrales o aumentar la capacidad instalada.
También es necesario analizar si las infraestructuras pueden continuar funcionando bajo condiciones climáticas cada vez más extremas.
En el caso de Cernavodă, las intervenciones actuales son una solución de emergencia. El país necesitará evaluar a largo plazo la resiliencia de sus sistemas de refrigeración, la gestión del agua, la capacidad de almacenamiento energético, las interconexiones eléctricas y la diversificación de su matriz energética.
Rumania ya mantiene proyectos de modernización de su infraestructura nuclear. En julio de 2026, Nuclearelectrica informó que el Banco Europeo de Inversiones había aprobado un préstamo de 800 millones de euros para el proyecto de modernización de la Unidad 1 de Cernavodă.
La experiencia de este verano añade una dimensión importante a esos proyectos: la infraestructura energética del futuro no solo tendrá que producir electricidad de manera eficiente, sino también resistir períodos de calor extremo y disponibilidad limitada de agua.
El Danubio como límite de una estrategia de emergencia
La imagen de barcazas cargadas de roca, maquinaria de dragado y explosivos modificando el cauce de uno de los grandes ríos europeos resume la excepcionalidad de la situación.
Pero también conviene interpretar correctamente lo que está ocurriendo. Rumania no está construyendo una nueva “canalización sobre el Danubio” destinada a llenar de agua los reactores. Está utilizando ingeniería fluvial de emergencia para conseguir que una mayor proporción del agua disponible llegue al sistema de captación que permite refrigerar la central.
La diferencia es importante porque el problema fundamental no es la ausencia de una tubería o de un canal nuevo, sino la disminución extraordinaria del recurso hídrico disponible.
Al 12 de agosto de 2026, las medidas adoptadas han conseguido ganar tiempo, pero no han eliminado la amenaza. Las previsiones todavía apuntan a niveles muy bajos del Danubio y la continuidad de la segunda unidad de Cernavodă depende de que el caudal permanezca dentro de los límites que permiten garantizar su refrigeración.
La crisis, por tanto, representa algo más que una dificultad puntual para una central nuclear. Es una muestra de cómo agua, clima, infraestructura y seguridad energética están cada vez más conectados. Lo que antes podía considerarse una condición ambiental temporal —un río excepcionalmente bajo— ahora puede convertirse rápidamente en un problema para la electricidad, la industria y la seguridad de infraestructuras estratégicas.
