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Ronaldo llega a Toronto en modo guerra: el único trofeo que le falta o el fin de su historia mundialista

A sus 41 años y en su sexto Mundial, Cristiano Ronaldo sabe perfectamente lo que está en juego esta tarde en Toronto. Ya tiene todos los títulos que el fútbol puede ofrecer excepto uno, la Copa del Mundo, y el tiempo se le acaba de manera irrevocable. No hay un siguiente torneo, no hay otra oportunidad, no hay margen para el error. Su técnico Roberto Martínez fue tajante en la previa: “No hay ningún problema físico ni mental para que Cristiano juegue los 90 minutos”, una declaración que cierra cualquier debate sobre si el capitán portugués debería sentarse en el banco para dar protagonismo a los más jóvenes. Ronaldo jugará, y jugará con todo lo que le queda en el cuerpo y en el alma.

Lo que hace especial esta versión de Ronaldo en este torneo es que parece haberse desprendido de toda presión y juega con la libertad de quien ya no tiene nada que demostrar y todo por ganar. Su grito de “He vuelto” tras el doblete ante Uzbekistán, su primer partido sin marcar en años en competencia mundialista, fue la declaración más honesta de un hombre que se niega a rendirse ante el paso del tiempo. Los que dentro del vestuario dijeron que es “uno más de la nómina” puede que tengan razón tácticamente, pero en el campo esta tarde contra Croacia, ante Modric, su excompañero y el hombre con quien comparte décadas de historia, Ronaldo no será uno más de nada. Será CR7, y eso en partidos de eliminación directa sigue valiendo más que cualquier estadística.