Al Madrid le ha caído un aura de invencibilidad que aumenta la presión sobre él. El mensaje externo es claro: solo él puede perder esta Liga. Y, a veces, ese mensaje también se interioriza. Esto provoca que el equipo se tome demasiados descansos durante los partidos, confiando en que la inercia los llevará a la victoria.

Así, en Mallorca se llevó un sorpresivo revés: tras adelantarse, se relajaron, recibieron un cabezazo de Muriqi y acabaron chocando contra una sólida defensa balear. El equipo de Arrasate dominó gran parte del juego, jugó según sus planes y se llevó un punto merecido tras una intensa batalla.

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Madrid se confía

Para el Madrid, el Mallorca se ha convertido en un terreno peligroso. La dureza del equipo, ejemplificada por Maffeo y Raíllo en defensa y Muriqi en ataque, frecuentemente los lleva a partidos incómodos. El equipo de Ancelotti sufre con la falta de espacios y las constantes interrupciones, especialmente Vinicius, que suele perder la calma en estos escenarios. Por eso, Ancelotti repitió el once de Varsovia, el que probablemente utilizará en los partidos clave.

El estilo aguerrido del Mallorca se suma al enfoque pragmático de Arrasate, que prioriza presionar en el campo rival con sus delanteros, mediocampistas y defensores. Su estrategia se basa en mantener la presión cerca del área contraria, lo cual es efectivo contra equipos que no están preparados para el combate físico.

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Mallorca divide el juego

El Mallorca, por su parte, respondió eficazmente. En los balones parados, que igualan a los equipos, y con algunas buenas jugadas de Muriqi y Asano, crearon peligro. Courtois tuvo que realizar una intervención milagrosa ante Muriqi.

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El equilibrio del juego fue evidente, especialmente al final del primer tiempo, cuando el Mallorca empezó a presionar con recuperaciones rápidas y centros al área buscando a Muriqi. Encontró el gol en el primer córner de la segunda mitad, cuando Dani Rodríguez lanzó el balón y Muriqi lo remató con fuerza, superando a Rüdiger, que calculó mal.

El gol de Muriqi no fue el mayor problema, sino lo que vino después: un Mallorca crecido y presionante, lanzando numerosos centros al área, todos en busca de Muriqi. Al Madrid le costó retomar el control del partido, y lo hizo gracias a la iniciativa de Mbappé. Greif evitó dos goles, el segundo con una gran parada, y Mojica evitó el tanto de Rodrygo casi sobre la línea.