La ortotanasia, conocida también como el derecho a una muerte digna, permite que una persona con una enfermedad terminal pueda rechazar o limitar tratamientos que prolonguen artificialmente su vida cuando ya no existe una posibilidad de recuperación. A diferencia de la eutanasia, no busca provocar directamente la muerte, sino evitar intervenciones médicas innecesarias y garantizar cuidados paliativos.

En México, esta alternativa todavía no cuenta con un reconocimiento uniforme en todas las entidades. De acuerdo con la información publicada por El Sol de México, al menos siete estados aún tienen pendiente avanzar en su aprobación, lo que genera diferencias en el acceso a este derecho dependiendo del lugar donde viva el paciente.

La discusión ha cobrado relevancia a partir de casos como el del actor Horacio Beamonte, quien optó por una muerte digna después de recibir un diagnóstico de leucemia. Sin embargo, una decisión de este tipo no sería posible bajo las mismas condiciones en las entidades donde la legislación todavía no contempla plenamente la ortotanasia.

La ortotanasia está vinculada con los cuidados paliativos, cuyo objetivo es aliviar el dolor y otros síntomas, además de brindar acompañamiento emocional y apoyo a los pacientes y sus familias. De esta manera, se busca preservar la dignidad y calidad de vida de las personas durante la etapa final de una enfermedad.

El debate sobre la muerte digna continúa abierto en México y plantea desafíos médicos, legales y éticos. La falta de una regulación homogénea mantiene diferencias entre los estados y alimenta la discusión sobre el derecho de los pacientes terminales a decidir cómo afrontar la etapa final de su vida.