Muchos niños tienen acceso a dispositivos electrónicos desde edades muy tempranas. Esta exposición prolongada favorece la adicción a la tecnología y dificulta el desarrollo de habilidades sociales.
La problemática se evidencia cuando los menores evitan el contacto directo con otros niños. Prefieren juegos digitales en lugar de actividades físicas. Esto afecta su desarrollo emocional, algunos padres han optado por limitar el uso de pantallas antes de los cinco años. También fomentan juegos tradicionales y actividades creativas. Estas decisiones fortalecen el aprendizaje natural.
El resultado positivo se observa en niños más activos, con mejor comunicación y mayor creatividad.

