Estados Unidos tiene esta noche la oportunidad de redimirse ante su afición tras el tropiezo con Turquía

Los locales llegan al San Francisco Bay Area Stadium con la misión de demostrar que la derrota 3-2 ante Turquía fue un accidente y no un síntoma. Pochettino recupera a todos sus titulares: Pulisic como alma creativa del equipo, Tyler Adams como motor del mediocampo, Folarin Balogun como referente goleador con dos tantos en el torneo y Sergiño Dest aportando desequilibrio por la banda derecha. Con ocho goles en la fase de grupos y jugando en casa, Estados Unidos tiene todos los argumentos para avanzar con comodidad, pero el propio Pochettino advirtió antes del partido que Bosnia es un rival peligroso que no llegó hasta aquí por casualidad.

Lo que más preocupa al entorno americano no es la calidad de Bosnia sino los fantasmas que dejó el partido ante Turquía: una defensa con grietas evidentes, una incapacidad para gestionar la ventaja y una fragilidad mental que no debería aparecer en la fase eliminatoria. Esta noche en el Bay Area, con miles de aficionados empujando desde las gradas y la presión de ser anfitrión del torneo más grande de la historia, Estados Unidos necesita mostrar que puede ser algo más que un equipo vistoso en la fase de grupos. Pulisic y compañía saben que el camino hacia los cuartos de final pasa por esta noche, y que una eliminación en dieciseisavos ante Bosnia sería el mayor fracaso del fútbol americano en décadas.