Cuando Gustavo Petro llegó a la Presidencia en agosto de 2022, una de las principales promesas del llamado «Gobierno del Cambio» era transformar la política exterior colombiana y reducir la histórica práctica de entregar embajadas y consulados como cuotas políticas. Sin embargo, a lo largo del mandato han surgido cuestionamientos sobre si realmente se produjo una renovación en el servicio diplomático o si, por el contrario, se mantuvieron prácticas tradicionales.

Diversos sectores políticos, expertos en relaciones internacionales y miembros de la carrera diplomática han señalado que varios nombramientos realizados durante la administración Petro terminaron recayendo en dirigentes políticos, aliados del Gobierno y figuras cercanas al poder, una dinámica que históricamente ha sido criticada en Colombia.


La promesa de democratizar la Cancillería

El Gobierno ha defendido su gestión asegurando que sí se impulsó un fortalecimiento sin precedentes de la carrera diplomática y consular. Según datos oficiales, durante el cuatrienio se abrieron 194 cupos para ingresar al servicio exterior mediante concursos, una cifra considerada récord en comparación con administraciones anteriores.

Desde la Presidencia se ha insistido en que el acceso al cuerpo diplomático se volvió más incluyente y menos dependiente de recomendaciones políticas, argumentando que se amplió la participación de profesionales provenientes de diferentes regiones del país.

No obstante, estas medidas no lograron silenciar las críticas sobre los nombramientos de embajadores y cónsules en cargos estratégicos.


Los cuestionamientos por los nombramientos políticos

Uno de los principales debates se centró en la permanencia de prácticas consideradas tradicionales dentro del servicio exterior. Durante el mandato de Petro, varias designaciones fueron objeto de escrutinio público debido a la cercanía política de los funcionarios nombrados con el Ejecutivo.

Los críticos sostienen que, aunque el Gobierno promovió el ingreso de nuevos diplomáticos de carrera, en las principales representaciones internacionales continuaron apareciendo figuras con trayectoria política o cercanas al petrismo, reproduciendo un modelo que precisamente había sido cuestionado durante la campaña presidencial.

La situación reavivó el debate sobre la necesidad de profesionalizar completamente la diplomacia colombiana y reducir el margen de discrecionalidad presidencial en la designación de embajadores.


Cambios en la Cancillería y controversias

La Cancillería también enfrentó varios episodios de inestabilidad durante el gobierno. Una de las figuras más controvertidas fue Laura Sarabia, quien asumió el Ministerio de Relaciones Exteriores en 2025 en medio de cuestionamientos por su experiencia en asuntos diplomáticos y por los escándalos políticos que habían marcado su paso por otros cargos del Ejecutivo.

Su gestión estuvo rodeada de polémicas relacionadas con la expedición de pasaportes y decisiones administrativas que terminaron generando investigaciones y críticas desde distintos sectores políticos y diplomáticos.

Paralelamente, el Gobierno defendió su política exterior destacando avances como la normalización de las relaciones con Venezuela, una mayor participación de Colombia en organismos regionales y el fortalecimiento de la integración latinoamericana.


Un debate que trasciende al Gobierno Petro

El debate sobre la diplomacia colombiana no es exclusivo de esta administración. Durante décadas, distintos gobiernos han sido señalados por utilizar embajadas y consulados como espacios de representación política.

Especialistas en relaciones internacionales sostienen que la profesionalización del servicio exterior continúa siendo uno de los grandes desafíos del Estado colombiano, independientemente del color político de cada gobierno.

En ese contexto, el mandato de Gustavo Petro deja un balance mixto: por un lado, un fortalecimiento sin precedentes de la carrera diplomática mediante concursos públicos; por el otro, persistentes cuestionamientos sobre la continuidad de nombramientos políticos en posiciones clave de representación internacional.


¿Hubo realmente un cambio?

A pocos días del cierre del mandato de Gustavo Petro, la discusión permanece abierta. Mientras el Gobierno destaca la ampliación del acceso a la carrera diplomática y la modernización institucional, los críticos consideran que la promesa de romper definitivamente con las viejas prácticas de la política exterior colombiana quedó incompleta.

La percepción de que «los de siempre» continuaron ocupando importantes espacios diplomáticos ha alimentado el debate sobre la necesidad de una reforma estructural que garantice un servicio exterior más técnico, meritocrático e independiente de los intereses políticos de turno.