Dwayne Johnson regresa a Maui y esta vez el reto fue físicamente el más exigente de su carrera
Lo que hace única la situación de Dwayne Johnson en el live action de Moana es que no está descubriendo un personaje nuevo sino redescubriendo uno que ya conoce desde adentro, pero esta vez con la presión adicional de dar vida a Maui en carne y hueso frente a una cámara real. En la versión animada de 2016 solo necesitaba su voz y su carisma natural para conectar con el semidiós, pero en esta adaptación tuvo que someterse a la transformación física más exigente de una carrera construida precisamente sobre su físico imponente. Dos horas y media diarias de maquillaje, 18 kilos de prótesis corporales diseñadas sobre moldes de su propio cuerpo por el oscarizado Joel Harlow, y una peluca que sumaba tres kilos extras cada vez que las escenas involucraban agua. Entre tomas, un equipo de cinco o seis personas lo ventilaba y ajustaba constantemente para que pudiera soportar el calor acumulado bajo el traje.
Pero más allá del esfuerzo físico, lo que Johnson ha destacado en cada entrevista es la dimensión cultural y personal que este regreso a Maui tiene para él. El actor tiene ascendencia samoana por parte de su abuelo el Gran Jefe Peter Maivia, y describió este proyecto como el honor más profundo de su vida al poder honrar la cultura de su pueblo en el escenario más grande del entretenimiento mundial. Una declaración que resonó especialmente porque viene de un hombre acostumbrado a los grandes escenarios, pero que confiesa que ninguno ha tenido el peso emocional que tiene este. La Roca vuelve a Maui no solo como actor sino como descendiente de un pueblo que finalmente ve su historia contada con la grandeza que merece.
