Amaranto dejó la Selección Colombia y el fútbol internacional para cumplir el sueño de dirigir al equipo de sus amores

Los sacrificios de Luis Amaranto Perea para llegar al banquillo del Independiente Medellín son la prueba más contundente de que este proyecto no es un trabajo sino una vocación. El técnico barranquillero dejó atrás cuatro años como asistente de Néstor Lorenzo en la Selección Colombia, un proceso histórico que llevó a la Tricolor al Mundial 2026 y que le dio una proyección internacional enorme como miembro de un cuerpo técnico de primer nivel. Renunciar a ese cargo después del Mundial para irse a dirigir un club del fútbol local colombiano es una decisión que pocos técnicos con su perfil habrían tomado, pero Amaranto nunca dudó porque el DIM no es cualquier club para él sino el lugar donde nació futbolísticamente. Firmó el contrato antes del Mundial y honró primero su compromiso con la Selección antes de asumir en Medellín.

El segundo sacrificio fue igualmente significativo: Amaranto llega al DIM sin experiencia previa como técnico principal de un club grande, habiendo dirigido únicamente a Leones en segunda división y tenido un paso breve por Junior antes de unirse a la Selección. Esa inexperiencia en el cargo lo expone a críticas inmediatas si los resultados no llegan, en un club donde la presión de la hinchada y la historia institucional no esperan procesos largos. Sin embargo Perea eligió asumir ese riesgo precisamente porque sabe que el amor que siente por el Medellín y el conocimiento profundo que tiene del fútbol colombiano son su mayor fortaleza. La victoria 3-2 ante Pasto en el debut fue el primer paso de una historia que el técnico y la hinchada poderosa esperan escribir juntos con tinta roja y azul durante los próximos dos años.