Los países latinoamericanos ubicados sobre la costa del Pacífico están reforzando sus herramientas para identificar y representar las zonas expuestas a terremotos, volcanes y otros fenómenos asociados a la actividad tectónica. En los últimos meses, instituciones científicas de países como Colombia, Ecuador y Chile han desarrollado nuevos trabajos de cartografía, integración de datos y estudio de peligros geológicos.

Aunque no existe evidencia de un único programa regional que haya actualizado simultáneamente todos los mapas de amenaza de la franja del Pacífico, sí hay varios proyectos nacionales y de cooperación internacional que apuntan en la misma dirección: mejorar la información científica disponible para la prevención y la planificación territorial.

Una región marcada por la actividad tectónica

La costa occidental de América Latina forma parte del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona asociada con frecuentes terremotos y actividad volcánica. La razón principal es la interacción entre diferentes placas tectónicas, especialmente en zonas donde una placa oceánica se introduce por debajo de otra, proceso conocido como subducción.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explica que el Cinturón de Fuego corresponde a una zona de elevada actividad sísmica y volcánica alrededor del océano Pacífico. En el sector americano intervienen, entre otras, las placas de Nazca, Cocos, Caribe y Sudamericana.

Esta configuración explica por qué países como México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú y Chile mantienen sistemas permanentes de vigilancia y evaluación de amenazas geológicas.

Colombia y Ecuador trabajan en un mapa sísmico unificado

Uno de los proyectos más recientes se desarrolla entre Colombia y Ecuador. En febrero de 2026, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) informó sobre la elaboración del primer mapa sismológico unificado para la zona fronteriza entre ambos países, con participación del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador (IG-EPN) y el Instituto de Investigación para el Desarrollo de Francia (IRD).

El proyecto busca integrar datos de ambos países utilizando criterios técnicos comunes para representar la distribución de la sismicidad, las estructuras activas y el comportamiento tectónico de la región.

La importancia de este tipo de mapas está en que un terremoto no se detiene en una frontera administrativa. Un sismo producido en la zona fronteriza o frente a la costa del Pacífico puede afectar a territorios de ambos países, por lo que contar con una interpretación común permite mejorar el análisis de la amenaza.

El propio SGC señaló que el trabajo busca fortalecer la cooperación científica, la prevención del riesgo y la comprensión de una amenaza sísmica compartida.

Chile amplía la cartografía de peligros volcánicos

En Chile también se están desarrollando nuevos trabajos de cartografía volcánica. El Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), mediante su Red Nacional de Vigilancia Volcánica, trabaja junto con la Universidad de O’Higgins en una nueva cartografía de peligros para sistemas volcánicos de la zona central.

El proyecto comprende sectores entre el Tupungatito y Nevados de Chillán, además de volcanes como Tinguiririca y El Palomo. Sernageomin indicó que algunos de estos sistemas cuentan con pocos estudios, por lo que la nueva investigación pretende generar información sobre sus posibles escenarios eruptivos y las áreas que podrían resultar afectadas.

La cartografía permitirá identificar áreas potencialmente expuestas a diferentes fenómenos volcánicos y proporcionar información técnica para la planificación territorial y la reducción del riesgo de desastres.

Chile mantiene además vigilancia volcánica permanente mediante su Red Nacional de Vigilancia Volcánica, que opera instrumentalmente las 24 horas en volcanes priorizados y desarrolla cartografía de peligros como parte de sus labores de prevención.

Ecuador lleva décadas desarrollando mapas volcánicos

Ecuador es otro de los países donde la cartografía volcánica constituye una herramienta importante para la gestión del riesgo. El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional señala que el país cuenta con 34 volcanes activos y potencialmente activos, mientras que 13 volcanes activos disponen de mapas de amenaza.

Estos mapas consideran fenómenos como caída de ceniza y otros piroclastos, lahares, flujos de lava, corrientes de densidad piroclástica y avalanchas de escombros.

El Instituto explica además que las metodologías han evolucionado. Los mapas más antiguos se apoyaban principalmente en la distribución de eventos ocurridos en el pasado, mientras que los trabajos posteriores incorporan información sobre recurrencia, modelos estadísticos y simulaciones computacionales de posibles fenómenos futuros.

El Geoportal del Ecuador también reúne mapas de peligros volcánicos elaborados conjuntamente con el Instituto Geofísico, incluidos productos para volcanes como Cayambe, Cotopaxi, Pichincha, Reventador y Tungurahua.

Colombia también mantiene mapas de amenaza volcánica

En Colombia, el Servicio Geológico Colombiano dispone de cartografía específica para diferentes volcanes, entre ellos Puracé, Nevado del Ruiz y Cerro Machín. El Geoportal del SGC incluye diferentes capas relacionadas con fenómenos volcánicos y zonas de amenaza.

Uno de los ejemplos es el mapa de amenaza del volcán Galeras. Su actualización tomó en cuenta información geológica e histórica, además de los registros de actividad volcánica recopilados desde 1988. El SGC utilizó estos datos para establecer parámetros y escenarios destinados a representar los posibles fenómenos volcánicos.

En paralelo, Colombia cuenta con un mapa nacional de amenaza sísmica que incorpora información sobre fuentes sismogénicas, fallas y zonas de convergencia de placas. El modelo representa probabilísticamente el movimiento del terreno que podría producirse por futuros terremotos.

¿Qué significa realmente «actualizar un mapa de amenaza»?

Actualizar un mapa no significa que los científicos estén anunciando que un terremoto o una erupción ocurrirá próximamente.

Los mapas de amenaza representan escenarios posibles a partir de la información científica disponible. Para elaborarlos se utilizan registros históricos, características geológicas, actividad sísmica, ubicación de fallas, comportamiento de volcanes, modelos matemáticos y simulaciones.

En el caso de los volcanes, por ejemplo, un mapa puede mostrar las zonas que potencialmente podrían verse afectadas por ceniza, lava, lahares o flujos piroclásticos. El Instituto Geofísico de Ecuador destaca que la extensión de estas zonas depende de factores como el volumen e intensidad del fenómeno y las características del terreno.

Por eso, amenaza, riesgo y alerta no son conceptos equivalentes. Un área puede estar incluida dentro de una zona de amenaza sin que exista una emergencia activa.

La diferencia entre amenaza sísmica y «amenaza tectónica»

También es importante precisar el término «amenaza tectónica». En la información oficial consultada, las instituciones suelen hablar de amenaza sísmica, amenaza volcánica, fallas activas, deformación tectónica o peligros geológicos, dependiendo del fenómeno estudiado.

La tectónica de placas es el proceso geológico que ayuda a explicar muchos de estos fenómenos, pero no constituye por sí sola una alerta. Por ejemplo, el movimiento de las placas puede generar acumulación de esfuerzos y deformación de la corteza, mientras que la liberación de esos esfuerzos puede producir terremotos.

En el caso de Colombia, el mapa nacional de amenaza sísmica utiliza precisamente información sobre la tectónica regional y las estructuras capaces de generar sismos para construir sus modelos.

Una herramienta para la prevención

El objetivo final de esta cartografía no es predecir exactamente cuándo ocurrirá un terremoto o una erupción, sino conocer mejor dónde y cómo podrían producirse sus efectos.

Esa información puede ser utilizada por autoridades para definir planes de emergencia, establecer rutas de evacuación, orientar el ordenamiento territorial, determinar normas de construcción y preparar a las comunidades ubicadas cerca de volcanes o zonas sísmicamente activas.

El caso chileno muestra esta relación de manera directa: Sernageomin señala que la nueva cartografía busca aportar antecedentes técnicos para la gestión del riesgo de desastres y la planificación territorial.

Una región que comparte los mismos procesos geológicos

Desde México hasta Chile, la costa del Pacífico latinoamericano está condicionada por procesos geológicos que atraviesan las fronteras nacionales. Sin embargo, la información científica no se actualiza necesariamente al mismo tiempo ni mediante un único mapa regional.

Lo que se observa actualmente es una combinación de nuevos estudios nacionales, actualización de cartografías existentes, monitoreo permanente y cooperación científica entre países. El trabajo conjunto entre Colombia, Ecuador y Francia para unificar información sismológica es un ejemplo concreto de esta tendencia, mientras que los proyectos de Chile y los sistemas de cartografía volcánica de Ecuador y Colombia muestran cómo cada país desarrolla herramientas adaptadas a sus propios volcanes y estructuras geológicas.

En una región donde terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas forman parte de los peligros naturales asociados a la dinámica del Pacífico, contar con información geológica más precisa permite que la prevención se base cada vez más en evidencia científica y no solamente en los registros de desastres ocurridos en el pasado.