La observación de la Tierra desde el espacio está transformando la manera en que científicos y organismos internacionales estudian las sequías. En África, donde numerosas regiones cuentan con pocas estaciones meteorológicas y redes limitadas de medición directa del suelo, los datos obtenidos mediante satélites permiten cubrir extensas superficies y detectar cambios que serían difíciles de identificar únicamente desde tierra.

En 2026, el programa europeo Copernicus ha continuado ampliando las herramientas disponibles para analizar tanto la temperatura de la superficie terrestre como la cantidad de agua almacenada en el suelo. Entre las novedades se encuentran productos globales con mayor resolución para estudiar la temperatura superficial y una nueva generación del Soil Water Index (SWI), que permite seguir diariamente la evolución de la humedad del suelo a diferentes profundidades.

Sin embargo, hay una precisión importante: no existe evidencia en las fuentes oficiales consultadas de que Europa haya anunciado en 2026 unos «primeros mapas térmicos de alta resolución» específicamente destinados a medir la humedad del suelo en toda África. La realidad es más interesante: diferentes sistemas satelitales y productos de Copernicus combinan información térmica, radar, observaciones ópticas y modelos para estudiar la sequía desde distintas perspectivas.

¿Por qué mirar el suelo desde el espacio?

La humedad del suelo es una de las variables fundamentales para entender el estado de los ecosistemas y de la agricultura. No basta con saber cuánto ha llovido: una región puede recibir precipitaciones y, aun así, experimentar estrés hídrico si las temperaturas son elevadas, la evaporación aumenta o el agua no permanece suficiente tiempo en el suelo.

El agua almacenada en la tierra determina, entre otras cosas, la disponibilidad de humedad para las plantas, la respuesta de los ecosistemas, el desarrollo de los cultivos y parte del comportamiento del ciclo hidrológico. Por ello, Copernicus considera la humedad del suelo una variable climática esencial.

El problema es que medirla directamente sobre grandes extensiones resulta complicado. En muchas zonas de África no existen suficientes estaciones de medición para construir una fotografía detallada y continua de las condiciones del suelo.

Ahí es donde entran los satélites.

La temperatura también cuenta una historia

Una de las herramientas más importantes es la observación de la temperatura de la superficie terrestre.

Cuando el suelo y la vegetación pierden agua, cambian las condiciones térmicas de la superficie. Por eso, la temperatura puede utilizarse como una señal complementaria para identificar estrés hídrico y condiciones favorables para el desarrollo de una sequía.

El nuevo producto Global Land Surface Temperature Version 3 del Copernicus Land Monitoring Service proporciona información térmica global con una resolución espacial de aproximadamente 3 kilómetros, mejorando respecto a la versión anterior de 5 kilómetros. Además, genera estimaciones horarias y permite analizar el ciclo térmico diario de la superficie.

El sistema combina observaciones de diferentes satélites geoestacionarios y utiliza información procedente de canales infrarrojos térmicos. El resultado permite observar cómo se calienta y enfría la superficie durante el día y detectar anomalías térmicas.

Esta información resulta especialmente útil para agricultura, hidrología y seguimiento de sequías, ya que las temperaturas de la superficie están relacionadas con procesos como el estrés hídrico de la vegetación y la evapotranspiración.

De la temperatura a la humedad del suelo

Pero existe una diferencia importante entre temperatura superficial y humedad del suelo.

Un mapa térmico no equivale automáticamente a un mapa que indique cuánta agua contiene la tierra. Para conocer mejor la humedad se necesitan otras observaciones y modelos.

En este punto cobra importancia el Soil Water Index 0.1° Version 4, actualizado por Copernicus en marzo de 2026. Este producto utiliza observaciones satelitales de humedad superficial y un modelo que simula cómo el agua se infiltra y evoluciona dentro del perfil del suelo.

El índice representa las condiciones relativas de humedad mediante valores que van desde 0 %, completamente seco, hasta 100 %, completamente saturado. Además, puede analizar diferentes profundidades, permitiendo distinguir entre cambios rápidos cerca de la superficie y variaciones más lentas en capas profundas.

Para África esto resulta particularmente relevante porque el sistema ofrece cobertura mundial y ya permite representar las condiciones de humedad de regiones del continente. Copernicus, por ejemplo, publicó un mapa del SWI correspondiente al sur de África para febrero de 2026, incluyendo zonas de países como Zambia, Zimbabue y Botsuana.

El radar Sentinel-1 también entra en escena

La tecnología europea para estudiar el agua en el suelo no comenzó con los productos de 2026.

El satélite Sentinel-1, equipado con radar de apertura sintética, ya ha demostrado que es posible obtener mediciones de humedad superficial con una resolución considerablemente mayor que la de muchos productos operativos tradicionales.

En investigaciones apoyadas por la Agencia Espacial Europea, científicos utilizaron datos de Sentinel-1 para generar mapas de humedad del suelo con una resolución de 1 kilómetro. ESA señaló que esta resolución permite analizar la disponibilidad de agua y estudiar la sequía en áreas mucho más pequeñas.

La importancia para África es evidente. ESA ha señalado que estos datos de alta resolución pueden ser especialmente útiles en regiones donde las redes de medición sobre el terreno son escasas.

Esto abre la puerta a modelos hidrológicos más detallados y a una vigilancia que no dependa exclusivamente de estaciones meteorológicas.

¿Qué significa una «sequía» desde el espacio?

La sequía no es simplemente la ausencia de lluvia.

Existen diferentes formas de medirla. Una región puede experimentar una sequía meteorológica cuando las precipitaciones están muy por debajo de lo normal; una sequía agrícola cuando la falta de agua afecta a cultivos y vegetación; y una sequía hidrológica cuando comienzan a disminuir de forma importante los recursos disponibles en ríos, lagos, embalses o acuíferos.

Por eso, los sistemas de observación de la Tierra utilizan múltiples indicadores.

Los satélites pueden aportar información sobre:

  • Temperatura de la superficie.
  • Humedad superficial del suelo.
  • Contenido de agua en capas más profundas mediante modelos.
  • Estado y vigor de la vegetación.
  • Cambios en la cobertura terrestre.
  • Agua superficial.
  • Evapotranspiración.

La combinación de estas variables permite obtener una imagen mucho más completa que la que ofrecería un único indicador.

África enfrenta un desafío particular

El continente tiene una enorme diversidad climática: desde zonas desérticas y semiáridas hasta regiones tropicales húmedas. Eso significa que no se puede utilizar exactamente el mismo criterio para interpretar las condiciones de sequía en todo el territorio.

Además, la disponibilidad de observaciones terrestres sigue siendo un desafío.

Precisamente por eso, los programas europeos de observación de la Tierra han desarrollado iniciativas específicas para impulsar el uso de información satelital en África. ESA dispone incluso de recursos educativos dedicados al seguimiento de sequías desde el espacio, incluyendo contenidos sobre Sentinel, vegetación, evapotranspiración, humedad del suelo y monitorización de cultivos.

La ventaja fundamental de los satélites es su capacidad para observar grandes áreas de manera sistemática. Esto permite comparar una determinada región con su comportamiento histórico y detectar anomalías.

Los datos de 2026 muestran señales de sequedad en varias regiones

Los datos más recientes de Copernicus también muestran que la situación hídrica de África continúa siendo heterogénea.

En agosto de 2026, el servicio climático europeo identificó condiciones más secas de lo normal en partes del Magreb, el Cuerno de África y Sudáfrica. Para el conjunto del verano boreal, entre junio y agosto, las condiciones secas también afectaron al Cuerno de África, Madagascar y otras zonas del continente.

Estos datos deben interpretarse con cuidado, especialmente en regiones tropicales. El propio Copernicus advierte que existen limitaciones en determinados productos de humedad y precipitación en estas áreas, por lo que los mapas no deben interpretarse como una medición perfecta de cada parcela de terreno.

Aun así, la información es valiosa para identificar patrones regionales y orientar análisis más específicos.

¿Cómo se transforma una señal del satélite en un mapa?

El proceso es bastante más complejo de lo que parece.

Primero, los sensores instalados en los satélites registran diferentes propiedades de la superficie terrestre. Dependiendo del instrumento, pueden observar radiación térmica, señales de radar o información óptica.

Posteriormente, esos datos son procesados mediante algoritmos que tienen en cuenta variables como la cobertura vegetal, las características de la superficie y las condiciones atmosféricas.

En el caso de la temperatura superficial de Copernicus, por ejemplo, los algoritmos utilizan observaciones infrarrojas y datos auxiliares de cobertura terrestre y vegetación para realizar las estimaciones.

Para el Soil Water Index, las observaciones satelitales de humedad superficial se introducen en un modelo de balance hídrico de dos capas. El modelo simula cómo el agua entra en el suelo y cómo evoluciona posteriormente a diferentes profundidades.

Finalmente, los resultados se convierten en mapas que permiten visualizar zonas más secas o húmedas y compararlas con períodos anteriores.

Una herramienta para la agricultura

Uno de los mayores beneficios de esta tecnología está en el sector agrícola.

En regiones donde una parte importante de la población depende de la agricultura de secano, detectar rápidamente el deterioro de las condiciones de humedad puede ser fundamental.

Los datos de humedad permiten estudiar si los cultivos disponen de suficiente agua, mientras que la información térmica puede ayudar a detectar estrés asociado a altas temperaturas y falta de agua.

Copernicus señala que sus productos de humedad del suelo pueden utilizarse para monitorizar el desarrollo de sequías, el estrés hídrico de la vegetación y las condiciones necesarias para el seguimiento de cultivos y la predicción de rendimientos.

La utilidad no se limita a saber que una región está seca. También consiste en identificar dónde, cuándo y con qué intensidad están cambiando las condiciones.

De la detección temprana a la respuesta

La gran promesa de estos sistemas es mejorar la anticipación.

Si los satélites detectan que una región presenta temperaturas superficiales anormalmente elevadas, disminución de humedad y señales de estrés vegetal, los científicos pueden comparar esos datos con registros históricos y otros indicadores climáticos.

El objetivo es detectar señales de deterioro antes de que los efectos sean completamente visibles sobre el terreno.

Esto puede contribuir a tomar decisiones relacionadas con la agricultura, el agua, la gestión de ecosistemas y la respuesta ante emergencias.

No significa que un satélite pueda predecir por sí solo cuándo ocurrirá una sequía. La información espacial debe combinarse con observaciones terrestres, modelos meteorológicos, datos hidrológicos y conocimiento local.

Una tecnología que seguirá evolucionando

La tendencia apunta hacia mapas cada vez más detallados y sistemas capaces de actualizar la información con mayor frecuencia.

El nuevo producto térmico global de Copernicus, por ejemplo, ofrece observaciones horarias y una resolución de aproximadamente 3 kilómetros, mientras que los productos de humedad del suelo continúan desarrollándose mediante la combinación de satélites y modelos.

Al mismo tiempo, investigaciones con Sentinel-1 han demostrado el potencial de alcanzar resoluciones de alrededor de 1 kilómetro para la humedad superficial, especialmente en aplicaciones donde se necesita conocer con mayor precisión la variabilidad espacial.

La siguiente etapa será integrar estas fuentes de información para construir representaciones cada vez más completas del ciclo del agua.

El desafío: interpretar correctamente los mapas

Aunque los mapas satelitales son una herramienta poderosa, no deben confundirse con mediciones directas de cada punto del terreno.

La temperatura superficial puede verse afectada por la vegetación, las nubes, las características del suelo y las condiciones atmosféricas. La humedad también presenta dificultades porque las señales satelitales suelen representar principalmente las capas más superficiales, mientras que las plantas pueden depender de agua disponible a mayor profundidad.

Por eso, los productos modernos recurren a modelos y diferentes fuentes de información.

Copernicus incorpora indicadores de calidad y validaciones frente a modelos y mediciones terrestres para evaluar la fiabilidad de sus productos.

Una nueva forma de observar el agua que no vemos

La verdadera revolución de estas tecnologías no consiste únicamente en producir imágenes espectaculares desde el espacio. Su importancia está en convertir señales que son invisibles para el ojo humano en información útil para comprender el estado de los territorios.

Una superficie aparentemente normal puede estar perdiendo humedad progresivamente. Los sensores pueden detectar cambios térmicos, mientras que otros instrumentos permiten estimar la humedad superficial y los modelos reconstruyen cómo podría evolucionar el agua dentro del suelo.

En África, donde la extensión territorial y las limitaciones de las redes de observación hacen especialmente difícil obtener información uniforme, esta combinación puede convertirse en una herramienta estratégica.

Los mapas térmicos de alta resolución, junto con los mapas de humedad y otros indicadores satelitales, no eliminan el riesgo de sequía, pero sí permiten observarla con mayor detalle y comprender mejor su evolución.

Y cuanto antes se identifiquen las señales de estrés hídrico, mayores son las posibilidades de que agricultores, investigadores y organismos de emergencia puedan actuar antes de que una temporada seca se convierta en una crisis de mayores dimensiones.