Mientras continúan las labores de recuperación tras los devastadores terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, una tragedia menos visible comienza a llamar la atención de rescatistas y organizaciones defensoras de animales: cientos de perros y gatos permanecen entre los escombros de viviendas destruidas, esperando el regreso de familias que probablemente nunca volverán.

La situación fue documentada por la fundación colombiana Manejo Humanitario de Fauna Callejera, que se desplazó hasta las zonas afectadas para apoyar las labores de rescate y atención veterinaria. Sus integrantes encontraron decenas de animales heridos, desorientados, con signos de deshidratación y aferrados a los lugares donde antes estaban sus hogares.

Según explicó la directora de la organización y médica veterinaria, Leidy Guerra, muchos de estos animales lograron escapar durante el sismo, pero regresaron instintivamente a las ruinas porque continúan identificando esos espacios como su hogar. Allí permanecen durante días, esperando a sus dueños, sin comprender la magnitud de la tragedia.

Los equipos de rescate trabajan para brindar atención médica, alimento y refugio temporal a las mascotas sobrevivientes. Sin embargo, el número de animales afectados supera ampliamente la capacidad de respuesta de las organizaciones presentes en el terreno, por lo que hacen un llamado a la solidaridad y al apoyo internacional para continuar con las labores de rescate.

La emergencia humanitaria causada por los terremotos ha dejado miles de víctimas y familias desplazadas, pero también ha evidenciado el impacto que estos desastres tienen sobre los animales de compañía, muchos de los cuales quedaron separados de sus propietarios o atrapados bajo los escombros. En algunos casos, los rescatistas han logrado reunir nuevamente a las mascotas con sus familias; en otros, los animales permanecen a la espera de alguien que quizá nunca regrese.

Organizaciones animalistas insisten en que la protección de las mascotas también debe hacer parte de los planes de atención en emergencias, pues estos animales forman parte de miles de familias y, al igual que las personas, sufren las consecuencias físicas y emocionales de las catástrofes naturales. Mientras Venezuela intenta recuperarse del desastre, la imagen de perros y gatos aguardando frente a casas que ya no existen se ha convertido en uno de los rostros más conmovedores de la tragedia.