Dublín ha apostado por una forma poco convencional de observar lo que ocurre en el aire que respiran sus habitantes: convertir parte de la infraestructura cotidiana de reparto en una red móvil de monitoreo ambiental. Sensores instalados en vehículos que recorren diariamente la capital irlandesa, junto con dispositivos ubicados en edificios y espacios públicos, permiten recopilar datos sobre la contaminación a una escala mucho más detallada que la obtenida únicamente mediante estaciones fijas.

Sin embargo, hay una precisión importante sobre el planteamiento original de esta noticia: la iniciativa documentada no consiste en sensores instalados en unidades de correo postal de An Post, sino principalmente en vehículos de reparto de DPD Ireland, empresa de paquetería. El proyecto fue lanzado en 2021 y contempló sensores en 102 vehículos de reparto y en 22 puntos fijos de Dublín, incluidos edificios como bibliotecas, escuelas, depósitos y una estación de bomberos. Posteriormente, la propia empresa ha informado de una red de alrededor de 100 vehículos y más de 20 sensores fijos dentro de esta estrategia de monitoreo.

La iniciativa forma parte de una tendencia creciente en las ciudades: utilizar vehículos que ya circulan constantemente por las calles como plataformas móviles para recopilar información ambiental. De esta manera, la actividad logística no solo cumple una función de transporte y distribución, sino que también puede convertirse en una fuente continua de datos sobre las condiciones urbanas.

Una red de sensores que se mueve por la ciudad

Tradicionalmente, el monitoreo de la calidad del aire depende de estaciones instaladas en puntos específicos. Estos sistemas son fundamentales porque permiten realizar mediciones continuas y rigurosas, pero tienen una limitación evidente: ofrecen información detallada sobre el lugar exacto donde se encuentran.

El modelo desarrollado en Dublín busca complementar esa infraestructura mediante sensores móviles. Los vehículos de reparto circulan diariamente por diferentes barrios, avenidas y calles, por lo que pueden registrar variaciones en las condiciones ambientales a lo largo de sus rutas.

En el proyecto impulsado junto a la empresa especializada Pollutrack, los sensores fueron diseñados para medir en tiempo real concentraciones de material particulado fino PM2.5. Estas partículas microscópicas son especialmente relevantes para la salud pública debido a su pequeño tamaño, que les permite penetrar profundamente en el sistema respiratorio. Los dispositivos transmiten las mediciones mediante redes de comunicación a una base de datos, permitiendo construir una imagen mucho más dinámica de la contaminación urbana.

Según la información publicada sobre el programa, los sensores realizaban mediciones a intervalos de aproximadamente 12 segundos, lo que permitía recopilar una gran cantidad de información durante los recorridos de los vehículos. La combinación de datos procedentes de unidades móviles y sensores fijos hace posible identificar diferencias entre distintas zonas de la ciudad y detectar lugares donde los niveles de contaminación pueden ser superiores a los de áreas cercanas.

¿Por qué medir el aire calle por calle?

La contaminación atmosférica no se distribuye de manera uniforme. Dos calles separadas por apenas unas cuadras pueden registrar condiciones diferentes debido a factores como el volumen del tráfico, la presencia de edificios, la velocidad del viento, las obras, la actividad comercial o la cercanía a determinadas fuentes de emisiones.

Por eso, contar con información a nivel de calle puede ser especialmente útil para las autoridades y los investigadores. Un mapa general de una ciudad puede indicar que la calidad del aire es aceptable en promedio, pero ese promedio puede ocultar puntos concretos donde la población está expuesta a mayores concentraciones de contaminantes.

Dublín ya había desarrollado otros proyectos de monitoreo hiperlocal. Uno de los más importantes fue Project Air View, realizado con la participación del Ayuntamiento de Dublín y Google. Durante un estudio de 16 meses, un vehículo equipado con tecnología de medición recorrió las calles de la ciudad y recopiló más de 50 millones de mediciones en alrededor de cinco millones de ubicaciones. El objetivo era crear mapas detallados que permitieran identificar variaciones de la contaminación a una escala mucho más precisa.

Ese estudio detectó diferencias importantes entre distintas zonas y señaló, entre otros puntos, niveles más elevados de contaminación asociados a algunas vías de tráfico intenso y áreas de gran circulación vehicular. También dejó claro que las mediciones móviles no buscan sustituir las estaciones tradicionales, sino aportar una capa adicional de información para entender mejor lo que sucede entre un punto de monitoreo y otro.

El papel de las empresas de reparto en la recopilación de datos

La utilización de vehículos de reparto tiene una ventaja evidente: estas flotas ya recorren la ciudad todos los días como parte de su actividad normal. Instalar sensores en ellas permite aprovechar esos desplazamientos para obtener información ambiental sin tener que crear desde cero una red completamente nueva de vehículos dedicados exclusivamente al monitoreo.

En el caso del programa desarrollado en Dublín, los datos fueron planteados como un recurso para investigadores, autoridades locales y organizaciones relacionadas con la salud y el medio ambiente. Entre las entidades vinculadas al proyecto se encontraban instituciones académicas, Dublin City Council y organizaciones interesadas en los efectos de la contaminación sobre la salud.

Esta colaboración entre empresas privadas, universidades y administraciones públicas es uno de los aspectos más relevantes del proyecto. La información generada por la actividad comercial de una flota puede adquirir un valor adicional cuando se comparte para apoyar la investigación y la toma de decisiones públicas.

La estrategia también refleja un cambio en la manera de entender las ciudades conectadas. Los sensores ya no tienen que permanecer exclusivamente en una estación fija: pueden instalarse en vehículos, edificios e incluso otras infraestructuras urbanas, creando redes capaces de ofrecer una visión más amplia y variable de lo que ocurre en el entorno.

Dublín y la expansión de las tecnologías de monitoreo ambiental

El programa de sensores en vehículos de reparto no es el único proyecto de este tipo en la capital irlandesa. En los últimos años, Dublín ha desarrollado diferentes iniciativas destinadas a aumentar la cantidad y la calidad de la información ambiental disponible.

Además del mapeo calle por calle realizado con tecnología móvil, en 2024 se presentó el proyecto Urban Sense, una iniciativa orientada a medir emisiones de gases de efecto invernadero y variables relacionadas con la calidad del aire mediante una red de sensores distribuidos en diferentes zonas de la ciudad.

El proyecto contempla dispositivos capaces de registrar, entre otros elementos, concentraciones de dióxido de carbono y metano, además de variables ambientales y meteorológicas. El propósito es identificar patrones y posibles puntos de concentración de emisiones, ofreciendo una visión prácticamente en tiempo real de distintos procesos urbanos.

La existencia de varios programas demuestra que el monitoreo ambiental en Dublín está evolucionando hacia un modelo de mayor resolución espacial. En lugar de depender exclusivamente de un número limitado de estaciones permanentes, las autoridades y organizaciones pueden combinar sensores fijos, vehículos equipados con tecnología de medición y herramientas de análisis de datos.

Tecnología, calibración y calidad de la información

Uno de los principales desafíos de cualquier red de sensores ambientales es garantizar que los datos obtenidos sean fiables. Los dispositivos móviles pueden enfrentarse a cambios constantes de temperatura, humedad, velocidad y ubicación, factores que pueden afectar las mediciones.

Por ello, los proyectos de monitoreo móvil requieren procesos de calibración y comparación con estaciones de referencia. En el caso de las iniciativas de mapeo de Dublín, los sistemas móviles han sido comparados con centros de monitoreo estacionarios para comprobar la correspondencia de los resultados y aumentar la confianza en los datos obtenidos.

Este punto es fundamental porque la gran cantidad de información no garantiza, por sí sola, una mejor comprensión del problema. Para que los datos sean útiles en políticas públicas, investigaciones o decisiones urbanísticas, deben pasar por procesos de validación y análisis que permitan distinguir entre variaciones reales de la contaminación y posibles errores de medición.

Una ciudad que también convierte sus calles en fuentes de información

La principal novedad de este tipo de proyectos está en su capacidad para aprovechar elementos que ya forman parte del funcionamiento diario de una ciudad. Un vehículo de reparto deja de ser únicamente un medio para transportar paquetes y se convierte también en una plataforma móvil de recopilación de datos.

Esto puede ayudar a responder preguntas que los sistemas tradicionales tienen más dificultades para resolver: ¿en qué calles se concentran determinados contaminantes?, ¿cómo cambian las condiciones a lo largo del día?, ¿qué zonas presentan diferencias significativas respecto a los barrios cercanos?, o ¿cómo influyen el tráfico y la configuración urbana en la calidad del aire?

Los resultados pueden servir para orientar futuras investigaciones y políticas relacionadas con movilidad, planificación urbana y salud ambiental. Por ejemplo, la identificación de puntos críticos podría aportar información para evaluar cambios en el tráfico, rutas de transporte, zonas de bajas emisiones o intervenciones destinadas a reducir la exposición de la población a contaminantes.

El contexto de la movilidad sostenible en la capital irlandesa

La relación entre logística y medio ambiente también se ha convertido en una prioridad para los servicios de reparto que operan en Dublín. Aunque la red de monitoreo descrita en esta nota está vinculada principalmente a DPD Ireland, An Post, el servicio postal nacional de Irlanda, ha desarrollado paralelamente una estrategia de electrificación de sus entregas.

En 2020, An Post anunció que todas las entregas de cartas y paquetes en el centro de Dublín se realizaban con vehículos de cero emisiones, tras incorporar camiones eléctricos a su flota. La empresa informó entonces que utilizaba 47 vehículos de cero emisiones para estas operaciones y estimó que la medida permitiría evitar aproximadamente 450 toneladas de CO₂.

Ambas iniciativas responden a objetivos ambientales diferentes, pero muestran cómo el sector de la distribución puede desempeñar un papel más amplio dentro de las ciudades: por un lado, reducir las emisiones generadas por las propias operaciones; por otro, utilizar la movilidad cotidiana para recopilar información sobre el entorno urbano.

Más datos para tomar mejores decisiones

El desarrollo de redes de monitoreo como las implementadas en Dublín refleja una transformación en la forma de observar las ciudades. La información ambiental ya no procede únicamente de grandes estaciones situadas en puntos concretos. Cada vez es más común complementar esas redes con sensores más pequeños, móviles y conectados.

En el caso de Dublín, los sensores instalados en más de un centenar de vehículos de reparto y en distintos puntos fijos han contribuido a crear una imagen más detallada de la presencia de partículas contaminantes en diferentes zonas de la capital. A esto se suman otros proyectos que han utilizado vehículos especializados y redes de sensores para medir contaminantes y emisiones con mayor precisión espacial.

El resultado es una ciudad en la que la tecnología de monitoreo ambiental comienza a integrarse con la infraestructura cotidiana. Los vehículos que circulan por las calles, los edificios y otros elementos urbanos pueden convertirse en puntos de observación capaces de generar información útil sobre uno de los principales desafíos de las grandes ciudades: conocer con mayor precisión qué hay en el aire que respiran sus habitantes.

Más que una simple ampliación de sensores, el caso de Dublín muestra cómo la movilidad, la tecnología y el análisis de datos pueden combinarse para construir mapas ambientales cada vez más detallados. El desafío, a partir de esa información, será transformar las mediciones en decisiones concretas que contribuyan a reducir la contaminación y mejorar la calidad de vida urbana.