El exemir de Catar, Hamad bin Khalifa Al Thani, falleció este domingo a los 74 años, poniendo fin a la vida del dirigente que transformó un pequeño Estado del Golfo en una de las economías más prósperas e influyentes del mundo. La noticia fue confirmada por el Amiri Diwan, la oficina oficial del emirato, que no reveló las causas de su muerte.
Su llegada al poder marcó un punto de inflexión en la historia de Catar. En 1995 protagonizó un golpe de Estado sin derramamiento de sangre contra su padre, el entonces emir Khalifa bin Hamad Al Thani, mientras este se encontraba de viaje en el extranjero. A partir de ese momento impulsó un ambicioso plan de modernización que cambió el rumbo económico, político y diplomático del país.
Durante sus 18 años de gobierno, el desarrollo de la industria del gas natural licuado convirtió a Catar en uno de los mayores exportadores mundiales de este recurso y multiplicó los ingresos del Estado. Esa riqueza permitió crear un poderoso fondo soberano de inversión, financiar grandes proyectos de infraestructura y expandir la presencia catarí en sectores estratégicos como la aviación, el deporte, los bienes raíces y las finanzas internacionales.
En el ámbito internacional, Hamad también buscó proyectar la influencia de su país más allá de su tamaño geográfico. Bajo su liderazgo nació la cadena Al Jazeera, que revolucionó el panorama mediático del mundo árabe, mientras Catar asumía un papel activo como mediador en conflictos regionales y fortalecía relaciones tanto con Occidente como con distintos actores de Oriente Medio. Esa política exterior, sin embargo, también generó tensiones con algunos países vecinos por su respaldo a determinados movimientos políticos durante la Primavera Árabe.
Otro de los hitos de su mandato fue impulsar la candidatura que permitió a Catar organizar la Copa Mundial de la FIFA 2022, un proyecto que elevó la visibilidad internacional del emirato, aunque estuvo acompañado de cuestionamientos por las condiciones laborales de los trabajadores migrantes y los elevados costos de las obras.
En 2013 sorprendió al mundo al renunciar voluntariamente al trono y transferir el poder a su hijo, Tamim bin Hamad Al Thani, una transición pacífica poco habitual entre las monarquías del Golfo. Desde entonces permaneció alejado de la primera línea política, aunque siguió siendo una figura de referencia dentro del país.
La muerte de Hamad bin Jalifa Al Thani cierra un capítulo decisivo en la historia contemporánea de Catar. Su legado permanece asociado a la transformación de un emirato con recursos limitados en una potencia energética, financiera y diplomática con influencia en los principales escenarios internacionales, aunque su gestión también seguirá siendo objeto de debate por las controversias que acompañaron su política exterior y el acelerado crecimiento del país.
