En un clima de máxima tensión institucional, el presidente saliente Gustavo Petro ha lanzado sus acusaciones más graves hasta la fecha contra los resultados de las elecciones del 21 de junio, en las que el Consejo Nacional Electoral (CNE) ratificó la victoria de Abelardo de la Espriella por un estrecho margen del 0,96%.

A solo tres días de entregar la presidencia, Petro utilizó una alocución desde la Casa de Nariño para desconocer la legitimidad del gobierno entrante, declarar que el verdadero ganador fue el candidato oficialista Iván Cepeda, y advertir sobre un inminente riesgo de violencia en el país.

La teoría del «fraude algorítmico»

El mandatario centró sus denuncias en el software de escrutinio, operado por la firma Thomas Greg & Sons, y en la presunta vulnerabilidad de la plataforma de la Registraduría Nacional.

Según Petro, la alteración no ocurrió en las urnas frente a los testigos físicos, sino durante la digitalización de los datos. “El fraude no estuvo en el preconteo, sino en la subida de los formatos E-14 a la plataforma oficial. Al quitar el candado hash, los PDFs se vuelven modificables”, explicó el presidente, acusando directamente al registrador Hernán Penagos de mentirle al país sobre la seguridad del sistema.

Apoyado en datos de un «colectivo digital» de 70.000 testigos, el presidente aseguró que se descubrió la adulteración de al menos 120.000 documentos electorales. Además, criticó duramente al Consejo de Estado por negar las demandas de nulidad presentadas por el oficialismo, afirmando que «la justicia no vela por la Constitución y la ley».

«Presidente ilegítimo» y advertencia de terrorismo

El discurso de Petro escaló rápidamente de las irregularidades técnicas a la denuncia de una conspiración internacional, acusando específicamente a Israel de financiar y ejecutar un fraude para imponer a De la Espriella. «Extranjeros hicieron con dinero el fraude… somos colonia a partir de las 3:00 p. m. del viernes; perdimos 200 años de historia independiente», sentenció.

Más alarmante aún fue su revelación en materia de seguridad. El presidente aseguró tener inteligencia sobre «decenas de toneladas de explosivos» ubicadas en Cali —sede de la posesión presidencial— y el Valle del Cauca.

El retorno al llano como «jefe de medio país»

Al borde de abandonar la Casa de Nariño, Petro anticipó su rol como líder de la oposición frente al gobierno de derecha que se avecina. Prometió salir a ser «el jefe de medio país» y advirtió que el desconocimiento de la voluntad popular configura un escenario que podría derivar en una guerra civil.

Este incendiario discurso de cierre, sumado a sus esfuerzos paralelos por viajar a Estados Unidos para limpiar su nombre de la Lista OFAC, configura uno de los traspasos de poder más volátiles y polarizados en la historia reciente de Colombia.