La posibilidad de que una persona pueda recuperar un diente perdido mediante el crecimiento de uno nuevo, en lugar de recurrir a implantes, prótesis o puentes, ha dejado de ser únicamente una idea propia de la ciencia ficción. En Japón, un equipo de investigadores lleva varios años desarrollando un tratamiento experimental que pretende aprovechar los mecanismos naturales que participan en la formación de los dientes.
El protagonista de esta investigación es TRG035, un fármaco experimental desarrollado por la empresa japonesa Toregem BioPharma a partir de investigaciones realizadas por científicos vinculados con la Universidad de Kioto. El tratamiento consiste en un anticuerpo diseñado para bloquear una proteína denominada USAG-1, que actúa como uno de los mecanismos que limitan el desarrollo de los dientes.
El proyecto ya dio el salto de los estudios preclínicos a los ensayos con seres humanos. Sin embargo, hay una precisión importante: los primeros ensayos clínicos no están comenzando ahora. El estudio de fase I en Japón comenzó en octubre de 2024 y posteriormente fue completado. Para 2026, el proyecto se encuentra avanzando hacia una siguiente etapa de investigación clínica, enfocada especialmente en personas con ausencia congénita de múltiples dientes.
Esto significa que el tratamiento continúa siendo experimental y que todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que una persona que haya perdido un diente por caries, traumatismo o enfermedad periodontal pueda simplemente recibir el medicamento y recuperar una pieza dental funcional.
¿Qué es exactamente el fármaco TRG035?
TRG035 es un anticuerpo monoclonal humanizado contra la proteína USAG-1. Su objetivo no es fabricar artificialmente un diente ni sustituirlo por una pieza sintética, sino intervenir sobre las señales biológicas que participan en el desarrollo dental.
Durante la formación de los dientes intervienen diferentes moléculas y vías de señalización. Entre ellas están las relacionadas con las proteínas BMP y Wnt, que participan en procesos de desarrollo y formación de tejidos. USAG-1 funciona como un regulador que puede limitar estas señales.
La estrategia desarrollada por los investigadores consiste, en términos sencillos, en bloquear USAG-1 para quitar parte de ese freno biológico y favorecer que determinados brotes dentales puedan continuar su desarrollo.
La empresa Toregem explica que sus investigaciones se originaron en observaciones sobre animales que desarrollaban dientes adicionales. A partir de estos estudios, el equipo dirigido por el investigador japonés Katsu Takahashi estudió los mecanismos moleculares que podían explicar por qué algunos brotes dentales continuaban creciendo mientras otros normalmente desaparecían.
La idea detrás del tratamiento: despertar los brotes dentales
Para entender por qué este tratamiento resulta tan llamativo, es necesario conocer brevemente cómo se forman los dientes.
Durante el desarrollo embrionario se producen una serie de interacciones entre células y moléculas que determinan dónde aparecerán los dientes y cómo se desarrollarán. Después de la formación de la dentición permanente, muchos de los tejidos y estructuras relacionados con la formación de nuevos dientes dejan de producir piezas dentales.
La investigación japonesa parte de la hipótesis de que algunos mecanismos relacionados con la formación dental pueden permanecer disponibles, aunque normalmente se encuentren inhibidos.
Los científicos descubrieron que USAG-1 participa en esa regulación. Al bloquear esta proteína mediante un anticuerpo, consiguieron estimular el desarrollo dental en modelos animales. Los resultados preclínicos incluyeron experimentos en ratones y otros animales, y posteriormente sirvieron como base para desarrollar TRG035.
La idea, por tanto, no consiste simplemente en «crear» un diente desde cero. El objetivo es estimular el propio sistema biológico del organismo para que un brote dental pueda desarrollarse.
Los primeros ensayos en humanos
El salto más importante se produjo en Japón en 2024.
El plan clínico fue aprobado por la Agencia de Productos Farmacéuticos y Dispositivos Médicos de Japón (PMDA) y el ensayo de fase I comenzó en el Hospital Universitario de Kioto el 18 de octubre de 2024, en colaboración con el Hospital Kitano, Toregem BioPharma y otras instituciones.
El ensayo registrado oficialmente en el sistema japonés de estudios clínicos fue diseñado como un estudio de fase I, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo y con escalamiento de dosis.
Participaron hasta 30 hombres adultos, de entre 30 y menos de 65 años, que presentaban al menos un molar ausente. El objetivo principal de esta primera fase no era demostrar que el medicamento pudiera hacer crecer dientes, sino estudiar aspectos fundamentales de seguridad, tolerabilidad y comportamiento del fármaco en el organismo.
El estudio ya aparece oficialmente como finalizado en el registro japonés de ensayos clínicos. Toregem también informó que completó la fase I doméstica y que los resultados permitieron avanzar en el desarrollo del tratamiento.
¿Por qué empezar con personas que ya tienen dientes faltantes?
La elección de los participantes tiene una explicación científica.
En una primera fase de un medicamento experimental, los investigadores necesitan establecer principalmente si el tratamiento es seguro y cómo responde el organismo a diferentes dosis. Por eso, el primer ensayo no fue diseñado para demostrar que una persona pudiera recuperar completamente un diente.
El registro oficial indica que los participantes eran hombres adultos sanos con al menos un molar ausente y que el tratamiento consistía en una administración intravenosa única.
Por ello, no sería correcto interpretar este estudio como una demostración de que TRG035 ya puede regenerar dientes perdidos en la población general.
El siguiente paso: personas nacidas sin múltiples dientes
Una de las características más importantes del proyecto es que los investigadores no pretenden comenzar tratando inmediatamente a todas las personas que han perdido dientes.
El primer objetivo terapéutico está relacionado con una enfermedad poco frecuente conocida como hipodoncia grave o ausencia congénita de múltiples dientes.
Las personas afectadas nacen con un número considerablemente menor de dientes permanentes. En el caso de la enfermedad que actualmente constituye uno de los principales objetivos de desarrollo de TRG035, se considera la ausencia congénita de seis o más dientes permanentes.
Esta condición puede afectar la masticación, el habla, la alimentación, el desarrollo y la calidad de vida. Además, los implantes pueden ser especialmente complicados en pacientes jóvenes porque el maxilar todavía está en desarrollo.
En septiembre de 2025, el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón designó TRG035 como medicamento huérfano para la hipodoncia congénita grave. Esta designación está destinada a enfermedades poco frecuentes y puede facilitar determinados mecanismos de apoyo al desarrollo y revisión regulatoria.
Para 2026, Toregem ha señalado que pretende avanzar con ensayos clínicos de fase II en Japón, dirigidos a pacientes con esta condición. En mayo de 2026, la compañía anunció además una nueva ronda de financiación de aproximadamente 850 millones de yenes, equivalente a unos 5,3 millones de dólares, destinada en parte a continuar el desarrollo clínico de TRG035.
¿Podría funcionar para alguien que perdió un diente por una caries?
Aquí es donde resulta fundamental separar la expectativa de la evidencia científica disponible.
Todavía no se puede afirmar que TRG035 sea un tratamiento para cualquier persona que haya perdido un diente.
El desarrollo actual está centrado inicialmente en la ausencia congénita de dientes. La compañía ha expresado interés en ampliar posteriormente la aplicación hacia otros tipos de pérdida dental, pero eso requiere nuevas investigaciones y pruebas clínicas.
Una persona que pierde un diente por una caries profunda, una enfermedad periodontal, un accidente o el envejecimiento puede tener una situación biológica diferente a la de alguien que nació sin determinados dientes.
Por eso, aunque el concepto de «regenerar dientes» suele presentarse como una alternativa futura a los implantes, todavía no se ha demostrado que el medicamento pueda sustituir de manera generalizada las terapias odontológicas actuales.
Toregem plantea precisamente una expansión futura de la indicación hacia la pérdida dental adquirida, pero actualmente se trata de una posibilidad de desarrollo, no de una aplicación clínica disponible.
¿Qué significa hablar de una «tercera dentición»?
Los seres humanos normalmente desarrollan dos denticiones: la temporal, conocida como dientes de leche, y posteriormente la permanente.
La investigación japonesa ha generado interés porque plantea la posibilidad de estimular una «tercera dentición», es decir, la formación de nuevos dientes después de los permanentes.
Sin embargo, esta expresión debe manejarse con cautela.
Que exista una posibilidad biológica de activar mecanismos relacionados con la formación dental no significa que los seres humanos tengan garantizada una tercera dentición escondida esperando ser activada.
Los investigadores han encontrado mecanismos que pueden estimular la formación de dientes en determinados modelos animales y consideran que podrían existir oportunidades para aprovechar estos procesos en humanos. Pero todavía deben demostrar que el resultado en una persona puede ser un diente completamente funcional, correctamente ubicado y capaz de integrarse de manera adecuada con el hueso y los tejidos de la boca.
En otras palabras, la «tercera dentición» es una hipótesis y una línea de investigación prometedora, no una capacidad demostrada que pueda activarse actualmente en cualquier adulto.
¿Qué han mostrado los experimentos en animales?
Los resultados obtenidos antes de llegar a los ensayos humanos son una de las razones por las que el proyecto ha despertado tanto interés.
Las investigaciones con anticuerpos capaces de neutralizar USAG-1 demostraron que era posible favorecer el desarrollo de dientes en determinados modelos animales. Toregem y organismos japoneses relacionados con el proyecto señalan resultados en modelos de ratón y también en animales como hurones y perros beagle.
Estos experimentos son importantes porque muestran que el mecanismo puede producir cambios reales en el desarrollo dental.
Pero también existe una diferencia fundamental entre regenerar un diente en un animal de laboratorio y conseguirlo de forma segura, predecible y funcional en un ser humano.
Por eso las fases clínicas son indispensables.
La fase I no demuestra todavía que el medicamento regenere dientes
Este es probablemente el punto más importante para interpretar correctamente la noticia.
Un ensayo de fase I está diseñado principalmente para estudiar seguridad, tolerabilidad, dosis y aspectos farmacológicos. El hecho de que TRG035 haya llegado a esta etapa representa un avance considerable, pero no equivale a demostrar su eficacia para regenerar dientes humanos.
El registro japonés confirma que el ensayo de fase I tenía como objetivo evaluar la seguridad, tolerabilidad y farmacocinética de una administración intravenosa única de TRG035.
Por tanto, titulares como «Japón ya consiguió que los adultos vuelvan a tener dientes» serían exagerados.
Lo correcto es decir que Japón ha llevado a ensayos clínicos un medicamento experimental diseñado para estimular la regeneración dental, y que el desarrollo ha avanzado desde las pruebas preclínicas hasta una fase inicial en seres humanos.
¿Qué falta para que pueda utilizarse en odontología?
Todavía queda un camino considerable.
El desarrollo de un medicamento requiere demostrar, entre otras cosas, que el tratamiento es suficientemente seguro, que produce el efecto esperado, que la dosis es adecuada y que sus beneficios superan sus riesgos.
En el caso de TRG035, los investigadores deberán comprobar especialmente si el bloqueo de USAG-1 puede generar de manera controlada un diente funcional y correctamente desarrollado.
También será necesario determinar cuestiones como:
- En qué pacientes funciona mejor.
- Cuántos dientes puede estimular.
- Si los dientes desarrollados tienen una estructura normal.
- Si consiguen erupcionar correctamente.
- Si se integran adecuadamente con el hueso y los tejidos circundantes.
- Si pueden soportar las fuerzas normales de la masticación.
- Cuánto tiempo permanece el efecto.
- Qué efectos secundarios pueden aparecer.
- Qué ocurre cuando el tratamiento se utiliza en personas de diferentes edades y condiciones.
Estos interrogantes son precisamente los que las siguientes fases de investigación tendrán que responder.
Un proyecto que ya mira hacia Estados Unidos
El desarrollo tampoco se limita a Japón.
En noviembre de 2025, Toregem informó que había recibido una respuesta de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) después de mantener reuniones preliminares relacionadas con el posible desarrollo de TRG035 en ese país.
Según la empresa, las conversaciones permitieron obtener orientación sobre el diseño de futuros ensayos, la utilización de los datos obtenidos en la fase I japonesa y las estrategias de desarrollo dirigidas a pacientes pediátricos con ausencia congénita de dientes.
Esto muestra que el proyecto está intentando avanzar hacia un desarrollo internacional, aunque una conversación o reunión con la FDA no significa que el medicamento esté aprobado para utilizarse en Estados Unidos.
¿Cuándo podría estar disponible?
Toregem ha planteado 2030 como una meta de desarrollo y posible llegada a la práctica, pero esa fecha no debe interpretarse como una garantía de que el tratamiento estará disponible para el público en ese año.
El medicamento todavía debe superar nuevas etapas clínicas y regulatorias. Los resultados de los ensayos determinarán si puede continuar avanzando.
En mayo de 2026, la compañía afirmó que utilizaría los nuevos recursos financieros para realizar los ensayos de fase II en Japón y preparar el desarrollo clínico internacional.
Por ello, cualquier calendario debe considerarse provisional.
¿Podría cambiar la odontología?
Si los ensayos posteriores demuestran que TRG035 puede regenerar dientes humanos de forma segura y predecible, el impacto potencial sería considerable.
Actualmente, cuando una persona pierde un diente, existen diferentes opciones dependiendo de su situación: implantes, puentes, prótesis removibles y otras alternativas restauradoras.
Un tratamiento capaz de estimular al organismo para formar un diente propio representaría un cambio importante porque, en lugar de colocar una estructura artificial para sustituir la pieza perdida, se intentaría recuperar una estructura biológica del propio paciente.
Esto podría tener especial importancia en personas con ausencia congénita de múltiples dientes, pero también podría abrir en el futuro nuevas posibilidades para tratar la pérdida dental adquirida.
Sin embargo, ese escenario depende de que los estudios demuestren eficacia y seguridad. Hoy no existe todavía un medicamento aprobado que permita a la población general regenerar dientes perdidos mediante este mecanismo.
Un avance prometedor, pero todavía experimental
El caso japonés representa uno de los avances más interesantes de la investigación en regeneración dental: una estrategia basada en un anticuerpo contra USAG-1 ha pasado de los experimentos en animales a los ensayos clínicos en humanos.
La fase I de TRG035 ya fue completada y el proyecto se prepara para avanzar hacia nuevas pruebas, especialmente en pacientes con ausencia congénita grave de dientes. La designación de medicamento huérfano en Japón y la financiación obtenida durante 2026 muestran que el desarrollo continúa avanzando.
Aun así, la historia está lejos de haber terminado.
La gran pregunta que todavía debe responder la ciencia no es solamente si es posible activar mecanismos relacionados con la formación dental, sino si estos pueden utilizarse de manera segura y controlada para producir dientes humanos completos, funcionales y clínicamente útiles.
Por ahora, la regeneración dental con TRG035 debe entenderse como una prometedora línea de investigación médica, no como un tratamiento disponible para quienes han perdido sus dientes.
Si los próximos ensayos consiguen demostrar eficacia, el concepto de recuperar un diente mediante los propios mecanismos biológicos del cuerpo podría pasar de ser una posibilidad experimental a convertirse en una nueva herramienta de la odontología regenerativa. El objetivo, al menos, ya está claramente planteado: que algún día perder un diente no signifique necesariamente tener que reemplazarlo por uno artificial.
