Una devastadora riada golpeó la zona fronteriza entre Nepal y el Tíbet, en China, después del colapso parcial de un glaciar que desencadenó una enorme corriente de agua, lodo, rocas y escombros. La emergencia arrasó pueblos, carreteras y puentes, mientras los equipos de rescate trabajan contrarreloj para localizar a cientos de personas que continúan desaparecidas.
Según los balances conocidos este jueves 27 de agosto, al menos 392 personas han muerto y 1.468 permanecen desaparecidas entre Nepal y el Tíbet. En territorio nepalí se han recuperado 389 cuerpos, mientras que las autoridades chinas reportaron tres fallecidos y 558 personas sin localizar en la región tibetana de Gyirong.
Expertos explican que el desastre estaría relacionado con el derrumbe de un glaciar, que generó una gigantesca avalancha de agua y sedimentos. El fenómeno fue tan violento que incluso produjo una señal sísmica que inicialmente llevó a pensar que se trataba de un terremoto. El Servicio Geológico de Estados Unidos determinó posteriormente que la señal correspondía al colapso glaciar y al flujo de escombros que se produjo después.
La emergencia también afectó una zona de gran importancia turística y religiosa, utilizada por viajeros y peregrinos que se dirigen hacia el monte Kailash. Entre las personas desaparecidas hay cientos de turistas extranjeros, lo que ha complicado aún más la identificación de las víctimas y la coordinación de las labores de rescate.
Las autoridades de Nepal y China mantienen desplegados equipos especializados, maquinaria, helicópteros y personal de emergencia para buscar sobrevivientes. Sin embargo, los daños en carreteras, puentes y sistemas de comunicación dificultan el acceso a varias de las comunidades afectadas. Además, especialistas han advertido sobre la posibilidad de nuevas inundaciones debido a la acumulación de agua y escombros en algunos sectores.
La tragedia vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de las regiones del Himalaya frente al deshielo y la inestabilidad de los glaciares. Los científicos señalan que el calentamiento global está contribuyendo al retroceso de los glaciares y puede aumentar el riesgo de inundaciones repentinas asociadas con lagos y masas de hielo en zonas montañosas.
