CARLOS SANTA MARÍACARLOS SANTA MARÍA

Por: Carlos Santa María

¿Por qué engañar tanto al pueblo colombiano diciendo que hay grupos políticos o personajes que no están “ni con uno, ni con otro”, cuando en realidad al final siempre apoyan a las élites?

El lenguaje es una herramienta de libertad o dominación, para hacer a un pueblo digno y soberano o convertirlo en una masa amorfa y sumisa, todo con el fin de desarrollar el pensamiento analítico o impedir el razonamiento para transformar en vasallos a las clases trabajadoras.

En ese sentido, la creación del autollamado “Centro” es un mecanismo para atraer a las personas que consideran “polarizado” el ambiente y desean mayor tranquilidad social. Entonces sus representantes dicen que la única solución es ser “independientes” para no entrar en la discusión y finalmente terminan apoyando hipócritamente a los sectores de poder económico-financiero del país.

La palabra “independiente”-“centro” se destruye rápidamente al hacer una pregunta: ¿independiente de quién? Y la respuesta se descubre sola ya que los intereses que se defienden son los que indican que camino se tomará definitivamente.

Es similar a aquellos que establecen una dicotomía entre la izquierda y la democracia donde los primeros son los autoritarios y los segundos defienden los derechos más íntimos del ser humano. Es una historia falsa, ya que la izquierda como tal en Colombia no existe y los “demócratas” son simplemente luchadores por el sistema financiero que empobrece y establece desigualdad, escondidos en que son los que dan trabajo al pueblo sin reconocer más de un siglo apoyados por dineros del estado para sus propios negocios.

La conclusión más clara es que desvergonzadamente aquellos que se postulan de centristas esconden sus intereses oscuros a través de una falsa conducta de mediadores, amantes de la paz, seres tradicionales y pacíficos, cuando en su disfraz interno se esconde el egoísmo, los intereses personales, el afán de poder, encubierto en un presunto ropaje de seriedad.

No caer en la trampa es una tarea imperiosa en estos días donde engañar es objetivo mediático.