Por: Ricardo Sarasty

Procusto o Damastes es en la mitología griega uno de los hijos de Poseidón, el dios de los mares, y se le atribuyen dos características particulares, aparte de la de ser grande y fuerte, una lo muestra amable y siempre hospitalario, la otra transformado en un ser cruel que sometía a sus huéspedes a un tratamiento  inhumano cuando estos no correspondían al tamaño de la cama donde debían de dormir, pues si eran más grande recortaba  lo que les sobraba de pies y si eran más pequeños les golpeaba con martillos las extremidades para extenderlas hasta que encajaban con calculada exactitud. Por esta razón Damastes o Procusto se tiene como el dios que bien representa a la intolerancia puesto que serlo consiste en no aceptar las diferencias, así sean mínimas, puesto que se actúa convencido de que el mundo no puede ser distinto del que se anda a cargar en la cabeza, hecho con las medidas únicas de mis deseos y mis necesidades. Se habla en psicología del síndrome de Procusto cuando existe esa persona a quien solo le satisface el ver que todo siempre se encuentra acorde al tamaño de su muy particular manera de ver y sopesarlo todo

Para los procustos, que los hay y tantos que bien pueden sumar votos para elegir presidente aquí o en cualquier otro país, nada puede rebasar o resultar inferior a sus cálculos cuando de hacer coincidir la realidad con su idea del mundo se trata. Por lo que igual al dios, de quien se toma el nombre para identificarlos, siempre andan con las medidas listas y  el método eficaz  para agrandar o reducir las cuentas por si estas no corresponden al estándar por ellos establecido, sin que quepa duda alguna en la efectividad del método empleado para lograr que  todo cuadre en sus cabezas, como debía de suceder con los cuerpos de los huéspedes en la cama de Procusto, así lo sometido al alargue o achique tuviese  que soportar dolorosas formaciones, pues para este tipo de personas  nada ni nadie puede existir ajeno a como ellos creen que debe de ser según sus cálculos y estética.

Al escuchar con atención lo expresado por los que plantean las mil y una forma de lograr sacar a este país de la violencia, brindarle a sus habitantes seguridad y trabajar para sus necesidades, no se puede evitar, no únicamente recordar el mito de Procusto, sino que a la vés también pensar en que ya en el pasado han intentado convencernos de que es la realidad la que debe calar en la medida del mundo por ellos creado. Literalmente uno de los verdugos de la violencia de los años cincuenta formaba   a sus víctimas en orden del más pequeño al más grande para luego pasar él montado sobre su caballo a todo trote esgrimiendo su machete bien afilado, unas veces tomando como medida la cabeza del más pequeño y en otras la cintura del más grande. Vaya manera curiosa de lograr que todos los pertenecientes a una comunidad terminen igualados, cruel y a la vez risible, como la  empleada por el hospitalario hijo de Poseidón. Metafóricamente un presidente de la Colombia del siglo XX no hizo más, durante todo su gobierno, que tratar de reducir la corrupción a sus justas proporciones, las de su cama seguramente tan grande y ancha como él. Sin dejar aun lado a aquellos Damastes que todos los días no desaprovechan oportunidad para buscar, sino cortarla, hacer que agache la cabeza todo aquel que se atreva a demostrar que piensa más y mejor que ellos, mientras alargan el cuello del amigo o patrocinador hasta lograr hacerla visible, aunque en ella solo se pueda advertir que es igual a todas las que deben de ser visibles. ricardosarasty32@hotmail.com