El Papá cusqueño le dio al Perú una noche de gloria que el fútbol sudamericano no olvidará fácilmente

Cienciano del Cusco protagonizó en la noche del miércoles una de las hazañas más memorables del fútbol peruano en años, y lo hizo de la manera más épica posible: goleando 4-0 al campeón defensor de la Copa Sudamericana en su propio estadio a 3.400 metros de altitud, con una intensidad y una convicción que dejaron a Lanús sin respuestas desde los primeros minutos. El técnico Horacio Melgarejo preparó un equipo que salió a atacar desde el primer segundo sin el menor complejo de inferioridad pese a la desventaja de dos goles de la ida, y sus jugadores respondieron con una de esas actuaciones colectivas que solo aparecen cuando un equipo está completamente convencido de lo que hace. Carlos Garcés con su doblete y Alejandro Hohberg también con dos goles fueron los grandes protagonistas de una noche que Cusco celebró como pocas veces en su historia reciente.

Lo que hace especialmente emotiva esta victoria de Cienciano es la historia del club y lo que representa para el fútbol del interior del Perú. El Papá cusqueño ganó la Copa Sudamericana en 2003 en uno de los hitos más grandes del fútbol peruano de todos los tiempos, y desde entonces el club ha mantenido una identidad propia basada en la fortaleza de su estadio en la altura y en una afición que convierte el Inca Garcilaso de la Vega en una fortaleza imposible para los visitantes que no están adaptados a la altitud. Ahora en octavos de final enfrentará a Botafogo de Brasil, el campeón de la Copa Libertadores 2024, en lo que será la prueba más exigente del torneo para el equipo cusqueño, pero después de eliminar al campeón defensor nadie en el continente se atreve a subestimar al Papá de Cusco.