La España de 2026 despierta los fantasmas de la era dorada y el mundo empieza a creer que puede ser igual de grande

Las comparaciones son inevitables y cada partido las alimenta más. La España de Luis de la Fuente en este Mundial 2026 comparte con la generación de Xavi, Iniesta y Villa algo que va más allá de los resultados: una identidad colectiva tan marcada que hace irreconocible al equipo sin el balón. Cinco partidos sin recibir un gol, un dominio de la posesión que ronda el 60% en todos los encuentros, y la capacidad de resolver partidos complicados con goles en los momentos más difíciles, como el de Merino ante Portugal en el 90+1, son señales que en 2008 y 2010 también aparecieron antes de que España se convirtiera en la mejor selección de la historia.

Sin embargo, hay diferencias que hacen a esta España única en su propio derecho. La generación dorada tenía a Xavi e Iniesta como cerebros indiscutibles con más de 25 años de experiencia internacional cada uno; esta tiene a Pedri con 23 años y a Lamine Yamal con 18 rompiendo récords históricos antes de llegar a la plenitud de sus carreras. Lo que en 2008 tardó cuatro años en construirse, esta generación lo está logrando en su primer gran torneo juntos, lo que sugiere que si España gana el Mundial 2026 no será el final de un ciclo sino el comienzo de uno que podría durar una década. El mundo del fútbol empieza a preguntarse si no está asistiendo no solo al nacimiento de un campeón sino al inicio de una nueva hegemonía española que podría ser tan dominante como la anterior.