Han pasado 30 años desde el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, uno de los líderes más influyentes del pensamiento conservador y figura clave en la historia política del país. Su muerte, ocurrida el 2 de noviembre de 1995 frente a la Universidad Sergio Arboleda en Bogotá, sigue siendo una herida abierta para Colombia. A pesar de múltiples investigaciones y versiones judiciales, la verdad sobre los autores intelectuales del magnicidio continúa siendo objeto de debate y controversia nacional.

Gómez Hurtado, además de político, fue un destacado académico y periodista, reconocido por su defensa de los valores democráticos y su crítica constante a la corrupción estatal. Su pensamiento reformista, enfocado en la necesidad de una gran transformación institucional, lo convirtió en una voz incómoda para muchos sectores del poder. A tres décadas de su muerte, sus reflexiones sobre la crisis política y moral del país siguen teniendo una vigencia inquietante.

El Gobierno, junto con diferentes sectores académicos y políticos, ha conmemorado el aniversario del magnicidio con llamados a la memoria, la justicia y la verdad. La familia de Gómez insiste en que aún no se ha esclarecido del todo quiénes ordenaron su muerte, mientras que organismos judiciales mantienen abiertas las investigaciones. Treinta años después, Colombia sigue esperando que el caso de Álvaro Gómez Hurtado deje de ser una incógnita histórica y se convierta en un símbolo de verdad y reconciliación nacional.